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La vergüenza (2009)

6,1
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Sinopsis
Pepe y Lucía no pueden con Manu. Lo han intentado todo, pero es inútil: el niño que adoptaron hace apenas un año les viene grande, no se hacen con él, y han decidido devolverlo. Sin embargo pronto se dan cuenta del precio que deberán pagar si quieren seguir adelante con su plan... Ópera prima de David Planell, guionista nominado al Goya por "Siete mesas de billar francés" (co-escrito con Gracia Querejeta) que ha trabajado en algunas de las series más exitosas de la parrilla televisiva española (Hospital Central, El comisario, MIR, etc.) y creador de conocidos cortometrajes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
La vergüenza
Duración
107 min.
Estreno
30 de abril de 2009
Guion
David Planell
Música
Christopher Slaski
Fotografía
Charly Planell
Productora
Avalon Productions
Género
Drama Adopción
8
La fachada
Hace un par de años, leí un extenso artículo periodístico sobre la otra cara de la adopción. Me llamó la atención el alto porcentaje de “adopciones truncadas” (10%). En el artículo, creo recordar, exponían el caso de tres familias completamente distintas que acabaron por devolver al menor. Puede que David Planell, leyera el mismo artículo y que provocara la misma sensación de abatimiento que provocó en mí. También recuerdo que no era una sensación fácil de explicar la que dejaba en mí el artículo una vez lo terminé de leer. No era incomprensión por el comportamiento de los padres, ni dudas hacia un sistema que complica y alarga la tramitación de adopción. Tampoco era recriminación a unos menores que se sienten asustados y temerosos. Lo cierto es que casi la totalidad de las adopciones truncadas eran niños de edades superiores a los seis años.

Manu (Brandon Lastra Cobos) tiene ocho años, y durante casi un año convive en régimen de acogida con Lucía (Natalia Mateo) y Pepe (Alberto San Juan). David Planell, exitoso cortometrajista, nos muestra la casa de Lucía y Pepe mientras salen los títulos de créditos: un barrido funcional, muy informativo y atrayente: treintañeros creciditos, acomodados, con nostalgia ochentera o síndrome de Peter Pan (hay que ver como se usa hoy en día esta frase) y sin agua. Quedan recados al espectador y me imagino que de agrado para su director: el libro de Renoir, la carátula de “La dolce vita”,…

Durante ese día sin agua, Pepe y Lucía tendrán que pensar muchas cosas, afrontar complicados problemas que han ido dejando a un lado y meditar el futuro que ellos desean y pueden ofrecer al prójimo. Es un día donde la trabajadora social visitará a la pareja, como cada mes, a revisar el caso del menor. Y es el día donde Pepe y Lucía tienen el pensamiento de rechazar esa adopción. Pronto vemos que lo que Planell nos mostró con la cámara en su inicio no es más que fallada. La fallada de una sociedad de consumo, burguesa y creyente de su concienciación con el mundo. Una fachada que puede venirse a bajo en el menor momento, cuando el más pequeño huracán azote en sus cercanías. El huracán se llama Manu.

David Planell ofrece Natalia Mateo su primer papel protagonista después de su encuentro en el cortometraje “Ponys.” Mateo no defrauda, y consigue un trabajo interpretativo impecable, a la altura de su pareja de reparto Alberto San Juan (especialista en estar en las películas premiadas en Málaga). Ambos consiguen elaborar unas escenas cuyos sentimientos afectan al espectador y cargadas con inmensa intensidad. No me extrañaría ver sendos Goyas a pesar de todo el tiempo que falta para ello.

(Abróchense los cinturos porque esto continúa)
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41 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
CUANDO ESTÁS PERDIDO EN UN BOSQUE, NO MUERES DE FRÍO NI DE HAMBRE... MUERES DE VERGÜENZA POR ESTAR PERDIDO
Esta película es muy, muy realista, refleja a la perfección la desesperación. Dan ganas de acercarte a los padres y decirles: "Yo os entiendo, dadme un abrazo". La película es sencilla, pero con una notable angustia que flota en el ambiente a lo largo de esta.
No siempre hace falta que en una película te den una introducción, un nudo y un desenlace mascados y cerrados para que quedes satisfecho. Si existen personas que piensen que sí, es que necesitan ver más películas.
Hay cine para reír, cine para el entretenimiento, cine para la tensión, cine para pasar miedo, cine para acribillar a balazos a sus guionistas, y hay cine como este que te hace pensar y reflexionar sobre hechos de la vida cotidiana, hechos muy duros, tan duros que si yo fuera el padre no sé que hubiera hecho, como habría actuado en tal caso.

Por lo tanto, David Planell, con una simple casa como decorado, me alegró la noche.

¡¡Basta ya de mensajes feos hacia el cine español!!
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34 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil