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Amarga sombra (1950)

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Sinopsis
Una mujer descubre que padece una enfermedad terminal y decide ocultárselo a su familia y hacer que los pocos meses que le quedan de vida sean los más felices para sus seres queridos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
No Sad Songs for Me
Duración
88 min.
Guion
Howard Koch (Novela: Ruth Southard)
Música
George Duning
Fotografía
Joseph Walker (B&W)
Productora
Columbia Pictures
Género
Comedia Drama Comedia dramática Enfermedad
9
“Lo que importa, en realidad, no es cuánto vivimos sino cómo vivimos”
Cuando esperaba tener el anuncio de que estaba embarazada del hijo varón que su esposo deseaba, Mary Scott recibe un baldado de agua helada cuando, su médico y amigo de la familia Ralph Frene, la entera de que padece de un cáncer muy avanzado ante el que “ya no hay nada que hacer”. ¿Qué sigue, entonces, en su vida? ¿Entregarse a la pena y deprimirse? ¿Inspirar lástima de su esposo y de su vivaracha hija? ¿Acostarse a esperar que llegue el triste final? ¿Suicidarse?...

Lo que vamos a ver en “AMARGA SOMBRA” (mucho mejor el original, “No sad songs for me”, que es una voz de aliento), es un ejemplo de vida, de madurez, comprensión y entendimiento humano que, creo que resulta imprescindible para cualquier persona que esté pasando por situaciones de este tipo. A primera vista, es un melodrama convencional que, muy probablemente, hará brotar algunas lágrimas en las personas más sensibles, pues, siempre duele saber que, la felicidad que compartías, de la noche a la mañana comienza a derrumbarse. Pero, cuando uno se adentra en cada detalle, va viendo que las fuerzas del universo siempre están presentes para apoyarnos cuando lo merecemos; que podemos dar felicidad hasta el último momento; que es posible lograr que la muerte no sea vista como una desgracia sino como una transición que a todos puede llegar a favorecer; y también veremos, cómo una situación extrema, puede ayudarnos a alcanzar la madurez que quizás no logramos en toda nuestra vida.

En una historia contada muchas veces -sobre todo después de que se hiciera este filme-, estos aspectos son los que hacen la gran diferencia y los que convierten a “AMARGA SOMBRA” en un filme ejemplar y aleccionador de principio a fin.

Fue ésta, la única novela que logró publicar la estadounidense Ruth Southard (1907-1992), y por fortuna, el guion fue puesto en manos de ese gran talento que fuera Howard Koch, el cual convierte la historia en una vivencia adulta y responsable a todo nivel. Los diálogos son muy cuidados y uno logra adentrarse en el alma de cada personaje porque, cada detalle, nos va dando la precisa ocasión de que podamos comprenderlos. Y se piensa, entonces, lo bien que se vive con generosidad… con desprendimiento… con madurez… con aceptación… y son éstas las cosas que deberían enseñarnos cada día, porque son las únicas que nos llevan a tener paz y a proyectarnos en una sociedad cooperativa. Razón le sobra a Mary cuando dice: “Lo que importa, en realidad, no es cuánto vivimos sino cómo vivimos”.

También debo decir, que me sentí bastante conmovido al ver la magnífica actuación de Margaret Sullavan, con esa calidez y ese brillo que siempre la caracterizó, pues, fue una suerte de presagio, ya que ésta sería su última película.

Reconocimiento para la bellísima y gran actriz sueca, Viveca Lindfors, quien, como Chris Radna, logra un rol lleno de carisma. Para John McIntire, la suerte de médico atinado y comprometido que todo el mundo desearía; y también muy presente, Natalie Wood (Polly), aquí una actriz en ciernes, pero ya con ese ángel y ese encanto que la adornaría siempre.

La labor del director, Rudolph Maté, bastante correcta… y memorable la emotiva banda sonora de George Dunning, merecidamente nominada al Oscar.

Título para Latinoamérica: “ADIÓS A LA VIDA”
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