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House of Cards (Serie de TV) (2013)

House of Cards (Serie de TV)
Trailer
8,0
26.599
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Sinopsis
Serie de TV (2013-2018). 6 temporadas. El implacable y manipulador congresista Francis Underwood (Kevin Spacey), con la complicidad de su calculadora mujer (Robin Wright), maneja con gran destreza los hilos de poder en Washington. Su intención es ocupar la Secretaría de Estado del nuevo gobierno. Sabe muy bien que los medios de comunicación son vitales para conseguir su propósito, por lo que decide convertirse en la "garganta profunda" de la joven y ambiciosa periodista Zoe Barnes (Kate Mara), a la que ofrece exclusivas para desestabilizar y hundir a sus adversarios políticos. Nueva adaptación de la novela homónima de Michael Dobbs, en la que se basó una miniserie británica de 1990. (FILMAFFINITY)

Estreno 6ª y última temporada (vía Netflix): 2 noviembre 2018.
Dirección
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Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
House of Cards (TV Series)
Duración
50 min.
Guion
Beau Willimon, Andrew Davies, Michael Dobbs, Kate Barnow, Sam Forman, John Mankiewicz, Laura Eason (Novela: Michael Dobbs)
Música
Jeff Beal
Fotografía
Eigil Bryld, Igor Martinovic, Martin Ahlgren
Productora
Netflix / Media Rights Capital (MRC) / Panic Pictures / Trigger Street Productions
Género
Serie de TV Drama Thriller Política Periodismo Remake Serie Online
Premios 29
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8
Juego de tronos en El ala oeste de la Casa Blanca
Rajoy, Rubalcaba, Aguirre, Mas, Zapatero, Aznar, Díez, Bárcenas... Todos simples aficionados al lado de Francis Underwood, el político definitivo. Y desde ahora, damas y caballeros, uno de sus antihéroes favoritos.

Porque si algo tiene claro Francis, a diferencia de nuestros políticos patrios, es que el dinero es algo meramente accesorio y que palidece frente al recurso más valioso: el poder. Y sobre eso giran los trece capítulos de House of Cards; sobre el poder, sobre las artimañas traperas que se requieren para obtenerlo y sobre el grado de corrupción que supura al intentar mantenerlo.

Sus compañeros de partido, sus rivales, la prensa, los guardaespaldas y hasta su propio matrimonio no son más que herramientas que el titiritero Underwood hace bailar con el único fin de llegar lo más alto posible. Caiga quien caiga. Eso no quiere decir que nuestro querido congresista sea infalible, pero desde luego sí que resulta implacable en su lucha de poder.

Es por ello que sobre este personaje central, ejemplarmente llevado por Kevin Spacey, recae todo el peso de este remake financiado por el servicio online Netflix. Spacey, como ya hacía Ian Richardson en el original británico, detiene en ocasiones la trama para dirigirse directamente al espectador y hacer gala de su ilimitado cinismo en la explicación de sus planes. A veces, una sola mirada suya a cámara basta para expresar ironía, convicción, rabia o desidia.

Fría y sucia en su manera de presentar los movimientos entre bastidores, oscura (en las formas y en el fondo) y paciente a la hora de ir desvelando sus cartas. Una gran serie que se completa con nombres de la talla de David Fincher o Joel Schumacher tras la cámara. Un castillo de naipes donde los lobos llevan piel de lobo y no hay espacio para los corderos.
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8
Castillo de naipes
“House of Cards” nos presenta a su personaje principal practicando una eficaz eutanasia a un perro moribundo:

«Hay dos tipos de dolor... El tipo de dolor que te hace aún más fuerte y el dolor innecesario, el tipo de dolor que solo trae sufrimiento. No tengo paciencia para cosas innecesarias. En momentos como este se necesita a alguien que actúe, que haga las cosas desagradables, pero necesarias. Ya está. No más dolor.»

¿Por dónde empezar con una serie tan difícilmente abordable por su multitud de arpones lanzados en distintas direcciones? El propio poder debería ser el gran marco de un resonante cuadro y, rápidamente, Francis Underwood (Kevin Spacey) nos dará un recital de hábiles lecciones para facilitar la construcción del gran castillo de naipes que tiembla bajos sus pies:

«Eligió el dinero en lugar del poder. En esta ciudad, un error que cometen casi todos. El dinero es el McMansion en Sarasota que empieza a venirse abajo después de diez años. El poder es el viejo edificio de piedra que permanece durante siglos. No puedo respetar a alguien que no percibe la diferencia.»

Francis rompe la cuarta pared para dirigirse a su audiencia, nos habla… y nos convertimos en cómplices de sus maquinaciones y habilidosos complots. Muchos planos y discursos nos evocan a “Boardwalk Empire” e incluso a las tramas políticas de lo mejor que vimos en “Boss”, pero el concepto aquí es diferente. Nos gusta observar la maldad… y esta vez la maldad nos observa a los ojos para remitirnos al cierre de “American Horror Story: Asylum”: «Solo recuerde... que si mira al mal a la cara, el mal va a mirarla directamente a usted». Aquí el mal nos da la bienvenida a Washington y nos introduce en su mundo mientras que Netflix declara sus intenciones: no habrá paz para los malvados… porque aquí los malvados somos los testigos y espectadores. “House of cards” nos habla de la adaptación del mal, no importa el traje ni el escenario… la maliciosa sombra siempre sabrá recorrer su camino y así yacen el recital de secundarios y conspiraciones. Desde un autodestructivo congresista, utilizado como un kleenex empapado en alcohol, drogas y prostitutas (Corey Stoll), hasta una arribista periodista en busca de fama (Kate Mara). Todo vale dentro de una partida en la que las cartas de la baraja están marcadas y en la el crupier nos sonríe conociendo nuestro fatídico destino. Lo brillante de la adaptación de la serie de BBC es que combina perfectamente la esencia de una película de estafadores (de guante blanco) con una ramificación política tanto en su vertiente dramática como conspirativa y, aunque la parte troncal de la primera temporada pueda perder fuelle, sus primeros y últimos capítulos son tremendamente notables.

El mismísimo diablo contoneara grácilmente su rabo entre despacho y despacho de Washington y cuevas gubernamentales repletas de serpientes, peligrosas víboras y ladrones profesionales con traje y corbata, para formalizar su venganza y asalto de poder. Interesa que para conseguir dichos objetivos la política ansíe manipular los medios de información mientras que se constata su crecimiento viral y virtual del cuarto poder.

Estamos ante una producción elegante y con mucho talento tanto en guión, dirección e interpretación con capítulos perpetrados por David Fincher o Joel Schumacher. De acuerdo, nada nuevo dentro de la excelencia catódica de la televisión pero la línea continuista de ese nuevo orden de oscuridad política parece más fuerte e incisiva en esta ficción. Nos interesa, por lo tanto, la construcción del personaje y ese castillo de naipes que va levantando para constar su venganza… utilizando y descartando naipes a su antojo. Tiene su cinismo pero prefiera cierta concisión para solventar la credibilidad de un mundo tan oscuro como el nuestro. El juego de máscaras ni es tan revolucionario ni especial aparentemente pero podría recordarnos al “Valmont” de Milos Forman, donde los personajes nunca dicen la verdad y exponen la mentira sibilina codificada. La Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont están felizmente casados y habitan en las cloacas de Washington enmascarando su oscura naturaleza y ansias de poder. Los lobos aúllan y han comenzado por devorar primero los corazones de los espectadores que quedaron prendados viendo los ojos de las hambrientas bestias deseosas de poder que pasean por “House of cards”. «Solo recuerde... que si mira al mal a la cara, el mal va a mirarle directamente a usted».
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