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La naranja mecánica (1971)

Sinopsis
Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex (Malcolm McDowell) es un joven muy agresivo que tiene dos pasiones: la violencia desaforada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los drugos, que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
A Clockwork Orange
Duración
137 min.
Guion
Stanley Kubrick (Novela: Anthony Burgess)
Música
Wendy Carlos
Fotografía
John Alcott
Productora
Warner Bros Pictures / Stanley Kubrick Production
Género
Drama Crimen Distopía Thriller futurista Thriller psicológico Película de culto
"Polémica, extraña, agobiante, desagradable y magnética visión de la ultraviolencia a ritmo de Beethoven."
[Cinemanía]
"Encarnizada sátira de una sociedad futura consumida por la violencia y el salvajismo (...) Kubrick en estado puro, con sus defectos y sus virtudes."
[Diario El País]
10
A Clockwork Mandarina, el lado bueno del marketing
Día a día, expertos psicólogos trabajan codo a codo con escritores, cineastas, actores, ilustradores, diseñadores gráficos y artistas en general, con la única intención de manipular nuestro subconsciente y desbarajustar nuestros impúlsos límbicos hasta el extremo de hacernos creer cosas de lo más absurdas (como por ejemplo que Nixán limpia más blanco, o que los refrescos de cola saben bien y tienen un color bonito).
Lo llaman marketing, pero también podría llamarse brainwashing, y, simplificando un poco su elaborado método, se trata de inundar nuestros oidos y retinas (a través de los medios de comunicación y de los carteles en los espacios públicos) con imágenes y sonidos que combinan estímulos atractivos (música molona, imágenes sensuales, frases inspiradas...) con productos inanes (refrescos, contratos de telefonía, hamburguesas...), hasta que, sin darnos cuenta, se producen connexiones neuronales que no deberían producirse y quedamos condicionados y empezamos a babear frente a los escaparates, tal cual el perrito de Pavlov cuando oía campanitas.
Mayormente su objetivo final no es otro que rellenar los bolsillos de las grandes corporaciones haciéndonos consumir sin criterio hasta que se vaya a tomar por culo el planeta.

¿Pero qué pasaría si se intentase usar este tipo de tecnologías con fines más nobles?
¿Qué pasaría si los psicólogos dejasen de hacer el Mal e intentasen manipular nuestras mentes para convertirnos en mejores personas en lugar de en autómatas consumistas?
¿Podría manipularse el subconsciente de un psicópata hasta el punto de hacerle abominar el uso de la violencia?
¿Qué es lo peor que puede pasar si seguimos maltratando algo tan delicado como es el cerebro humano?

La Naranja de Relojería (también conocida como la Naranja del Infierno en Serbia o Naranja Mecánica en España) es una interesante novela de Anthony Burguess que explora estos temas medio en broma medio en serio, y que Stanley Kubrick adaptó al cine casi literalmente.

Y se lió la de Dios es Cristo, no por las profundas connotaciones morales del asunto, sino porque (pausa para bostezo) en la peli había imágenes de sexo y violencia, y, sobretodo en UK, surgieron como setas grupúsculos de proto-skinheads que imitaban a los zumbaos protagonistas del relato y zurraban a los indigentes por la calle.

Un gran libro y una gran peli, pero qué asco de mundo.

Nota: excelente.
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514 de 626 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
la fabricación de la imagen
El oficio de un director no consiste en grabar, sino en concebir.
No debe rodar, sino imaginar.
No debe tomar imágenes, sino esculpirlas.

Cada plano de una película es una creación. Los rodajes de guiones arreglados en montaje sólo conducen a la mediocridad.

Sin permitirse una concesión al relleno, el primer plano de "La Naranja Mecánica" ya es un puñetazo en la mesa. La primera nota de una sinfonía de dos horas.

Cuando el cine se "fabrica" así, no está supeditado a la tensión de la situación, ni al interés argumental, ni a la fuerza de la historia. Cuando se concibe de este modo, no agota. Y soporta mil visionados, como si fuese un buen disco.

Consciente de ello, Kubrick no dejó que la debilidad de "lo impactante" convirtiese en perecedera a su película. Así que cogió al impacto y lo estilizó.
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336 de 409 usuarios han encontrado esta crítica útil
1 158
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1 136
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