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Flandres (2006)

6,4
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Sinopsis
Ambientada en la actualidad, narra la historia de un grupo de jóvenes soldados que abandonan su pueblo en el norte de Francia para ir al frente a luchar en una guerra lejana. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Flandres (Flanders)
Duración
93 min.
Guion
Bruno Dumont
Fotografía
Yves Cape
Productora
3B Productions / Arte France / C.R.R.A.V / Le Fresnoy Studio National des Arts Contemporains / Centre National de la Cinématographie (CNC) / Cinecinema / Contact Film / Cofinova 2
Género
Drama Bélico
"Angustiosa y compleja, este terrorífico estudio no es para débiles de corazón. (...) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)."
[Empire]
8
No hay vida tras el infierno
Sabe Dios si tendremos la suerte de ver estrenada en pantallas españolas algún día este film de Bruno Dumont, verdaderamente conciso, diferente, impactante. "Flandres" pasa como un suspiro, a ritmo lento y preciso sobre la naturaleza humana con frialdad y sólo en el último momento, los últimos segundos se rompe la barrera de la incomunicación constante para dar un alarido emocional post-destructivo. "Flandres" es un retrato cinematográfico del horror de la guerra, sin dobleces, sin ningún acercamiento al entretenimiento de un film de acción, la guerra sabe a arena, a rostro inexpresivo, descompuesto, incrédulo, a violencia seca.
De la vida en la granja a la supervivencia en el desierto y el retorno a la granja, las fases de la destrucción de un alma que comete el crímen de regresar del infierno para terminar despertando al amor, o a la necesidad del amor. Dumont trae un cine de altura para cinéfilos ávidos de plasmaciones abiertas a la reflexión. No hay vida tras el infierno.
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Cuando, bajo el hielo, no hay vida
Dumont, como los Dardenne y tantos otros, transitan lo que hace décadas se dio en llamar el "distanciamiento brechtiano". El problema es que no todo el mundo está capacitado para saltar sin red.

Lograr que unos personajes y unas situaciones, descritos desde la radical ausencia de calor y sentimientos, desde los silencios gélidos y la gestualidad automatizada, lograr que esos personajes y esas situaciones lleguen a emocionarnos, consigan transmitirnos vida, es algo reservado a muy pocos. Losey, en "El mensajero", por ejemplo, ofrece un magnífico ejercicio de trapecio sin red. De distanciamiento envolvente y conmovedor.

El problema surge cuando los silencios, la cámara aferrada a los tiempos muertos, la frialdad como esencia, lo intrascendente que se estira, el problema surge cuando, decíamos, esa galería de recursos deja de ser un medio para convertirse en fin.

Y eso le sucede a Dumont. Al final del áspero metraje, ¿qué hay de nuevo?. Nada. A poco que utilicemos el "distanciamiento brechtiano", un ejercicio de estilo, tan pretencioso como poco original, para envolver tópicos mil veces ya vistos.
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15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil