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La flor: Tercera parte (2018)

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Sinopsis
Tercera y última parte de las tres que componen "La flor", tercer largometraje de Mariano Llinás.

Fue premiada como la mejor película en la competencia internacional del BAFICI como una sola película junto a las dos partes restantes, que en total suman 840 minutos (14 horas), siendo exhibidas por separado. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Argentina Argentina
Título original:
La flor: Tercera parte
Duración
317 min.
Guion
Mariano Llinás
Música
Gabriel Chwojnik
Fotografía
Agustín Mendilaharzu
Productora
El Pampero Cine
Género
Drama Fantástico Intriga
9
Una flor que vale por mil
Nunca había visto una película donde el modo de proyección cobrara tanto protagonismo, con el riesgo de que la película misma quedase opacada.

La Flor dura 14 horas (yo le calculé unas 13 horas 20 minutos aprox., sin contar los cinco intervalos y los extensos títulos de crédito), se proyecta en tres días y es la película de ficción más larga que se haya hecho hasta la fecha en cualquier parte del mundo. Existe algún documental de mayor duración, lo mismo que muchos films experimentales que se exhibieron alguna vez en museos sin la pretensión de ser vistos por más de 5 minutos.

Vi La Flor los días 21, 22 y 23 de septiembre de 2018 en la Sala Leopoldo Lugones del Centro Cultural San Martín.

Oí por primera vez del proyecto años atrás, quizás en el 2012, poco tiempo después de ver Historias Extraordinarias. Inmediatamente pasó a integrar mi lista de películas por ver, aunque fueron pasando los años sin que aparecieran noticias sobre el rodaje o una posible fecha de estreno. Más adelante, en 2016, supe de la proyección de una primera parte de la película en el Festival de Mar del Plata, y tardíamente me enteré de su emisión por el canal ISAT. Pero se trataba aún de algo inconcluso, por terminar.

Ya en este 2018 decidí no ver la película en el BAFICI, para evitar que me tomara el festival por asalto, y opté por esperar a una mejor ocasión. Esa ocasión, en correspondencia con el título de la obra, se presentó finalmente durante los primeros días de la primavera que anda comenzando.

La Flor se compone de seis episodios. Dos integran la primera parte, uno solo la segunda, y otros tres la tercera.

Mariano Llinás, el director, demuestra una vez más un gran amor por el cine como posibilidad de creación de mundos de ficción alucinantes. Es así como se anima a correr los límites de lo decible, de lo filmable, en al menos dos sentidos vitales. Primero, arrojando por la ventana todo lo que huela a ley del mercado, filmando durante 10 años una película de 14 horas, y segundo, materializando ideas que parecían escapar a la lógica y a la realidad del cine argentino.

El tercer episodio, que es el más largo y ocupa toda la segunda parte, ejemplifica lo recién mencionado. Es una historia de espías ambientada en las décadas de los ’80 y ’90 y que transcurre en: alguna parte de América del Sur (según reza la propia película), Bruselas, Berlín, Londres, Nicaragua, Budapest, Sofía, París, Moscú, Siberia, y algunos lugares más.

Ese episodio es el mejor y el único que funciona con autonomía del resto. Es el pistilo de la flor. El resto de los episodios vendrían a ser los pétalos. Para no extenderme demasiado, basta con decir que el Episodio III de La Flor es una de las cosas más increíbles que he visto en cine, con momentos de un lirismo supremo y una belleza embriagadora. Es una historia de esas que no se olvidan jamás. Si Tarantino viera este episodio creo estar seguro de que se volvería loco.

Los otros episodios, irregulares quizás, refuerzan la obsesión de Llinás por jugar con el lenguaje cinematográfico y los géneros. Las historias de estos episodios encuentran su fuerza como parte de ese todo magnificente que es La Flor (como pasa con El Decálogo de Kieslowski, con Los Sueños de Akira Kurosawa, o con Jim Jarmusch y su Night on Earth, dicho sea de paso).

El que llama particularmente la atención es el Episodio IV, que comienza como una autoparodia del proceso de producción de la película, y que acaba refiriéndose concretamente a la experiencia de Llinás como director de la película y a la relación que lo unió a las cuatro actrices protagonistas. Es importante remarcar que Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Valeria Correa y Laura Paredes vienen trabajando juntas desde que fundaron el colectivo teatral Piel de Lava hace 15 años.

El Episodio V es una remake de la película de 1936 Partie de Campagne, de Jean Renoir, pero en clave gauchesca y sin sonido. El Episodio VI conjuga imágenes pictóricas con cuadros de texto para mostrar la huida de un grupo de cautivas en tiempos de los malones indígenas. En los dos primeros episodios, los más “convencionales” en la métrica de Llinás, aparecen momias malditas o sectas que creen haber encontrado la fórmula de la inmortalidad.

Llinás presenta a La Flor como cuatro historias que empiezan y no terminan (I al IV), una que empieza y termina (V) y una que termina sin haber empezado (VI), lo que es en parte engañoso, ya que el episodio I y el IV sí terminan, al menos a su manera, y el VI no necesita de comienzo.

Seguramente no falten quienes piensen que ver una película de 14 horas es una locura, pero sería por lo menos curioso en una época en la que se consumen masivamente (y en plan maratón) series como Game of Thrones, que ya debe andar por las 65 horas, o Breaking Bad, que alcanzó las 50.

Cierro con una cita extraordinaria de la crítica de Diego Lerer al film: “LA FLOR es pura épica, el deseo transformado en cine, la pasión por contar historias y, a la manera de LAS MIL Y UNA NOCHES, ser una suerte de Scheherezade que eduque al “soberano” espectador con sus fantásticas aventuras y lo vuelva más humano, más libre, más ávido de conocimiento”.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Raíces
La flor finalmente es más que un esquema. Este último episodio hace homenaje a los inicios mismos del cine en el momento en que comenzó a volverse más que un truco de magia, en el momento en que comenzó a ser narrativo, con Méliès. Retrocediendo al quinto episodio Renoir, hijo del pintor impresionista que supo captar la esencia de la pintura de su padre en su obra y que fue capaz de traspasar la enorme barrera que supuso el sonoro para la antigua escuela del cine mudo, creando una escuela, tanto sonora como visual, de la que surge el cine moderno: el metalenguaje, el cine de ensayo, la Nouvelle Vague, la serie B e incluso los melodramas. La flor es un viaje del presente al pasado, lento, reposado, desde los pétalos flamantes de todas las flores hasta las raíces, hasta el nacimiento del cine surgido de la tierra, una antología del cinematógrafo que guarda muchas similitudes, tanto estructurales como narrativos, con los episodios sin conexión aparente de 2666 de Roberto Bolaño. Si esta está considera una de las obras capitales de la literatura del nuevo siglo, La flor no se queda atrás en su epopeya digna de D.W. Griffith y se convierte por méritos propios en una de las obras cinematográficas imprescindibles de nuestros días.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil