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La fuerza bruta (De ratones y hombres) (1939)

7,0
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Sinopsis
George Milton (Burgess Meredith), un hombre inteligente y generoso, y Lennie Small (Lon Chaney Jr.), un grandullón de enorme fuerza, pero limitadas habilidades mentales, huyen en un tren tras ser perseguidos por unos hombres armados. Aunque son tiempos de La Gran Depresión, ambos sueñan aún con tener su propia granja con huerto y animales… y ahora van en pos de un nuevo empleo en el Rancho N°3, donde esperan ahorrar para realizar su gran anhelo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Of Mice and Men
Duración
107 min.
Guion
Eugene Solow (Novela: John Steinbeck)
Música
Aaron Copland
Fotografía
Norbert Brodine (B&W)
Productora
United Artists
Género
Drama Gran Depresión Amistad Discapacidad
Grupos  Novedad
Adaptaciones de John Steinbeck
6
Redescubriendo a Steinbeck
Puede que el desafortunado título que se le dio en castellano haya contribuido al general desconocimiento que se tiene hoy en día de esta película al menos en nuestro país (lo corrobora el dato de que en el momento de escribir estas líneas sólo 74 personas se habían acercado a esta página para votarla y que, de hecho, la mía vaya a ser la primera crítica que se cuelgue de ella.) En realidad, se trata de la primera de las adaptaciones cinematográficas del clásico del Nobel de Literatura norteamericano John Steinbeck “De ratones y de hombres”, rodada pocos años después de su publicación por el ucraniano de nacimiento Lewis Milestone. Parece mentira que pueda haber caído tan en el olvido una producción, cosecha del 39, que incluso llegó a colarse entre las finalistas al Oscar a mejor película en la mítica edición de aquel año.

Mi admiración por John Steinbeck viene de muy atrás. “Al este del Edén” es una de esas lecturas que le marcan a uno para toda la vida de jovencito. A través de sus páginas descubrí aquella prosa deslumbrante, y me quedé enganchado a ella para siempre. Vendrían después otras lecturas en las que poco a poco fui descubriendo a aquel narrador que describía con inmejorable sentido épico los paisajes de la América profunda que le tocó vivir y se hacía eco al mismo tiempo de la dura realidad social de su clase trabajadora. No sólo eso. En esos mismos textos coexistía un Steinbeck más lírico capaz de adentrarse en esos otros paisajes más íntimos que pueblan el alma de los seres humanos.

Cabe destacar que la mayoría de las adaptaciones cinematográficas de los textos de Steinbeck suelen estar a la altura de los originales literarios, algo extremadamente difícil, además tratándose de un autor de su categoría y complejidad. Hágase notar que en el peor de los casos estamos hablando de títulos míticos de la historia del cine (“Al este del Edén”, “La perla”) y en el mejor de auténticas obras maestras (“Las uvas de la ira” cuyo guión fue incluso supervisado por el propio novelista.)

La adaptación que nos ocupa no se encuentra al nivel de las citadas, ni siquiera al de aquella otra que dirigió e interpretó junto a John Malkovich el actor Gary Sinise (el teniente Dan de “Forrest Gump”) a comienzos de los 90., Si bien no lo hace con la profundidad que alcanzaron Ford o Kazan, Milestone consigue trasladar a la pantalla el espíritu de la novela y del mundo de su autor. El retrato de personajes es acertado y el espectador puede ver en todo momento la esperanza brillando en los ojos de todos ellos. No juega a favor del resultado final una puesta en escena demasiado teatral y afectada que quizá venga propiciada de raíz por la escasez de personajes y de escenarios en el material original. Afectada es asimismo la intervención de algunos intérpretes anclados en los mohines y el histrionismo del aún cercano periodo mudo.
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
“Los mejores propósitos de los ratones y hombres”
Todos en este mundo, hombres y animales, soñamos con una vida en paz y en eso, se supone, deberíamos, todos, poner el mayor empeño. Hay muy variadas maneras de visionar este anhelo, pero, en definitiva, la mayoría concluimos en la necesidad de un espacio propio, con suficientes alimentos, acondicionado para jugar y descansar, con seres queridos para prodigarles afecto… y con la suficiente seguridad para poder vivir tranquilos.

No es demasiado grande este anhelo, pero es suficiente para sentir que la vida es amable y generosa. Sin embargo, entre los millones y millones de seres humanos que hay en el mundo ¿Cuántos han realizado este sueño? ¿Cuánto hacemos cada día para lograrlo? ¿Cuál es nuestra contribución para que otros puedan alcanzarlo? y ¿Cuántos son los que, cada día, se convierten en escollo para las aspiraciones propias y de los demás?

La vida es aún más difícil para los que nacen o se crían débiles de carácter, porque los abusivos, los prepotentes e inescrupulosos (más débiles, por su parte, en cuestiones de moral) sabrán reconocerlos… y amargando a aquellos se amargarán ellos, porque la felicidad se torna esquiva para la víctima, pero también y en mayor grado, para el victimario. Es ley existencial.

“De ratones y hombres” (1937), novela de John Steinbeck, es uno de los más sensibles y sublimes retratos de los anhelos humanos que haya podido ofrecernos la literatura universal. Sus personajes principales son los excluidos, los arrinconados, los estigmatizados… y a ellos mira con bondad en sus inevitables falencias y en sus lesivos errores, dejando ver su fervoroso empeño en merecer un poco de lo que, por tanto tiempo, la sociedad en pleno les ha denegado. Pero también recrea, con inevitable reproche, a los “poderosos”, a los patrones que se sobrepasan, que maltratan y abusan.

En este sentido, la novela del galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1962, es un ejercicio de lucha de clases, como lo sería también su siguiente obra maestra “Las viñas de la ira”. Es el pueblo, representado por hombres esperanzados y honestos, a quienes acompaña la mujer sumisa, pero con ímpetu de rebeldía; el anciano que siente que ha perdido su capacidad competitiva, pero a quien no le falta voluntad; el afrodescendiente que, ante la exclusión, acude como alternativa a su derecho a formarse, y el hombre de limitaciones mentales que da lo mejor que puede hasta que sus instintos lo traicionen.

Pero en todo esto -y la película brillantemente dirigida por Lewis Milestone lo reafirma a plenitud-, se preserva latente aquel anhelado y merecido sueño de la humanidad entera, al que, por mucho que algunos hombres se esfuercen aún por hundir entre los pantanos, un día saldrá a flote y será cuando por fin haya luz, verde y viento, agua y sosiego para todos los desheredados.
Curiosamente, no fue la novela de Steinbeck, sino la adaptación teatral que sobre la misma hicieran Sam H. Harris y George S. Kaufman (quien también la dirigió), la que, tras verla representada en una sala de New York, animó a Milestone a llevarla al cine. En las tablas estaban, Lon Chaney Jr., en su gran papel de Lennie Small, Betty Field (Mae) y Charles Bickford (Slim). Solo Wallace Ford, quien en las tablas hiciera de George Milton, fue reemplazado por Burgess Meredith, actor de grandes recursos al que, Milestone, había visto en varios montajes.

Actoralmente, lo alcanzado es inmejorable, resultando también muy especial, el veterano Roman Bohnen como el anciano Candy. La fotografía en los tonos precisos para mostrar una vida gris; y la banda sonora del memorable Aaron Copland, con potentes melodías capaces de hacer aflorar nuestras contenidas emociones.

“LA FUERZA BRUTA” –título con el que se exhibiera en España y Latinoamérica- es un filme de mi más alto aprecio.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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