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Luz de luna (Serie de TV) (1985)

6,6
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Sinopsis
Serie de TV (1985-1989). 5 temporadas. 66 episodios. La guapa e inteligente Maddie Hayes (Cybill Shepherd) y el simpático caradura David Addison (Bruce Willis) forman una encantadora pareja de investigadores privados, pero la jefa es ella. Popular serie de televisión con mucho humor, un poco de intriga, tensión sexual entre los protagonistas y un estilo sofisticado y elegante. (FILMAFFINITY)
Dirección
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Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Moonlighting (TV Series)
Duración
60 min.
Guion
Glenn Gordon Caron, Ron Osborn, Jeff Reno, Kerry Ehrin, Roger Director, Charles H. Eglee, Debra Frank, Carl Stautter
Música
Alf Clausen
Fotografía
Gerald Perry Finnerman
Productora
Emitida por la cadena ABC
Género
Serie de TV Intriga Comedia Comedia romántica Crimen
Categorías 1
9
"Qué entrada, eh?"
Yo tenía cinco años cuando David Addison confirmó para mí la existencia de dos géneros bien diferenciados. A partir del primer instante en que Bruce Willis esgrimió su primera media sonrisa curvando pronunciadamente una flecha en la comisura derecha que parecía apuntar al cielo descubrí que él era un hombre y yo un proyecto de mujer. Y eso fue cuando las mujeres llevaban zapatos de tacón de aguja, hombreras de jugador de rugby y el pelo voluminoso y enlacado. Cuando no había hombres como David Addison, tan polifacético que marea de puro inverosimil: brillante, encantador, divertido, sensible, romántico y un golferas impresentable, pero paradójicamente enamorado hasta las trancas de una harpía estirada. Ah, y sexy, muy muy sexy; con sus entradas y su barriguilla incipientes incluídas en el pack.
Y aquí estoy yo, casi dos décadas después preguntándome por qué me engañaron así. Ni los había entonces, ni los hay ahora. David Addison pertenece a una raza exclusiva y unitaria que se extinguió con el fin de la quinta temporada de Luz de luna en 1989. Bruce Willis le imita de cuando en cuando, pero en ocasiones resulta grotesco y/o vergonzante y sólo consigue recordarme hasta que punto David esta muerto y bien enterrado. Ya no hay golfos como los clásicos. Hoy vi a Dudley Moore en "Arthur, el soltero de oro" y lloré. Qué nostalgia de aquellos ochenta que viví desde la óptica de un comino...

¿Y qué decir de Cybill? Maravillosamente atravesada por un gigantesco pepino metido por su gran y sobervio trasero. Qué digna y risoria al mismo tiempo. Las chicas como ella sólo se acostaban con el chico a partir de la tercera temporada. Eso sí era tensión sexual no resuelta de calidad. Todos confiábamos en la máxima seguridad del cinturón de castidad de la Shepherd. La bragas de acero y el follarín; no se me ocurre mejor combinación. A la altura de las grandes comedias del Hollywood de los treinta y cuarenta. Estoy segura de que si nunca se hubiesen acostado (sus personajes, no me meto en el sexo entre bastidores; aunque no es un tema poco interesante...) la serie hubiese durado otros tres o cuatro años más. Lástima que Bruce se agenciara aquella camiseta blanca de tirantes.
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43 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Helena de Troya
Bueno, no era de Troya, era de Soria, pero sí se llamaba Helena.

Compartimos aulas tres años y recuerdo perfectamente —con esa claridad fotográfica con que se embalsaman determinadas escenas, y que si uno fuese director de cine las podría recrear con todo lujo de detalles— la mañana que, al término de una clase de gimnasia, se acercó y me preguntó:
—Oye, ¿tú ves "Luz de luna"?
—Sí —respondí. Y entonces, abriendo exageradamente los brazos, exclamó:
—¡SOMOS NOSOTROS!

Me di cuenta que tenía toda la razón del mundo. Esa relación ficticia reflejaba exactamente la nuestra. No era posible tanta casualidad; seguro que algún profe avispado que tenía contactos con los yanquis nos observaba en secreto y les enviaba ideas a los guionistas. Y pienso en el pobre Bruce Willis, que aún no sabe que el papel que le dio la fama estaba basado en mí.

Como a Helena, no he vuelto a ver "Luz de luna". Probablemente, como ocurre con muchas series, fruto de su tiempo, haya envejecido. Pero sí puedo decir, desde la memoria, que durante su emisión disfruté mucho con ella, con su humor, con ese toma y daca constante entre los personajes y esas réplicas ingeniosas de alta comedia bajo las cuales se agazapaban los sentimientos nunca explicitados. Era desternillante la recepcionista y Cybill Shepherd me parecía muy guapa.

Pero no tanto como Helena, claro. Sobre todo sus ojos, los más bellos que me han mirado nunca. Recuerdo que muy pocos años después, charlando con otra amiga que me interrogaba al respecto, intenté definirlos: "Es que no era el color, ni la forma… Era la mirada. Una mirada que no se detenía al chocar con la mía, sino que sin esfuerzo alguno parecía atravesarme, como si yo fuese de cristal, y se posaba suavemente en algún punto difuso del horizonte". Esta otra amiga espetó, con cierto desdén: "Bah, esto es que era miope y no quería ponerse gafas" (sirva este inciso como consejo preventorio a los lectores de mi género más jóvenes: si queréis tener una conversación interesante con una chica, no le gloséis las virtudes de otra chica; por alguna extraña razón no le causará el mismo entusiasmo que a vosotros).

De Helena conservo, por cierto, una fotografía.

Y va y sale con los ojos cerrados.
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31 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil