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La familia (1987)

La familia
Trailer
7,5
1.971
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Sinopsis
Crónica de la vida de varias generaciones de una familia romana de la burguesía, desde 1906 hasta 1986. El narrador es Carlo, un profesor de italiano que relata su vida desde el día de su bautismo hasta que se encuentra rodeado de hijos y nietos. Los demás personajes, el abuelo, el padre, la madre, las tres inseparables tías solteras, el hermano, la criada enamorada del hermano... configuran un mundo lleno de vida y sentimientos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
La famiglia
Duración
127 min.
Guion
Ruggero Maccari, Furio Scarpelli, Ettore Scola
Música
Armando Trovajoli
Fotografía
Ricardo Aronovich
Productora
Massfilm
Género
Drama Familia
8
La familia de Carlo
Film realizado por Ettore Scola, basado en un guión original escrito por Ruggero Maccari, Furio Scarpelli y el realizador. Se rodó en Cinecittà, en 1986. Fue nominado a un Oscar (habla no inglesa) y a la Palma de oro de Cannes. Ganó 5 David di Donatello y 6 Silver Ribbon/Nardo d'Argento. Producido por Franco Committeri, se estrenó el 22-I-1987 (Italia).

La acción tiene lugar en el piso de la familia, adquirido con ayuda del abuelo. Se inicia en 1906 y se prolonga hasta 1986. Carlo (Vittorio Gassman), hijo de un artista pintor y una cantante de ópera, se enamora de una pianista, Adriana (Fanny Ardant), pero se casa con su hermana Beatriz (Stephania Sandrelli).

La película desarrolla una historia que suma drama y comedia. Explica la sucesión de triunfos y dificultades personales, hechos dramáticos y cómicos, nacimientos y defunciones, matrimonios y amores extraconyugales, que hilvanan la historia, exenta de grandes tragedias, de una familia romana de clase media. Hace las veces de narrador el protagonista, Carlo, y en ocasiones su esposa Beatriz. Trata del paso del tiempo, que avanza sosegadamente, pero inexorablemente. En el exterior de la vivienda suceden hechos tan importantes como la ascensión del fascismo al poder en Italia, el exilio de los demócratas, la guerra de Italia en África, dos guerras mundiales, el boom económico de los 80, la proliferación de la letra de cambio y otros acontecimientos que afectan a los miembros de la familia. Se citan hechos de la crónica social y de sucesos internacional (matrimonio de Marilyn con Arthur Miller, hundimiento del Andrea Doria), que subrayan el paso vertiginoso del tiempo. La vida de la familia está jalonada por discusiones políticas (condena del fascismo), secuelas de un prolongado cautiverio en tiempos de guerra, pérdida de buenas oportunidades por motivos intrascendentes, discusiones acaloradas por diferencias irrelevantes, bromas más o menos oportunas, toma de conciencia tardía de haber subestimado la valía de algunos familiares, reacciones exageradas e irracionales y la constatación de que algunas decisiones importantes tienden a quedar aplazadas hasta que es demasiado tarde (brevedad del tiempo). Incluye referencias cultas ("Carlos es palabra de raíz germánica, que significa hombre libre") y citas cultas, como la de Chejov. Trata con gran cariño los juegos, disfraces y ocurrencias de los niños.

La música, de Trovajoli, opta por el formato italiano de dos temas pegadizos, uno lento y romántico y el otro rítmico y festivo, con numerosas variaciones de ambos. La fotografía, de Aronovich, se mueve con parsimonia y diligencia en el interior de la vivienda, de la que ofrece una acertada apariencia de espacio escénico único y amplio. Los "travellings" en el corredor, muy pausados, subrayan el curso acelerado del tiempo. Es una de las mejores películas de Scola y, probablemente, la más conocida. Constituye un fresco ingenioso y realista de la vida de una familia italiana.
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34 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Dedicada a mil millones de familias
Scola es otro Rey de la Nostalgia italiano. Existe en el país de los antiguos romanos una sutil escuela cinematográfica en la que se enseña de forma tácita a moldear en las imágenes en movimiento un sentimiento desgarrador, vapuleador, que invariablemente te pilla con la guardia baja porque te golpea ahí donde duele más. Donde la vida palpita en su seno más vibrante.
Algo tienen esos directores italianos, que se conocen al dedillo la anatomía emocional del espectador, como aquellos verdugos que saben exactamente dónde tienen que dar para que el condenado sufra la tortura sin llegar a morir. Fellini, Tornatore, Scola, De Sica, Visconti y un largo etcétera parecen entrenados en las artes de apretar en las zonas más sensibles.
La familia, probablemente el núcleo social más antiguo del mundo, ha sido retratada de miles de maneras. Pero para mí los maestros son los que me plantan un espejo en el que miro a una familia de ficción como si fuera la mía. En la que contemplo esos lazos misteriosos, fuertes y resistentes entre padres e hijos, abuelos y nietos, cónyuges, hermanos, tíos y sobrinos, primos… El clásico núcleo de hogares bulliciosos en los que se concentran tantos acontecimientos, millares de momentos, tanto cruciales como triviales. Aquellos caserones en los que se sucedían las generaciones, conviviendo en esa algo caótica armonía de las personas que viven juntas, con sus ciclos, entradas y salidas, alejamientos y regresos, cada uno a su manera, cada uno buscando su espacio y contando siempre de fondo con un cariño indestructible.
Me encanta pensar que el hogar es el descanso del guerrero, ese sitio en el que uno, nada más llegar de las batallas diarias, lanza un suspiro de alivio y placer al recibir sobre los hombros el manto del calor de la madre, del padre, de los hermanos, de los abuelos, de los parientes permanentes que convierten la casa en un sitio al que vale la pena volver cada día.
Esa casa confortable, a ratos sedante, a ratos plena de actividad, en ocasiones encantadora, otras veces irritante, pero invariablemente entrañable, es la que filmó Scola como homenaje para la posteridad. Ni una toma de exterior. La cámara no va más lejos de la escalera de la entrada. Y hay tanta vida entre esas paredes que ven pasar el tiempo y a sus inquilinos que crecen, maduran, se marchan, se renuevan, aman, hablan, ríen, sufren, sueñan, gritan, se pelean, se reconcilian, cotillean, juegan, y pasan por la aventura más emocionante, la de estar aquí, juntos.
No hay muchas cosas que encojan más el corazón que ese abuelo ya anciano, que ha viajado por los años aferrado de la mano a su gente más querida.
Estupenda dirección, magnífico Gassman, simpático y nostálgico retrato familiar, y esa mezcla única de comedia y drama que te deja anclado para siempre en una casa que es como la tuya.
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23 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil