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La joven de la perla (2003)

Sinopsis
Delft, Holanda, 1665. Griet entra a servir en casa de Johannes Vermeer, el cual, consciente de las dotes de la joven para percibir la luz y el color, irá introduciéndola poco a poco en el mundo de su pintura. Maria Thins, la suegra de Vermeer, al ver que Griet se ha convertido en la musa del pintor, decide no inmiscuirse en su relación con la esperanza de que su yerno pinte más cuadros. Griet se enamora de Vermeer, aunque no está segura de cuáles son los sentimientos del pintor hacia ella. Finalmente, el maquiavélico Van Ruijven, envidioso de la intimidad de la pareja, se las ingenia para que Vermeer reciba el encargo de pintar a Griet. El resultado será una magnífica obra de arte. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Girl With a Pearl Earring
Duración
96 min.
Guion
Olivia Hetreed
Música
Alexandre Desplat
Fotografía
Eduardo Serra
Productora
Archer Street Limited / Delux Productions / Pathé Pictures International / Film Fund Luxembourg / Wild Bear Films / UK Film Council
Género
Drama Siglo XVII Pintura
"Es una película realizada con conocimiento, intuición, celo, imaginación y sobre todo ambientación. (...) Es bonita, cruel y triste, está dirigida con talento y responsabilidad, con sensualidad y psicologismo del bueno"
[Diario El Mundo]
"Todos los adjetivos se quedan cortos a la hora de definir la perfección fotográfica, la exactitud de la ambientación o la minuciosidad de los vestidos y los objetos que componen las imágenes de 'La joven de la perla' (...) Sin duda, lo más destacable de la película es el indescriptible placer estético que produce su contemplación"
[Diario El Mundo]
8
El maestro y su musa
Dejando de lado su impecable puesta en escena y su cuidada y minuciosa ambientación, lo que más me ha fascinado de “La joven de la perla” es la extraordinaria simbiosis que Webber consigue establecer entre su propio film y el peculiar microcosmos de Vermeer de Delft. Una simbiosis que permite al espectador franquear el mágico y enigmático umbral de sus lienzos y conocer así, ‘in situ’, ese universo de luz, colores, texturas y veladuras tan característico en la pintura del genio holandés.

Me gustaría apuntar, asimismo, que la clave de la coherencia y la verosimilitud de esta peli estriba -a mi juicio- en la renuncia total y absoluta a cualquier tipo de pretexto sentimental o melodramático. Que nadie espere en “La joven de la perla”, pues, ningún tórrido romance entre el célebre pintor y su modelo ocasional. Y mucho menos alguna escenita de alto voltaje erótico. Que nadie lo espere porque por ahí no van los tiros. Fundamentalmente porque Webber no incurre en el error típico de Aranda (embutir sus pelis de época de absurdas secuencias eróticas que no vienen a cuento) y prefiere subordinar toda la tensión sexual latente (que la hay) a la platónica complicidad entre Vermeer (Firth) y Griet (Johansson). Entre el maestro y su musa.

“La joven de la perla” constituye, en definitiva, una modélica, estimulante y didáctica propuesta que desde hoy mismo forma parte ya de mi pinacoteca cinéfila particular y que recomiendo encarecidamente ver a todos aquellos que tengan el más mínimo interés por la pintura. Bueno, y a los admiradores de la Johansson también, claro. Porque aunque cacho no enseña, hay que reconocer que en esta ocasión sale muy mona ella. Mucho más que la chica del cuadro. Palabra.
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8
EL PINTOR Y SU MODELO: CONJETURAS SOBRE UNA IDENTIDAD MISTERIOSA
1) La identidad de la modelo del cuadro de Vermeer “Muchacha con turbante”, también llamado “La joven de la perla”, es un enigma. Se dice que como la perla simboliza la castidad la retratada podría ser una novia en vísperas de boda. Se dice también que podría ser una de las hijas del pintor*.
La novelista Tracy Chevalier imaginó una identidad para ese rostro de mirada entregada y boca entreabierta. Imaginó también acontecimientos a desembocar en la realización del retrato.
Peter Webber filmó la película ciñéndose tanto al argumento novelesco como a la especialísima iluminación del pintor holandés, luz tamizada por las ventanas de vidrio emplomado y posada como una fina gasa sobre los objetos para suavizar sus contornos. El mérito fotográfico es de E. Serra.

2) Para recrearse en lo pictórico, la parte narrativa se resuelve apoyando en la novela el guión convencional y sólido, de fuerte simetría: un plano cenital sobre el gastado mosaico en el pavimento de la plaza de Delft muestra a la joven Griet, al principio yendo y al final volviendo; yendo a su empleo de criada en la casa del pintor, al encuentro de las vicisitudes que fijarán para siempre algo de su alma en un pequeño lienzo.

3) Con delicadeza y preciosismo, con exquisitez casi, el relato se entretiene en lo visual; en la diaria vida de mercado y botica, bodegones de carnes, mantecas, cerdos y verduras, cocinas, vajillas y cubiertos; vida de patios de ladrillo rojo y callejones con antorchas, canales e interiores abigarrados…
Pero se adentra asimismo en detalles del quehacer artístico y la dinámica social de los encargos: al exhibir en el recóndito taller una “cámara oscura” despliega una teoría óptica, y otra pictórica al explicar cómo usaba Vermeer sucesivas capas tras secarse el color, sobre una veladura azulada. Y la elaboración de pigmentos con mortero, como en cocina alquímica: goma arábiga, ollejo de uva, malaquita, bermellón, aceite de linaza, carbón animal…

4) Todo ello envuelve a la joven criada, procedente de un lúgubre hogar calvinista, y despierta una sensibilidad estética que propicia una comunicación silenciosa con el maestro.
Juego de miradas, órdenes escuetas.
En un contexto puritano hay nimiedades que se cargan de incendiaria energía sexual, y más si la actriz restringe por norma la exhibición de su cuerpo: cuando la cofia deja al descubierto la cabellera pelirroja todo arde, como al humedecer los labios, o al perforar el lóbulo para el pendiente.

5) El actor que encarna a Vermeer, Colin Firth, cae en el tópico de caracterizar a un artista como tipo de mirada invasiva e impertinente, y su tensión creadora como si fuese malestar gástrico.
Scarlett Johansson demuestra talento y gana el protagonismo: representa muy bien ambas fases de su personaje, cortedad exterior y finura interior, y las constantes transiciones entre dichas fases.
Al posar, la mímesis con la figura del cuadro es completa, dejando claro que la joven de la perla ‘es’ ella.
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