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Saraband (TV) (2003)

7,6
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Sinopsis
Treinta años después de divorciarse, Marianne, obedeciendo a un impulso repentino, visita a Johann, que ahora vive retirado en su casa de verano en la isla de Dalarna. Continuación de "Secretos de un matrimonio" (1973). (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Suecia Suecia
Título original:
Saraband (TV)
Duración
107 min.
Estreno
18 de noviembre de 2005
Guion
Ingmar Bergman
Fotografía
Stefan Eriksson, Jesper Holmström, Per-Olof Lantto, Sofi Stridh, Raymond Wemmenlöv
Productora
Sveriges Television
Género
Drama Secuela Telefilm
"Filme sereno y doloroso como pocos, tocado por el insondable misterio del genio"
[Diario El País]
"La conclusión y la génesis de Ingmar Bergman. (...) sencilla, directa, pequeña, casi humilde definitiva película"
[Diario ABC]
8
La vida es cosa de dos.
A mí lo que más me gusta de esta película es su sinceridad. Es como si Bergman cogiera un cuchillo y se abriera en canal. Va al grano. Su existencia se marchita, no cabe duda de que le queda poco (nació en 1918). Y él recapitula. Siempre nos ha ofrecido profundas reflexiones sobre los temas que le interesaban, siempre ha tratado de dejar constancia de su conflicto interno. Ha tratado de ahondar en nuestros miedos, en nuestra naturaleza liviana y caduca, en los pretextos que buscamos ante lo inexorable. La muerte acojona y Bergman protesta ante nuestra ignorancia; busca y, como no puede ser de otra forma, no encuentra. Con las relaciones de pareja igual. Me da la sensación (por anécdotas leídas aquí y allá, no soy un conocedor de la vida privada del director) que este tipo es un ser torturado por su propio carácter y por la importancia que siempre le ha dado a la reflexión y a la búsqueda de algo que es inaprensible. Desde luego veo notas de su carácter en fresas salvajes (ahora, con perspectiva y después de ver Saraband, compruebo la madurez de esa cinta), en Secretos de un matrimonio... Creo que Bergman es una bestia en constante lucha consigo mismo. No ha conocido la paz, ha buscado en el cine una terapia, un exorcismo. Y creo que al final (de la cinta y de su ciclo vital) lo que nos dice es que no hay nada más. Que en nuestra propia aceptación está el consuelo (no, tampoco). No sirve de nada la culpa, la religión, la búsqueda de algo de luz en nuestra propia conciencia... pese a que no podamos esquivar el constante examen de nosotros mismos.

Pero Bergman al final nos deja el camino abierto. El amor. Sí, el amor imperfecto (el ser humano no es capaz de otro). Amor como dolor por una pérdida, como el vacío de un reencuentro o un desencuentro permanente, amor que nos hace dudar, que no nos deja libres... Amor como necesidad imperfecta de una caricia. El amor está en la madurez, en la dulzura. Pero hay otro amor que es el mismo, o surge del mismo sitio, un amor que nada tiene que ver con lo que el cine nos plantea habitualmente, un amor tan agresivo, obsesivo y egoísta como cualquiera de nosotros. No hay conjura posible en el análisis, no hay solución en plantear las cuestiones como lo hace Bergman. Sólo vale tratar de fundir el odio y el amor y que convivan e interactúen como dos músicos condenados a entenderse en una sarabanda.
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109 de 119 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Drama de actores y de sentimientos encontrados por las ansias de poder y dominio
Escrita y dirigida por Ingmar Bergman para la TV, fue rodada en video de alta definición y transferida a soporte digital. El realizador se opuso al transfer a celuloide de 35 mm para evitar mermas de calidad de imagen y sonido. Rodada en Suecia y producida por Pia Ehrnvall, se estrenó el 1-XII-2003.

La acción tiene lugar en el condado de Dalarma (Suecia), poblado de bosques, en 2002/03, a lo largo de unas tres semanas. Narra la historia de Johan (Erland Josephson), profesor universitario jubilado, de 86 años, que pasa el verano en su casa de campo. Inesperadamente recibe la visita de una antigua esposa, Marianne (Liv Ullmann), abogada, separada, de 63 años, a la que no ha visto en los últimos 30/32 años. La visita se prolonga unas semanas, lo que involucra a Marianne en las relaciones de Johan con su hijo Henrik (Borje Ahlstedt), de 61 años, prejubilado, y en las de ambos con Karin (Julia Dufvenius), de 19 años, hija de éste y de Anne, fallecida de cáncer dos años antes.

La película explora los sentimientos que anidan en una familia (abuelo, padre viudo e hija). El padre, Henrik, se debate entre el recuerdo angustiado de su esposa, a la que le unió un gran amor correspondido y las ansias de dominio de su hija, a la que mantiene sometida como profesor, padre y amante incestuoso. El abuelo, rico, excéntrico y solitario, profesa un odio inveterado al hijo, con el que mantiene una pugna pertinaz por la conquista del afecto de Karin. Marianne, cogida de improviso entre fuegos cruzados, actúa como confidente imparcial y amortiguador de las tensiones. Karin, joven e inexperta, sufre la presión y los abusos del padre y las intromisiones del abuelo, que más que mirar por ella trata de derrotar al hijo en el terreno que más le duele. Anne, la esposa y madre admirada, omnipresente en el recuerdo, interviene a través de una carta que dirigió a Henrik poco antes de morir. La Srta. Nilson, sirvienta del abuelo, sin aparecer en escena, va sujetando las riendas que le permiten dominar a Johan, aislarlo del exterior y someterlo, a la manera del protagonista de "The Servant" (1963), de Losey. A lo largo del relato se hacen presentes las obsesiones de Bergman por la religión, los escrúpulos luteranos, la proximidad de la muerte, la fascinación por la mujer, la incomunicación, el amor de pareja, el afecto padres-hijos y la soledad inevitable. Son escenas destacadas la del reencuentro en la cama de Joahn y Mairanne, la huída de Karin por el bosque y la decisión de ésta de proyectar por si misma su propio futuro.

La música reúne obras de Bach, Bruckner y Brahms. La fotografía muestra preferencias por los primeros planos, los rostros, el claroscuro y los colores crema y marrón. El guión construye un relato apasionante y vibrante. Las interpretaciones principales son magistrales. La dirección exhibe maestría, madurez y sabiduría.

La película constituye una sinfonía de sentimientos humanos encontrados, contradictorios y en pugna por el domino de los demás.
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49 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
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