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The Safe Place (1958)

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Sinopsis
George Piper es un cajero de banco y jugador. Preocupado por sus finanzas, él y su hermano Fred creen que tienen un plan infalible para obtener fondos para el futuro.
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Safe Place
Duración
30 min.
Guion
Obra: Michael Hogan. Historia: Jay Wilson
Fotografía
John L. Russell (B&W)
Productora
Shamley Productions. Distribuida por CBS [USA] / Universal Pictures Home Entertainment [USA]
Género
Drama Intriga Crimen
5
Suficiente solvencia
Alfred Hitchcock presenta: The safe place (Lugar seguro), temporada 3, episodio 36, dirigido por James Neilson en 1958. Como si de un programa educativo se tratase, Hitch nos da la bienvenida con el debido boato que requiere la ocasión entre preocupantes vestimentas, un preocupante elenco y una preocupada señorita aunque, destacando eso sí, la labor pedagógica del medio en el que se mueve nuestro anfitrión, dejándonos, referido al episodio, un final abierto cuyo resultado se nos mostrará durante los minutos finales según transcurra la actuación del elenco participante.

Nuestro protagonista George C. Piper (Robert H. Harris) es un cajero responsable desde hace algunos años, viendo pasar por sus manos ingentes cantidades de dinero provenientes de diversos clientes, entre los cuales el señor Victor Manett (Phillip Pine) quien no tiene ningún reparo en explicar el secreto de su éxito para estar rodeado en todo momento de la suficiente solvencia económica como para no sentirse preocupado. Además de su dedicación laboral, el señor Piper intenta seducir a la señorita Millie Manners (Joanne Linville) junto a un problema intergeneracional.

Fred Piper (Jerry Paris) hermano de nuestro cajero es todo lo contrario además de ser un avezado hombre de negocios, quien ve la oportunidad mediante una transacción económica, solucionando así el futuro de los dos. George, queriendo seguir siendo fiel a su destino sin caer en ningún tipo de atajo que le solucionaría el problema económico requiriendo la ayuda de una fuerte inversión que Fred no posee se encuentra inundado por la duda; pero el destino (como siempre) se presenta sin llamar en ventanilla, ofreciéndole la posibilidad de poder cambiar sus probabilidades mediante una experimentada argucia.

Con la muestra de lo conseguido para Hitch y la amable secundaria, esta, manifiesta a nuestro epiloguista (tras un breve fundido) algún desacuerdo con el resultado obtenido, debiendo cambiar la forma de desenvolverse en el futuro; una decisión que el señor Hitchcock comprende, lo que no le impide (dada la situación) anunciar un próximo encuentro con la querida audiencia, con tanto respeto que su excepcional genuflexión en la despedida casi llega los 90 grados.
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