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Frantz (2016)

Sinopsis
Una pequeña ciudad alemana, poco tiempo después de la I Guerra Mundial. Anna va todos los días a visitar la tumba de su prometido Frantz, caído en la guerra, en Francia. Un día, Adrien, un misterioso joven francés, también deja flores en la tumba. Su presencia suscitará reacciones imprevisibles en un entorno marcado por la derrota de Alemania. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Frantz
Duración
113 min.
Estreno
30 de diciembre de 2016
Guion
François Ozon, Philippe Piazzo, Ernst Lubitsch (film)
Música
Philippe Rombi
Fotografía
Pascal Marti
Productora
Mandarin Films / X-Filme Creative Pool
Género
Drama Años 1910-1919 Remake
9
El pasado borra el dolor por el pasado
François Ozon dirige una película llena de sentimiento en la que reina el misterio. No podemos dar nada por sentado hasta el último minuto, y ahí reside la fuerza de la película, la cual se te hace corta si consigues dejarte atrapar por la historia de un desconocido que necesitamos conocer. Anna es una joven alemana con toda la vida por delante pero aferrada al pasado por culpa de la muerte de su prometido en la I Guerra Mundial, pero es el mismo pasado el que le hace sonreír y mantener la esperanza en la vida gracias a Adrien, un francés que conoció a Frantz en la guerra. La estructura de la historia, las narraciones del pasado, la evolución de los personajes, la presencia de la música, el juego del color y el blanco y negro... Una perfecta melodía de recursos audiovisuales y narrativos que la convierten en una obra maestra del séptimo arte.
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55 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
De entre los muertos
El sentimiento de culpa y la necesidad de que nos perdonen es un motor poderoso de la vida. Parece una nimiedad, pero los remordimientos pueden ser una losa tremenda que pesa sobre nuestra conciencia y lastran el normal devenir de nuestra existencia. Buscamos la paz y el sosiego de nuestra alma y solemos entregar la potestad de aliviar nuestra pesadumbre a aquellos que creemos que tienen la capacidad de redimirnos o de exonerarnos de nuestros errores o faltas cometidos. Pero olvidamos que nada borra el recuerdo y que nuestro afán por que nos indulten es una quimera peregrina y falaz, ya que ante todo debemos de aprender a perdonarnos nosotros mismos, todo lo demás acaba siendo un esfuerzo vano.

La Gran Guerra es un fermento fértil para reflexionar sobre los males que nos asolan ahora: nacionalismos, patrioterismos, violencia, muerte y destrucción. En esta cinta es el telón de fondo que permanece siempre fuera de campo pero que impregna todo el metraje. Y por ello su inequívoco mensaje pacifista resulta tanto más intenso y eficaz, al mostrarnos los efectos desgarradores que la contienda tuvo sobre aquellos que sobrevivieron pero cuyas vidas quedaron paralizadas, truncadas o diezmadas por aquella fatídica conflagración, fruto del chauvinismo fanático, del regionalismo más cateto y rampante, de un fanatismo más atento a resaltar y glorificar las diferencias que en encontrar puntos de acuerdo y colaboración. ¡Tanto que deberíamos haber aprendido y que, sim embargo, repetimos como autómatas desmemoriados!

La tragedia y el romanticismo del desamor unidos por el abismo de la pérdida del paraíso terrenal. La frontera como encrucijada insalvable que marca la diferencia entre buenos y malos, como si fuera un juego de ajedrez o una realidad incuestionable que confiriera un salvoconducto para eximir de responsabilidades. La recreación de época es excelente e intensifica la veracidad y profundidad de los sentimientos que se nos muestran. Las heridas y llagas que sus protagonistas tratan de disimular supuran una nauseabunda pestilencia a podredumbre estancada y rancia. Los que no quieren aprender de los errores y de los horrores campan a sus anchas y se engalanan con fabulaciones grandilocuentes de venganza y restitución, desoyendo las enseñanzas del inmediato pasado.

Excelente propuesta que gira en torno a un personaje ausente que tortura sin tregua a los damnificados de un combate que sólo ha dejado juguetes rotos y almas en pena. Aquelarre funesto de unos rescoldos feroces que no hace distingos entre vencedores y vencidos, porque todos son víctimas del infortunio y la desolación. Muy bien interpretado por todo el elenco, hace además un uso creativo del tránsito entre el blanco y negro y el color. Desasosegante y conmovedora.
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50 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
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