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47 Ronin (1962)

Sinopsis
En el Japón feudal del siglo XVIII, un joven noble intentará combatir la corrupción oficial que se abate sobre los Shogun. Asano ha decidido combatir a Kira, un viejo señor feudal, que ha logrado su posición mediante actos injustos y corruptos. Por ello se niega a pagar los tributos que Kira le reclama. Al conocer la decisión, Kira pone en marcha un plan para humillarle, empujando a Asano al harakiri por honor. Los samuráis que sirvieron a Asano, ahora marginados ronin, prepararán la venganza de su antiguo señor. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Chûshingura
Duración
207 min.
Guion
Toshio Yasumi
Música
Akira Ifukube
Fotografía
Kazuo Yamada
Productora
Toho
Género
Drama Japón feudal Siglo XVIII Samuráis Basado en hechos reales
8
El honor Samurai.
Sin duda una de las películas donde mejor se ve representado lo que se ha conocido como el honor samurai. Basada en una de las leyendas más arraigadas de Japón, ésta es la mejor versión, junto con la de Mizoguchi, del mito de los 47 Ronin. Cuenta la historia de la venganza de los vasallos del noble Asano, que tras quedarse sin amo (y por lo tanto erigirse en Ronin, una deshonra para los samuráis) idean un plan para acabar con el corrupto Kira, responsable del fin de su honrado señor. Relato tan hermoso como duro y cruel, quizá difícil de entender para la moral occidental.

Larga y densa película, plagada de estrellas niponas (aquí están tanto los Mifune y Shimura, tan conocidos de las películas de Kurosawa, como la dulce Setsuko Hara, pródiga en las películas de Ozu), toca muchos de los temas esenciales de la cultura japonesa feudal, como la corrupción del Shogunato, la injusticia del sistema nobiliario, la desigualdad de clases, la extrema rigurosidad de las leyes, la severidad de las conductas y convenciones sociales o, por supuesto, el honor samurai. Viene a remarcar, a la manera nipona feudal, la diferencia entre la ley dada y la ética personal. Rodada con maestría, sobriedad y solvencia (aunque seguramente sin genio) por un director tan notable como Inagaki, repleta está de momentos tan bellos como trágicos. Uno de los mitos esenciales de la cultura nipona.
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20 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Plato frío
La historia real de Asano Naganori (Yuzo Kayama) y Kira Kozukenosuke (Chusha Ichikawa), ha sido escrita, representada y filmada en numerables ocasiones, pero me atrevo a decir que no existe mejor versión que la que el director nipón Hiroshi Inagaki (célebre por su trilogía Samurai) filmó sobre los 47 ronin (siervo sin dueño) de Asano Nagori.

Dice el refranero popular que la venganza es un plato que se sirve frío. El Chamberlain Oishi Kuranosuke (Koshiro Matsumoto) espero dos años para poner en práctica su plan. Un plan que conducía irremediablemente a la muerte.

Hoy en día el código samurai no tiene cabida en este mundo, pero cuando termino de ver esta película mi admiración por ese loco código no tiene límites. Para contar los dos años que trascurren Inagaki necesita filmar tres horas y media. Muchos dirán que su metraje parece excesivo; a mí me parece casi insuficiente.

Aunque se puede considerar como una película coral debido a la multitud de historias y personajes que Inagaki consigue ensamblar en la historia con tremenda pericia, sobresalen las portentosas actuaciones de Kayama y Matsumoto. La participación de Kayama es exigua, pero participa en la escena más importante de la película y a pesar de que quedan aún más de dos horas de película en el momento en que desaparece, su presencia no nos deja hasta el final de la cinta.

Matsumoto reta a un personaje que cambia de registros durante la película. Crea tanta veracidad, que si no se conoce la historia de antemano, consigue que el espectador caiga en la absoluta inopia. Unido ello a la mano maestra de Inagaki para narrar la historia (llenándola de brillantísimas elipsis temporales) convierte a 47 Ronin en un ejercicio de sutileza donde el espectador debe de prestar toda su atención en la historia. Kuranosuke (Matsumoto), con gesto severo, visita dos años después de la muerte de Asano a su viuda Aguri (bellísima Yôko Tsukasa). Creo que si en ese momento quitara la voz a la escena, me parecería igual de hermosa y poderosa. Y es que, amigos, hay momentos en que el cine se trasforma “sólo" en imagen y aquí ambos actores son imagen y emoción viva. Lo que se esconde en lo que no se dice, es un argumento más de la sutilidad que Inagaki está impartiendo desde el inicio de esta película.

Con el último haiku escrito por Asano antes de su muerte se compone el tema principal de la banda sonora de la película. Es una pieza que pone los pelos de punta y cada vez que suena, el plato se enfría un poquito más. Hasta que llega la nieve.
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil