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El unicornio (1975)

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Sinopsis
Huyendo de una guerra mundial entre hombres y mujeres, la joven Lily persigue a un unicornio que la lleva a una casa donde viven una anciana que habla con las ratas, una joven que da de mamar a la anciana y el hermano mellizo y mudo de la joven, que tala árboles que sangran... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Black Moon
Duración
100 min.
Guion
Louis Malle, Joyce Buñuel, Ghislain Uhry
Música
Diego Masson
Fotografía
Sven Nykvist
Productora
Coproducción Francia-Italia-Alemania
Género
Ciencia ficción Fantástico
"Atípica obra dentro de la filmografía de Louis Malle que desborda imaginación (...) un sobresaliente ejercicio de fantasía"
[Diario El País]
8
Sonora y deliciosa mofa de la estupidez y la soberbia humana
Atípica obra de Louis Malle, rodada en Francia y estrenada el 24-IX-1975. Ganó 2 Oscar (fotografía y sonido).

La acción tiene lugar en un país y en una época indefinidos, que se pueden situar en Francia en los primeros 70. Narra la historia de Lily (Cathryn Harrison), una muchacha joven, posiblemente casada y madre de un hijo varón de corta edad, que huye sola de su casa y de su ciudad, aterrorizada por la guerra mundial que enfrenta a hombres y mujeres. Encuentra refugio en una casa rural, aislada en una zona boscosa, donde vive una anciana que no se levanta de la cama (Therese Giehse), una chica que da el pecho a la anciana (Alexandra Stewart), un hermano mellizo de la chica que no habla (Joe Dallesandro), una quincena de niños y niñas que juegan con los cerdos, un unicornio, un ratón que habla, culebras y otros animales.

En la película aparecen animales mitológicos inexistentes (unicornio), flores que lloran, árboles que sangran, gallinas carnívoras, un ratón que habla, etc. El autor, a través de personajes extraños y de sus comportamientos absurdos, presenta una retahíla de preguntas, encaminadas a provocar la reflexión. La guerra mundial entre hombres y mujeres, plantea interrogantes sobre el sinsentido del machismo, la violencia doméstica, la marginación de la mujer en el trabajo y las variadas formas de explotación de que es víctima. Es absurda la guerra de la película, pero más absurdas son las guerras reales de género, que requieren la asunción universal de una cultura de igualdad. Las plantas no lloran y los árboles no sangran, pero ¿no sufre daño la flora por la contaminación creciente del planeta? Las ovejas simbolizan la mansedumbre y la sumisión al pastor que las cuida. Es ofensivamente absurdo que se amotinen contra él y le ahorquen, pero ¿no es más absurdo que los fuertes sometan y exploten a los débiles? Los niños y niñas que juegan y comen desnudos ¿no son el símbolo de la inocencia natural que la Humanidad ha perdido? El encuadre en el que se muestran de cara más de doscientos pavos y una cifra similar de ovejas, ante la fachada de la casa ¿no es una sonora mofa de la estupidez y la soberbia humana? La imagen, de pose, forma parte de la historia gráfica del cine.

La música, escasa, incluye fragmentos del acto II de "Tristán e Isolda" (Wagner), canciones del coro infantil de Radio France y solos de piano. La fotografía ofrece una brillante narración visual, de estética realista. Sven Nykvist manifestó que éste era uno de los trabajos de los que se sentía más orgulloso (obtuvo un Oscar). El guión desborda fantasía, imaginación y sentido del humor. La interpretación es muy correcta. Destaca Therese Giehse, en su papel de despedida del cine. La dirección construye una obra insólita y compleja, que sorprende y, en ocasiones, desconcierta.

La película glosa los absurdos de la vida e invita a la reflexión, la autocrítica y la cordura. Imprescindible para cinéfilos.
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41 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Como Alicia en el País de las Maravillas, pero con menos maravillas y menos diálogos divertidos
Black Moon, que en español vino a intitularse El Unicornio, es, en palabras del director, una película al margen de nuestra moral y nuestra lógica, que se desarroya en un futuro próximo y catastrófico, una especie de distopía en la que hay que adentrarse sin prejuicios.

Bueno, en palabras del espectador podría decirse también que es un delirio surrealista, un Perro Andaluz de los años 70, que, al igual que algunos solos de batería de la época, seguramente se disfruta más a gusto con el cerebro embotado por las drogas.
También podría decirse que es como Alicia en el País de las Maravillas, pero con menos maravillas y menos diálogos divertidos (en realidad apenas hay dos o tres diálogos en toda la película, y las mejores frases las pronuncia una especie de Mula Francis cornuda.)

Cuando uno acepta que la cosa no tiene ni ton ni son, puede encontrarse algunas escenas no exentas de encanto; pero no busque usted argumento, moraleja ni coherencia, busque sólo flores que lloriquean, jovencitas que amamantan a las abuelas, ratas que hablan y humanos que callan, muertos que resucitan, braguitas que se deslizan patas abajo, miradas intrigantes y primeros planos de serpientes, hormiguitas, bichitos y animales de granja.

Parece mentira que sea una peli de Louis Malle, el mismo que filmó historias tan bonitas e inteligibles comi la del Ascensor para el caldaso.

Nota: sufi alto.
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18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil