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El rostro (1958)

7,4
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Sinopsis
Suecia, mediados del siglo XIX. Dentro de un vehículo sumergido en la niebla, viaja una compañía de artistas ambulantes, cuyo jefe es el doctor Vogler, mago e hipnotizador que va acompañado de una anciana bruja, experta en pócimas de amor, y de su mujer y ayudante. Al pasar por una ciudad se convierten en el blanco de las burlas y humillaciones de un comité encabezado por el cínico doctor Vergerus, un médico que le pide a Vogler una representación. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Suecia Suecia
Título original:
Ansiktet
Duración
102 min.
Guion
Ingmar Bergman
Música
Erik Nordgren
Fotografía
Gunnar Fischer (B&W)
Productora
Svensk Filmindustri
Género
Drama Siglo XIX Magia
8
Uno hace magia, el otro autopsias
En esta cinta, Ingmar Bergman se recrea en algunas de sus obsesiones: el misticismo y lo inmaterial vs. el racionalismo y escepticismo (la ciencia, en definitiva). Evidentemente, están también las archisabidas referencias a la muerte, los bajos instintos y la búsqueda de refugio en esos ¿artificios? místicos a los que recurrimos ante la desesperación de la extinción de la propia existencia. Todo confluye en un final extraño, cercano al género de terror (acertada la vinculación entre esta película y Edgar A. Poe; su desenlace parece sacado de uno de sus relatos).

Los temas, por tanto, son variopintos. Los sucesivos encuentros de los personajes (todos aportan algo) sirven para que se vayan planteando cuestiones, a veces incluso empleando, cosa rara en el sueco, el sentido del humor. Especialmente interesante es la reflexión (latente durante todo el metraje) sobre el cine. Son varias las ocasiones en que el vínculo entre lo narrado y el propio cinematógrafo es evidente, haciendo patente la reflexión sobre el cine como truco o ilusión. Para gozar del cinematógrafo (del arte en general) hay que entrar en ese juego del engaño y de la cuarta pared.

La realización, la iluminación y el blanco y negro (con mucho contraste y nitidez) potencian un cierto expresionismo, acrecentado por los afilados primeros planos (sobre todo de von Sydow) y un cierto preciosismo en la forma de corregir, mediante leves pero agudos movimientos, las posiciones de la cámara. Una película por ello a ratos recargada y gótica, tramposa en su parte final, pero que ensambla perfectamente fondo y forma.

En todo caso con Bergman, Tarkovski y tantos otros autores, es más relevante la conexión emocional que la pura comprensión. Siempre defenderé que estas películas no son aburridas sino personales y, por tanto, difíciles (estamos accediendo al interior de una sensibilidad ajena y, probablemente, superior a la nuestra). Hay que hacer propias primero esas obsesiones (y no siempre el plano racional es el más adecuado o el único para ello) para poder valorarlas. Pero esto pasa en cine, literatura, pintura (la eterna y aburridísima discusión e incomprensión sobre lo abstracto). Búscate en lo que te cuentan, entiende los postulados que te plantean, y luego juzga. En caso contrario, corremos el riesgo de reducir lo que vemos a nuestras propias limitaciones.

Por eso aquello del "nada es verdadero, nada es falso" que tanto le gustaba a Bergman puede que cobre plena significación aquí y nos sirva como principio rector con el que acercarnos a su cine (sobre todo cuanto más nos acerquemos a su obra capital, 'Persona'). "Nada es verdadero, nada es falso"; una ambigüedad que encaja perfectamente con el final de opereta de este film, que cierra "burlesque" el gran guiñol al que hemos asistido.
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50 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
No leas criticas antes de ver esta película o te decepcionaras. Es mejor no saber nada.
La primera vez que vi esta película quede muy decepcionado. (Por cierto el mismo día que "En el Umbral de la Vida", que me encantó).

“El Rostro” era la película de Bergman que más ganas tenía de ver: por su magnífico casting, por ser una de las favoritas de Woody Allen, por todo lo que había leído aquí, por Von Sydow con ese look tipo Ming en "Flash Gordon", por Ingrid Thulin guapísima haciéndose pasar por chico, por la siempre sugerente Bibi Andersson, por mi amado Gunnar Bjornstrand, por el ambiente de película de la Hammer; pensaba que lo tenía todo... y al ponerme a verla comenzó el desconcierto. No tenía muy claro si estaba asistiendo a una película de suspense o a una comedia teatral (lo que no me permitía disfrutar ni de los gags ni de la intriga) y luego tuve la decepción de que al final todo era un engaño, una comedieta disfrazada de otros géneros.

Jugar en dos campos temáticos tan opuestos a la vez es peligroso, porque puede pasar que no hagas ni gracia, ni crees suspense (aunque Polanski lo hizo de maravilla en “El Baile de los Vampiros”), o que engañes al espectador (como aquí ocurre) y al final se sienta defraudado precisamente por ese engaño, como me pasó a mí. Una revisión de la película (en su versión original) mejoró bastante mi impresión.

Ahora soy consciente de que “El Rostro” es una gran tomadura de pelo de Bergman. Una comedia teatral de misterio a través de la cual intenta demostrar al espectador que a veces “los sueños y la magia pueden triunfar sobre la ciencia y el intelecto”. No en vano, Bergman comentó que esta película era “una broma acerca de la constante lucha que tenían algunos críticos de la época con su cine”. La realidad contra la fábrica de los sueños, en la que él mismo es Vogler, Harry Schein (crítico de la época y marido de Ingrid Thulin) es el científico incrédulo, e Ingrid Thulin es Ingrid Thulin, siempre defendiendo la obra de su maestro Bergman frente a las críticas de Schein. Vista así, la película toma otra dimensión y gana muchos enteros.

Como mayor pega, pienso que (aunque “El Rostro” está muy bien ambientada y muy bien interpretada, con diálogos ingeniosos y ácidos) el humor y el suspense se resienten de estar raramente dosificados a lo largo del metraje. Bergman comentó que el guión original contaba con bastantes más gags cómicos de los que luego terminaron en el montaje final. Y es que, en otras de sus películas, como “El Séptimo Sello”, el humor y la metafísica se encuentran bastante más equilibrados. En “El Rostro”, la dosificación es más rara, quizás debido a que el tono sombrío de las escenas de suspense que envuelven a Max Von Sydow (con su sobrecogedora mirada) chonca brutalmente con el tono cómico de las escenas de vaudeville de las bodegas, por poner un ejemplo, haciendo dudar al espectador constantemente de a qué tipo de filme se está enfrentando.

En definitiva, una gran farsa, impecablemente realizada y muy entretenida, que mejora con cada revisión.
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14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil