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El prisionero de Zenda (1937)

El prisionero de Zenda
Trailer
7,2
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Sinopsis
En un imaginario país, la víspera de su coronación, Rodolfo V, es secuestrado por su ambicioso hermano que desea arrebatarle el trono. Los súbditos más leales convencen a un turista, que se parece asombrosamente al rey, para que lo suplante por unas horas. Al día siguiente, se prepara una expedición para rescatar al rey, que está encerrado en el Castillo de Zenda. El turista, enamorado de una princesa de la corte, participará activamente en la lucha. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Prisoner of Zenda
Duración
101 min.
Guion
John L. Balderston, Edward E. Rose, Wells Root (Novela: Anthony Hope)
Música
Alfred Newman
Fotografía
James Wong Howe (B&W)
Productora
Selznick International Pictures
Género
Aventuras Capa y espada Siglo XVIII
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Anthony Hope
8
Buena adaptación... con matices
Primera recreación cinematográfica sonora (las tres anteriores eran mudas) de la novela romántica escrita por Sir Anthony Hope a finales del siglo XIX, y que ya había sido llevada al teatro con notable éxito, acometida por un reparto galáctico (diríamos hoy) a las órdenes del ya curtido John Cromwell. Espectaculares interpretaciones de C. Aubrey Smith (insuperable, aunque gozaba ya de una buena experiencia teatral en esta misma obra, pues ya había interpretado a todos sus papeles masculinos), Raymond Massey (nadie mejor que él para dar vida al malvado Duque de Strelsau), Douglas Fairbanks Jr. (si Sir Anthony hubiese levantado la cabeza, le habría reconocido inmediatamente como la viva encarnación de Rupert Hentzau), e incluso Mary Astor, quien atesoraba ya una gran trayectoria. El dúo protagonista, sin embargo, se queda corto: Madeleine Carroll da vida, en efecto, a una muñeca rubia y hueca (a veces, incluso tonta), y Ronald Colman tampoco insufla demasiados hálitos de grandeza a su personaje, lo que le convierte en un héroe "light", fácilmente eclipsado por los secundarios (años más tarde, Stewart Granger desharía el entuerto con brillantez). Tampoco puedo alabar a David Niven, demasiado limitado a la pose y la sonrisa fácil.

La iluminación y la fotografía constituyen el segundo pilar de las excelencias de esta obra en B/N, algo por otra parte muy común en la época. Pero necesario para recrear escenas de tensión e intrigas palaciegas en castillos o pabellones de caza. Magnífico diseño de vestuario y puesta en escena (que sería luego reproducida casi al pie de la letra por la versión de 1952). Adaptación bastante fiel, en lo esencial, de la historia de Hope. Romance descafeinado y por momentos excesivamente teatral, sobre todo en las escenas finales. El duelo a espada sería ampliamente superado en la secuela de Richard Thorpe, con Granger y James Mason como antagonistas, demostrando así las limitaciones de Colman y Fairbanks como esgrimistas.

Por lo tanto, contemplar esta gran obra resulta un placer para los sentidos, con las salvedades expuestas. Es inevitable pensar en la versión posterior y compararla con ésta... pero ésa es otra historia.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¡Dios Salve al Rey!
La famosa novela de Anthony Hope, que narra las aventuras de un hombre que suplanta al monarca de un pequeño país centroeuropeo, ha sido objeto de múltiples versiones cinematográficas distintas, pero quizá sea ésta, dirigida en 1937 por John Cromwell, la mejor. La película lo tiene todo: acción, amor, intriga y un elenco de lujo, casi imposible de repetir. De entrada, al héroe lo encarna a la perfección el mítico Ronald Colman, interpretando los dos papeles, el de Rey y el de su primo inglés, y los interpreta con tal convicción, con tal verosimilitud, que causa pasmo hallar tal ejercicio estilístico en una cinta de aventuras donde las interpretaciones suelen ser más bien planas; a él se le opone Douglas Fairbanks Jr. en el papel de villano, magnífico en su frivolidad, ligereza, cinismo y naturalidad; Madeleine Carroll es la encantadora princesa de la que se enamora el protagonista. También fantásticos todos los restantes actores secundarios que enriquecen la película con su naturalidad y ligereza: Raymond Massey, C. Aubrey Smith o David Niven, en los papeles de Rupert Hentzau, el duque de Strelsau, el coronel Zapt y el capitán Fritz von Tarlenheim respectivamente, o Mary Astor en el papel de Antoinette de Mauban.

Producida por David O. Selznick, la película además de entretenida es un lujo visual, grandes decorados, castillos, lujosos salones, magnífico vestuario para adornar una trama con confusión de identidades, luchas a espada, manipulaciones, engaños… de todo un poco. Un clásico de culto lleno de encanto, frescura, ritmo y todos los elementos del género, una de esas películas que siempre son agradables de ver.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil