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Won't You Be My Neighbor? (2018)

Won't You Be My Neighbor?
Trailer
7,2
136
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Sinopsis
Una exploración de las lecciones, la ética y el legado del icono de la televisión infantil Fred Rogers. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Won't You Be My Neighbor?
Duración
93 min.
Música
Jonathan Kirkscey
Fotografía
Graham Willoughby
Productora
Tremolo Productions. Distribuida por Focus Features
Género
Documental
8
Qué Bueno que viniste a Saludar
Nunca tuve una niñez usamericana.
Por eso no sé nada de presentadores con suéteres coloridos, marionetas animales que cantan con sus amigos o programas infantiles hablando del mundo en que vivimos.
Pero maldita sea si este documental no consigue, de manera entrañable, que tú también seas uno de los niños que se sentaba delante de la pantalla, a la espera de Mr. Rogers.

'Won't You be my Neighbor?' es un vistazo a esos años en los que todavía queríamos una persona amable en la televisión.
Sus colaboradores recuerdan "cuando entraba calmadamente y se ponía el suéter con los zapatos... es como si hubiéramos entrado con él a un espacio en el que todos nos sentíamos cómodos", siendo eso una costumbre que nunca dejó de hacer.
Del primero al último programa de 'Mr. Roger's Neighbourhood', él nunca olvidó que eran los pequeños gestos los que abren corazones enteros.

Y no hacía falta payasos, superpoderes, persecuciones o tonterías: solo una comunidad unida de sencillos vecinos, en el que todos se sentían bienvenidos.
Quizá los personajes eran leves impresiones de imaginación sobre personas reales en la vida de Fred Rogers, o tal vez metáforas elaboradas de aquellos temas o noticias vedados en casa de los telespectadores, pero eso nunca importó.
Como no dejan de resaltar familia y amigos, lo más importante es que aquel vecindario funcionaba, porque los que allí vivían no paraban de ayudarse mutuamente y sentirse queridos cuando los más banales problemas, los que eran sesgada ficción, siempre tenían fácil solución.

Me da la impresión de que Mr. Rogers arregló el mundo desde la nada, y no, fue que probablemente nadie más que él quiso ver el poder de la televisión para dar un soporte concienciador a las mentes del mañana.
Sin edulcorar nada, sin huir de los temas espinosos, por mucho que fuera difícil pensar en abordarlos.
En otros programas infantiles había violencia, rapidez, ingenio, hasta puede que aprecio: pero jamás nadie se tomó el tiempo necesario (minutos enteros) para que se hiciera sentir un "te quiero, y te acepto".
Las mismas palabras que tantas veces damos por sentadas, y en realidad hay que repetirlas para que nadie piense que solo las dice un muñeco de trapo: impagable ese momento en que François Clemmons, el policía del programa, se da cuenta de que Fred Rogers jamás le dijo nada que no fuera cierto.

Nunca conocí a este hombre, y ya le echo de menos.
Es curioso que solo cuando nos recuerdan lo importante que es la amabilidad es cuando nos damos cuenta de lo mucho que falta.

Aunque, como tiernamente nos recuerdan al final, siempre habrá personas que te han enseñado pacientemente, a las que no has dejado de importar y te han impulsado a ser la mejor versión de ti.
No salen por la televisión, no son la respuesta más obvia... pero al cerrar los ojos y concentrarte te vienen a la memoria: el legado de Fred es recordarte que hay gente buena, alegrándose de verte.

Olvidamos que hacemos cada día especial solo por ser nosotros. Que no hay nadie en todo el mundo que sea igual que cada uno. Y que la gente puede quererte tal como eres.
Hagámoslo saber, siempre que podamos, para nunca darlo por sentado.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Los vecinos mejor cada uno en su casa
Mr. Rogers es completamente desconocido para los del otro lado del charco, así que la primera impresión según veía este edulcorado homenaje es que la cosa se iba a torcer por algún lado, lo más probable hacia los abusos infantiles. Porque a ver... un señor mayor diciendo a todos los niños que les quiere mucho y tal, a mí muy buen rollo no me da. Y cuando ya se ponen a alabar a cristos y mandangas, ni te cuento.

Básicamente este señor profesaba el amar al prójimo para los críos y les hablaba con ternura y explicaba algunos aspectos como la muerte o el divorcio. El caso es que en realidad en el documental no nos muestran ninguno y casi todos los clips son sobre el amor, lo únicos y especiales que somos todos y lo coñazo que debía ser encontrarte a Mr. Rogers un lunes a primera hora de la mañana.

A priori el tomar a los niños más en serio no parece un mal mensaje. Yo me eduqué con maratonianas jornadas de dibujos, con énfasis en el manga donde a veces salían tetas y culos, y tampoco he salido tan mal. En cualquier caso, pareciera que lo que quieren decirnos con este documental es que hubo una época dorada en que una generación de niños americanos crecieron con valores mucho mejores que los actuales. Este es el canto de siempre de los vejestorios. Antes al profesor se le respetaba más y mira qué ciudadanos tan cívicos. Antes a los mayores se les tenía en cuenta y ahora ni el asiento del autobús te dejan... etc.

Todo sandeces. Si hablamos de la generación que ahora tiene 50 y tantos años, menudo repaso se les puede pegar con la que han llegado a liar hasta la fecha. Mientras nos comemos los marronazos que nos dejan, además tenemos que aguantar sermones. Vaya jetamen gastan.

Se puede educar mejor y se puede educar peor, pero los dibujos de mamporros y los videojuegos no han alterado el producto final del niño. El amor y todo eso está muy bien, pero mejor parada sale una sociedad todavía si se enseña a sus futuros ciudadanos el valor de una sanidad y educación públicas, universales y gratuitas. Esto Mr. Rogers por lo visto no lo consideró tan importante y ahora esos niños son adultos que dejan morir a sus compatriotas o les arruinan la vida para poder pagarse los costes de una operación o unas medicinas. Vamos, que mucho amor pero la cartera no me la toques.
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2 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil