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Nido de nobles (1969)

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Sinopsis
Fiodor Ivánovich Lavretsky regresa a la hacienda de su propiedad después de una larga temporada en el extranjero y una vez consumado el fracaso de su matrimonio. Al poco de llegar conoce a una radiante joven, Liza, hija de su prima, y recibe la noticia de la muerte de su esposa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Título original:
Dvoryanskoe gnezdo
Duración
111 min.
Guion
Andrei Konchalovsky, Valentin Yezhov (Novela: Ivan Turguenev)
Música
Vyacheslav Ovchinnikov
Fotografía
Georgi Rerberg
Productora
Mosfilm
Género
Drama Melodrama Siglo XIX
8
Hay hombres para los que el amor pareciera inalcanzable
Dado que el cine político (“El primer maestro” y sobre todo “La felicidad de Asia”) no le producía el éxito que buscaba, y la última le granjeó serios problemas con el Soviet Supremo, Andrei Konchalovsky optó entonces por pensar en una novela de interés general y de carácter clásico, y fue así como se decidió por “Nido de Hidalgos” de Iván Turguenev, obra que conservaba en su biblioteca y que era muy estimada por los intelectuales de la época. Él mismo, con la colaboración de Valentin Yezhov, hizo la adaptación, y dada la extensión de la novela, decidió centrarse en los hechos que narran la relación entre Fiodor Ivanovich Lavretsky (Leonid Kulagin), el hombre que vuelve a su tierra deseando reencontrarse con sus familiares luego de sufrir una gran decepción amorosa en Europa, y Lisa Mikhailovna Kalitin (Irina Kupchenko), la joven de 19 años que animará su corazón, pero la cual está convencida de que, las relaciones inspiradas en el amor, nunca le traerán felicidad.

Es evidente que se trata de una historia con tintes autobiográficos, pues como su personaje Lavretsky -Ivanovich como él- también Turguenev había vivido una apasionada relación con la soprano Pauline Viardot-Garcia, y como algunos de sus personajes, era muy dado a que Rusia se occidentalizara, habiendo vivido él mismo, largas temporadas en París y otras ciudades de Europa.

En una atmósfera paradisíaca, pero impregnada con la frialdad y la visión pesimista de la vida que poseen aquellos que lo tienen todo, menos el amor, Konchalovsky va trazando una historia de esperanzas y frustraciones, como si fuese la vida la que se propusiera denegarle lo esencial a esa nobleza que, aislada en su mundo de privilegios, se ha olvidado por completo de las carencias económica de sus semejantes.

Konchalovsky es muy fiel a los capítulos tomados de la obra de Turguenev, se ajusta bastante a sus diálogos, y aunque se ve obligado a prescindir de buena parte de la historia -sobre todo de la detallada y relevante relación de su progenitor con su madre, la doncella Malania- logra un filme de excelente colorido y gran belleza visual, y bastante decoroso en sus aspectos narrativos. Como era común en las novelas de Turguenev, el trazo es elegante e intelectual, con diálogos muy cuidados, y pintado todo de una espiritualidad que se expresa con palabras, pero que extrañamente choca luego con la fatalidad que devora a aquellas almas solitarias.

Pero “NIDO DE HIDALGOS” es historia de una época y de una clase cuya definitiva decadencia, en unas cuantas décadas más, comenzaría a vislumbrarse ya en el horizonte.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Del sentimiento trágico de la vida
«Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa».
Jane Austen

Tercer largo de Konchalovsky, Nido de nobles es una prodigiosa adaptación de la segunda novela de Turguénev.

Fiodor Ivanovich Lavretsky vuelve a casa. Desde su nacimiento, su alma ha quedado escindida entre el pueblo –su madre, sierva– y la aristocracia –su padre, el amo–. Su viaje por Europa no le ha traído la ansiada felicidad. Su matrimonio ha fracasado. Su juventud se ha marchitado.

Pero queda la esperanza de la redención. Del amor. Se nos presenta la dicotomía entre el "eros" parisino, carnal y disoluto con el amor puro, conyugal y eslavo. El amor de la bella y joven Lisa Mikhailovna Kalitin.

Una premisa clásica en la novela romántica, en la que el personaje principal -casi siempre femenino- debe elegir. Y de su elección nace la tragedia.

En Nido de nobles, la cuestión es precisamente que esa alternativa ya no es posible.

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Konchalovsky nos regala un esteticismo académico, aristocrático, decadente. Digno del mejor Visconti.

La quietud de los planos, el lirismo del texto y el lento discurrir de la tragedia nos sumerge en una obra de arte total, wagneriana.

Presenciamos el aniquilamiento moral de una raza. Una nobleza marchita, incapaz de resolver sus propias contradicciones.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil