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Exorcismo (2006)

Exorcismo
Trailer
6,8
373
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Sinopsis
Anatoli, un marinero capturado por los nazis en 1942, es obligado a cometer un imperdonable acto de barbarie. Treinta años más tarde corren rumores de que un hombre santo, conocido como el padre Anatoli, que vive en una isla casi desierta, es capaz de hacer milagrosas curaciones y puede ver el futuro. Así, una joven poseída por demonios llega hasta la isla en busca de ayuda. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Rusia Rusia
Título original:
Ostrov
Duración
112 min.
Guion
Dmitri Sobolev
Música
Vladimir Martynov
Fotografía
Andrei Zhegalov
Productora
Pavel Lungin Studio / Nashe Kino
Género
Drama II Guerra Mundial Religión Posesiones/Exorcismos
10
HE AQUÍ LA MÁS EXTRAORDINARIA PELÍCULA RELIGIOSA EN LO QUE LLEVAMOS DE SIGLO XXI
¡Atención!: Está usted ante una película que le dejará asombrado y trascendido, que le provocará gratitud. “Ostrov” (isla) es de esas sorprendentes creaciones que a veces tienen lugar en el cine, que nos dejan cavilando, aprehendidos, espiritualizados, imantados hasta tal punto que sentimos la irremediable necesidad de verla numerosas veces más y hablar de ella a otras personas, y dar a conocer o extender su hermosura, su fascinación, su sutileza prodigiosa. No tardará en convertirse en un filme de culto y referencia, en la línea del impresionante y natural sentido teológico de lo humano, que ya vimos en “Ordet”, Nazarín o “El hombre que no quería ser santo”.

Es un filme sobre el arrepentimiento y la culpa de un hombre que obró de forma cobarde y criminal; sobre su vivir expiatorio, distanciado y casi en soledad; sobre el trabajo y la oración constante a los que dedica su existencia; sobre su relación con sus compañeros monjes y con los seglares que vienen a visitarlo.

Pero también “Ostrov” nos recuerda y hace presente, al religioso excéntrico, que siempre se ha dado en el cristianismo desde antiguo y sobre todo en el cristianismo ortodoxo; un tipo de místico loco, de santo que hace gansadas, de ermitaño o anacoreta que da gritos, salta, canta o hace el payaso cuando menos te lo esperas, de profeta inculto o poco especulativo que practica una vida de extrema pobreza, de monje raro y mugriento que anda desaliñado, sin apenas lavarse, al margen de las normas sociales e incluso al margen de las normas de la Iglesia; pero que sin embargo posee dones como la capacidad de ver en el interior humano, de aconsejar con sabiduría, de pedir y ser atendido por lo Inefable, de exorcizar, de sanar, etc., que otros más correctos, ordenados, doctos, bien vestidos profesionales de la religión, no tienen.

Anatoly, vive en una comunidad de monjes ortodoxos, aunque apartado de sus compañeros, en una isla de las que abundan por la costa del Mar Blanco, —mar que en realidad es un golfo del Mar de Barents (en el océano Glacial Ártico), localizado en Rusia, entre la península de Kanín al Noreste, la comarca de Karelia al Oeste y la península de Kola al Norte—. La fama de santidad de Anatoly se ha extendido y la gente de las poblaciones cercanas en el continente peregrinan en barcas a pedir sus bendiciones, sus oraciones, sus sanaciones, sus consejos, etc., algo que incluso causa envidia en algún compañero y docto monje a quien la gente no acude para nada.

Anatoly lleva décadas como un pobrísimo y miserable monje, ora y trabaja desde el alba hasta la noche acarreando carbón, tratando de purgar un antiguo y grave pecado que cometió en su juventud. De hecho cuando vienen seglares buscando su bendición o dones espirituales, él evita ese halo de santidad que le adjudica la gente y suele hacerse pasar por otro monje, evitando darse importancia a sí mimo o caer en la vanidad de quien se nota admirado.

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23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
LA PELÍCULA MÁS TRASCENDENTAL Y RELIGIOSA QUE SE HA HECHO Y SE HARÁ EN DÉCADAS
Estamos ante una obra cinematográfica superior y exquisita, de una calidad fuera de lo común, de las que ciñen el alma; perteneciente al género religioso (en este caso, cristianismo ortodoxo ruso). Una película magistral, merecedora de la más alta calificación que pueda dársele a una obra de arte; porque la historia que nos narra, su sopesada filmación, sus imágenes, sus diálogos, su desarrollo y su acabado, son portentosos. “Ostrov” ("isla" en lengua rusa) conmueve hasta lo indecible; nos toca en la hondura del ser; tiene la virtud extraordinaria que a veces se da en algunas obras de arte, de zarandearnos el alma con más intensidad y belleza mística que cualquier participación en unos ejercicios espirituales organizados, más que la asistencia a liturgias dominicales, más que la escucha de homilías o incluso que la recepción de algunos sacramentos.

El protagonista principal es Anatoly, un hombre que años atrás cuando era muy joven y servía en la Armada Rusa se comportó cobardemente y por salvarse a sí mismo mató a un compañero. Pero han pasado los años y Anatoly es ahora un monje asceta que vive en una isla cercana a la costa del Mar Blanco (mar que más bien es un Golfo del Mar de Barents), en una comunidad de monjes ortodoxos cenobitas, aunque apartado de ellos, sin poder olvidar y sintiendo una gran culpa en su interior por el crimen cometido, tratando día a día durante años de expiar su grave pecado. Pero además, Anatoly es un religioso excéntrico; de esa clase de místicos aislados que siempre han existido, que se vuelven insociables y se comportan de manera perturbada tal vez porque se reconocen enormemente pecadores y no quieren dar ninguna impresión de santidad; que quizás acostumbran a ponerse la máscara de la chifladura para no caer en la vanidad de creerse o hacer creer a los demás que son santos o buenos; que andan provocando, diciendo la verdad ya oportuna ya inoportunamente a quienes no gustan de oírla, que a veces se muestran violentos y otras se humillan como perros; que siendo hombres religiosos en modo alguno se comportan como religiosos convencionales.

En consecuencia, la forma de ser del “padre” Anatoly resulta un constante desaire para los compañeros monjes de su comunidad, dado que él hace la diferencia entre lo que es un hombre religioso por excelencia (que no se toma a sí mismo en serio) y el hombre religioso institucional (que se toma a sí mismo demasiado en serio).

Siempre habrá quienes se burlen de estos hombres religiosos y le guarden poca consideración, sobre todo entre los monjes o clérigos de su propia comunidad. Pero curiosamente la gente sencilla del pueblo siente ante este tipo de místicos excéntricos, el "temor" o el respeto que se le debe a Dios, a lo Santo, o a quién está en sintonía con lo Divino. Es el caso del “padre” Anatoly; de ahí que la gente viaje en barca desde lejos, acuda a él, como quien va buscando a un santo.

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15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil