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La barrera invisible (1947)

La barrera invisible
Trailer
6,9
1.209
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Sinopsis
Un escritor que escribe un libro sobre el antisemitismo decide hacerse pasar por judío. Esta experiencia le será muy útil: nunca había imaginado que fueran tantas las dificultades que tiene que afrontar una persona judía. También le resultará muy instructivo observar cómo reaccionan sus amigos y compañeros de trabajo cuando se enteran de su origen semita. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Gentleman's Agreement
Duración
118 min.
Guion
Moss Hart
Música
Alfred Newman
Fotografía
Arthur Miller (B&W)
Productora
20th Century Fox; Productor: Darryl F. Zanuck
Género
Drama Racismo
6
Los años no pasan en vano
Aunque no carece de elementos atractivos, esta es una de las películas menos interesantes de la notable trayectoria de Elia Kazan. O al menos una de las que no han resistido tan bien el paso del tiempo. Sin embargo, no se puede cuestionar el rigor formal de su puesta en escena, la claridad con que el cineasta conduce el relato y la habitual maestría de su dirección de actores. Sin embargo, lo que en su época impactó a las audiencias e hizo reflexionar a toda una nación -la necesaria mirada al antisemitismo que el estadounidense no estaba dispuesto a reconocer aunque lo practicaba casi a diario-, hoy aparece algo avejentado. No porque dicho antisemitismo haya dejado de existir, sino porque el enfoque del guión del prestigioso Moss Hart es demasiado obvio, blando y didáctico, y sus buenas intenciones lo hacen caer en la ingenuidad y la simpleza, lo que incluso puede hacer que el espectador actual la juzgue como exagerada y superficial; por lo mismo Kazan no alcanza los niveles de agudeza, precisión e intensidad que sí alcanzó en clásicos como “Al este del Edén”, “La ley del silencio” o “Esplendor en la hierba”, por nombrar algunos. De todos modos “La barrera invisible” es válida como testimonio de la sociedad del Estados Unidos de posguerra, siempre dispuesta a cuestionar la doble moral e intolerancia de los demás pero reticente a admitir la propia: un presagio de la célebre Caza de Brujas en la que posteriormente se vería tristemente implicado el propio Kazan. Los actores están muy bien y son quizás la única razón de peso para darle una oportunidad a esta cinta: la habitual credibilidad y humanidad de Gregory Peck en uno de sus típicos roles positivos, la presencia de John Garfield, los sólidos desempeños secundarios de Celeste Holm y Anne Revere, y sobre todo la estupenda y habitualmente subvalorada Dorothy McGuire, conmovedora y creíble en su proceso interno, como queda demostrado en su diálogo junto a Garfield. Una gran actriz a la que no se recuerda lo suficiente.
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28 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
CON SÓLO DECLARARSE JUDÍO, UN ESCRITOR EMPIEZA A SENTIR DISCRIMINACIONES
Película algo extraña, interesante sin lugar a dudas y algo etnocentrista con el judaísmo, a cuyos seguidores presenta como víctimas principales de segregación o trato discriminatorio en EE.UU. Un planteamiento bastante exagerado —claro que hay que comprender que el filme es del año 1947, dos años después de acabada la II G.M. y con el desvelamiento aún fresco por aquel entonces de la matanza horrorosa de millones de judíos en los campos alemanes de exterminio—; al menos visto desde hoy en día nos parece algo extremo el planteamiento del guión, pues la sociedad estadounidense como cualquier otra tiene barreras invisibles, racismo y comportamientos despreciativos hacia muchos colectivos, pero NO son precisamente los judíos los más agraviados. Hay en Norte América muchísimo más anti-indigenismo, anti-negrismo, anti-latinos, anti-comunismo o anti-nipones o personas de ojos rasgados, mucho más que anti-judaísmo (al referirse a esta cuestión de ir contra los judíos lo mejor es emplear el término "anti-judaísmo" y no "antisemitismo", porque semitas son también los árabes, palestinos y otros pueblos del Cercano Oriente por más que la ignorancia común de la gente se crea que semistas sólo son los hebreos).

No obstante, este filme es digno de verse; sobre todo, más que por las lecciones plausibles que ofrece en pro de mitigar el antijudaísmo, lo cual resulta un tanto paternalista y exacerbado, por la buena filmación de las relaciones amorosas o noviazgo entre los personajes de Gregory Peck y Dorothy McGuire, ambos escenificando estupendamente los tira y afloja tan característicos de lo masculino y lo femenino cuando se emparejan por dejar bien atado desde un primer momento quién será el que de los dos lleve los pantalones o el mando en el devenir conyugal.

Fej Delvahe
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28 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil