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El batallón de las sombras (1957)

6,3
220
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Sinopsis
Sueños, esperanzas y pasiones de los habitantes de una populosa y humilde casa de vecinos de Madrid. Entre ellos, un inventor que siempre inventa lo que ya está inventado, un compositor, una chica de alterne, una comadrona, un repartidor de una pastelería, un joven pintor... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
El batallón de las sombras
Duración
102 min.
Guion
Manuel Mur Oti, Manuel Tamayo
Música
Guillermo Cases
Fotografía
Juan Mariné (B&W)
Productora
Cesáreo González Producciones Cinematográficas / Suevia Films - Cesáreo González
Género
Drama
6
«¿Soy muy poco para ti?»
Película nada intrascendente la que nos deja Manuel Mur Oti en una década de los cincuenta en la que el cine español estaba cada vez más en expansión artística y creativa. De este mismo año es la estupenda «Distrito quinto», de Julio Coll, por cierto, pero ese es otro tema.

Aquí el tema es la mujer. Las mujeres. Esas criaturas vulnerables y sin ningún valor, innecesarias, anexos de los animales que dominan el mundo: el hombre. Así nos lo dice el narrador que rompe la cuarta pared al principio y al final de la película, en un sarcasmo ácido y claramente crítico hacia ese pensamiento que antes que machista yo prefiero llamar misógino. ¿Qué papel tenemos las mujeres en el mundo? ¿A qué podemos aspirar? ¿Qué es, en definitiva, ser una mujer?

En «El batallón de las sombras» podemos encontrar diferentes respuestas, la mayoría contrarias a lo que la opinión pública dicta en la actualidad, pero yo la verdad es que creo que la película tiene mucha más sustancia que a primera vista, y en una lectura antifranquista, podemos dar. La mujer de «El batallón de las sombras» muestra una ambivalencia que me parece necesario destacar: es una mujer que en todo momento se divide entre lo pasivo y lo activo. Es una mujer que puede que no domine la vida pública, pero sí la privada, la del hogar, la del vecindario, la de la escalera, la de los hijos, la de los maridos y amigos, la de la conciencia y la moral. El hombre batalla fuera, sí, y hasta muere fuera, pero la mujer batalla dentro en una labor que otros se han empeñado en quitarle mérito e importancia, cuando es fundamental, imprescindible. Las mujeres de «El batallón de las sombras» pueden vivir perfectamente sin un hombre, algunas lo demuestran y de otras lo intuimos, pero ¿ellos podrían vivir sin una mujer? Lo dudo.

En la película se cuenta la historia de varias mujeres de distintas edades y las vicisitudes que tienen que acarrear, la mayoría por culpa o a consecuencia de los hombres que las rodean. A fin de cuentas, son mujeres enamoradas, y eso también hay que tenerlo en mente a la hora de juzgar el comportamiento más o menos correcto de estas señoras. Mi historia preferida es la de Lola, con una guapísima y carnal Emma Penella, que despertará en nosotros una ternura infinita. Una historia triste y bella que de verdad me hace llorar, y mucho.

Interesante.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Buen cine, pésima moral
Realización impecable, narrativa irregular y moralidad oprobiosa. El tandem Tamayo-Mur Oti quiere hacer pasar por homenaje lo que en realidad es un llamamiento a la mujer para que lleve con resignación, incluso orgullo, una vida de sacrificio en favor del hombre. La falsedad parte ya de la estructura del relato, con varias parejas en las que la esposa realiza las tareas de la casa, cuida de los hijos y aún aporta dinero cosiendo y planchando para fuera, mientras el marido se pasa el día lamentando su mala suerte.

La historia, bien dialogada y bien filmada, camina con paso firme hasta que de golpe, se derrumba. Esto sucede cuando entra en escena el personaje infumable de una prostituta que, en un proceso de conversión, que tiene más de místico que de social, abjura del lujo pecaminoso y abraza la virtud del ama de casa. En consecuencia, cambia sus vestidos de noche por el delantal y disfruta fregando escaleras con un estropajo.

Paralelamente, los maridos, que hasta ese momento han sido mostrados como inútiles, aprovechados, egoístas y ridículos, sufren el ataque de un virus extraño, probablemente la variante masculina del que atacó a la prostituta, y se convierten en hombres de pro. El caso más significativo es el del inventor de cosas inventadas, que sin haber dado jamás un palo al agua, agarra un pico y trabaja veintidós horas seguidas, sin descansar ni para comer, y aún estaría dando picotazos si no se lo hubiera impedido el capataz. El milagro se complementa con la ausencia de agujetas, tirones de espalda u otros achaques que habría sufrido cualquier individuo normal. Pero es que sobre él recae la responsabilidad de reivindicar a su género.

Tratándose de mujeres no podía faltar el tema de la maternidad obligada. Hijos los que Dios envíe, dice la comadrona, y para que así conste, abofetea al padre que reniega de sus hijos, a los que no puede alimentar, cuando se atreve a expresar el deseo de que su mujer, nuevamente embarazada, aborte.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil