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Todo lo demás (2003)

Todo lo demás
Trailer
6,4
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Sinopsis
Allen (Woody Allen), un artista neoyorkino que no consigue alcanzar el éxito, tiene un protegido, Jerry Falk (Jason Biggs), que aspira a ser escritor y que vive permanentemente atormentado. Su representante (Danny DeVito), que no tiene más cliente que él, no le hace ni caso. Jerry se enamora perdidamente de Amanda (Christina Ricci), una joven emancipada e imprevisible que sólo le causa quebraderos de cabeza. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Anything Else
Duración
108 min.
Guion
Woody Allen
Música
Varios
Fotografía
Darius Khondji
Productora
DreamWorks SKG / Gravier Productions
Género
Comedia Romance Comedia romántica
No es una de sus mejores obras, pero Woody Allen es siempre Woody Allen. Mordaz, original e ingenioso, sus comedias se beben como agua fresca en el desierto intelectual de Hollywood. El sorprendentemente convincente Biggs tiene problemas con su peculiar y sensual novia, Christina Ricci, y se deja aconsejar por el habitual neurótico encarnado por Allen. La trama flojea evidentemente (Channing está desaprovechada como papel y como actriz, y al final no se sabe muy bien qué quiere contar el director), pero el entretenimiento está asegurado con diálogos y escenas tan geniales como la del rifle. Divertida, aunque al genio de Manhattan hay que pedirle siempre más.
[FilmAffinity]
"No es una obra maestra, no muestra la crema del genio de Allen, pero tiene más inteligencia, gracia, imaginación y personalidad en cada plano que casi todo lo que puede ofrecer el cine actual."
[Diario El Mundo]
7
¿Por qué me fascina tanto Woody Allen?
Nunca llegaré a entender como ese tipo bajito, neurótico, excéntrico, nervioso y sicótico puede llegar a despertar en mis emociones que otros ni se acercan a lograr. Y es que este film parecía tener todas las papeletas para ser una comedia de momentos y poco más. Pero no. Me equivoqué. Anything else posee las verdaderas características que debe tener un producto tan ligero, fresco y humorístico como este: Diálogos ingeniosos por doquier, que se mueven vertiginosamente en el entramado, sólo siendo superados en velocidad por los aspavientos realizados por Woody Allen cada vez que entra en escena, unos personajes cómicos y curiosos en cierta medida, una banda sonora de lo más agradable y una dirección 100 % amena.

Y eso que jamás pensé que un tándem formado por Jason Biggs y Christina Ricci, secundados por el siempre magnífico Allen, fuese a funcionar tan bien, además de contener dos interpretaciones bastante sorprendentes por parte de sus protagonistas: Un chaval que parecía que no iba a salir nunca de American pie y una muchacha que no lograba encontrar un papel lo suficientemente adecuado para ella.
Sin embargo, todo lo que toca Allen, se convierte en oro o, en su defecto, plata de primera clase. Obra con maestría y consigue que todos los intérpretes den lo máximo de si mismos, sacando partido de una trama que podría haber dado para menos, pero que en manos de este genio mejora gradualmente hasta llegar a límites completamente satisfactorios.

Por si ello fuera poco, el elenco de personajes da alas a la trama: Las secuencias con el psiquiatra son la monda, tanto estas como las conclusiones que saca el protagonista de sus consultas, la relación madre-hija que, en ocasiones, se muestra invertida dando resultados que parecen trasgiversar lo que debería ser lógico o normal, los momentos de Jerry con su agente, que quizá pequen de sosos en ocasiones, pero tienen instantes brillantes, las conversaciones de Dobel con el protagonista, así como el juego que idea para intentarle convencer y, por último, las relaciones internas de la pareja principal, tanto como alguna que otra situación de distensión en susodicha pareja a través de distintas personalidades que van surgiendo a lo largo de todo el argumento.

Vaya, que ni el talento del maestro Allen se ve tapado por una propuesta que no se estimaba tan jugosa en un principio, ni por intérpretes ni por guión, pero saca partido de todo ello creando un cóctel realmente apetecible, donde diversos aspectos de la vida sentimental en pareja o la frustración ante determinados propósitos en la sociedad discurren como tema principal, haciendo de esta, una de las veladas más interesantes del cineasta estadounidense. No tiene desperdicio.
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44 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Más viejo y más cansado, igual de solo
Los dos personajes sobre los que versa el filme, Jason Biggs y David Dobel, son escritores de chistes, tienen representante, son judíos por herencia familiar, saben muy bien lo que es una sesión de psicoanálisis, arrastran desengaños amorosos y sus ideales giran sobre el mismo principio: el hombre está solo en un universo sin dios. Lo que les diferencia es que el primero tiene veintiún años y el segundo cuenta sesenta. Y la diferencia de edad les hace ser distintas personas, aunque ambos sean reflejos del eterno personaje interpretado por Woody Allen. El descreído y paranoico Dobel ve en Biggs el joven idealista y confiado que fue cuarenta años atrás, y se erige en una especie de mentor con el fin de advertir que la vida es una selva que se atraviesa en solitario con el equipo de supervivencia adecuado; desde aprender a masturbarse a aprender a usar un rifle, todo es necesario para valerse por sí solo.

Con la sencillez propia de un sabio y con el sentido del humor necesario para asimilar las amarguras, Woody Allen filma una comedia más sobre la confesión. Todas sus películas son confesiones personales donde Woody se desnuda igual que se hace con un psiquiatra, con un amigo o con un maestro. El Woody que hay en Biggs repite los ritos e, incluso, se confiesa directamente al espectador. Pero al Woody que hay en Dobel no le vale ya ni el psiquiatra, ni el maestro, ni el objetivo de la cámara. A las alturas de su vida, sólo un remedio le parece eficaz para alcanzar la ansiada catarsis, actuar con vehemencia y...
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34 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil