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I Love You, Daddy (2017)

I Love You, Daddy
Trailer
5,9
197
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Sinopsis
Una comedia filmada en secreto -Louis C.K. llevaba 16 años sin dirigir una película- que se centra en la relación entre un exitoso guionista y productor televisivo y su hija, interpretada por Chloe Grace Moretz. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
I Love You, Daddy
Duración
123 min.
Guion
Louis C.K. (Historia: Vernon Chatman, Louis C.K.)
Música
Robert Miller, Zachary Seman
Fotografía
Paul Koestner (B&W)
Productora
The Orchard / Circus King Films / Jax Media
Género
Comedia
5
A MI ME GUSTAN MAYORES
Película que tuvo publicidad gratuita al ser pospuesta de su estreno en los cines por la acusación de acoso sexual a su director y protagonista.

Chloe Moretz interpreta a una adolescente tan provocadora como intensa que le da mas de un dolor de cabeza a su padre por su extraña afición por un hombre bastante mayor.

Diálogos van y vienen pero un nunca sabe de que va la cinta, su historia no es cautivante y le sobra media hora, es como si jugara a ser provocadora como conservadora al mismo tiempo.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Fruta ¿Prohibida?
En el género "hombre-de-mediana-edad-que-se-da-cuenta-de-cosas", tan propio de Woody Allen, es raro encontrarse con una de estas.
Una donde, por una vez, el protagonista no salga reforzado o revolcado en sus convicciones; donde por una vez se dé la oportunidad a sus allegados de ser algo más que satélites de su dilema.
Por una vez, está bien ser el que aprende, y cambia, en vez de ser el que reacciona y acepta.

'I Love You, Daddy' se abre como una película clásica de otra era.
Ese juego metalingüístico parece llamar a otros tiempos, decirnos que todo sigue igual, el cielo es azul, el agua moja, los productores de Hollywood buscan sus nuevas estrellas y la valía de una persona se mide por lo que dice que intenta.
Glen, en ese sentido, cumple todas las reglas: proyecto de comedia en su horizonte, cero material escrito y delirios de grandeza que cada uno de sus colaboradores estrella en el suelo del "vamos a hacer dinero".
También hay otro pequeñísimo, minúsculo, y totalmente trivial detalle: su hija China, en esa edad complicada en la que cada diálogo paternal es rematado con un "te quiero, papi".
(Y quiero pensar que no es casualidad el que se presente con un bikini, enseñando cacha escultural: algo tendrá que ver poder hacerlo "porque sí", pero también es una perversa manera de allanar terreno en lo que se nos quiere decir)

Entonces Ralph (un Charlie Day que hace oro con lo que le dejan) le avisa: "un 'te quiero, papi' es la muerte absoluta en la relación con tu hija".
Suficiente para espolear las pesadillas de cualquier progenitor, y a la vez intentar por todos los medios acercarse a esa niña que cualquier depravado puede intentar tocar, besar o, el horror máximo, follar.
Aunque ahí, entremezclado como en los peores momentos, entra el proyecto de comedia que Glen quería desarrollar: la famosa estrella Grace quiere participar, en un papel que ya se había dado... pero todo se puede ver.

Bajo el agudo retrato del hipócrita seductor que hay en todos nosotros, se mueve un dilema bastante interesante: la posibilidad de que todo lo que hacemos va encaminado a encamarse con alguien, y si no gustan mis principios o motivos, tengo otros por el mismo precio.
Glen charla con China de cómo una película de terror no puede ser la cima del empoderamiento femenino, mientras no le tiembla la moral al usar el teléfono de Grace para algo "no estrictamente profesional".
Y por si el juego tuviera instrucciones sencillas, se añade otro jugador: John Malkovich encarnando con tranquila honestidad a un autor que le gusta salir con jovencitas, admirado por Glen y recién conocido por una China que necesita un adulto que la quiera por la niña que es, no por la mujercita que debe ser.

La verdad es que todos necesitamos alguien en quien confíar.
Que nos quite las reservas, que nos haga sentir queridos y con quien nos podamos liberar: sigue siendo un misterio que tanto padres como hijas busquen esas cualidades fuera de casa, hasta que la brecha entre ambos es imposible de cruzar.
Un "te quiero, papi" puede transformarse en un "a ti qué coño te importa, Glen" y no haberse movido un ápice en sinceridad.

Pero eso es porque seguimos pensando que a los hijos hay que sellarles el mundo, y no apoyarles a descubrirlo.
Seguimos engañándonos diciendo que el deseo sexual no forma parte de nosotros, y nos hemos descubierto en la cama de quien queríamos, sin que hayamos hecho nada para provocarlo.
Dos situaciones que, si se dan, tienen más que ver con una incrustada hipocresía personal, más que como algo que no podemos evitar.

El "The End" de los créditos sigue llamando sensibilidad de un tiempo que no volverá.
Pero igual puede ser un marco que señala como ha cambiado, y cómo cambiará, el cuento de la hija recatada y el buen tipo que no sabía que hacía mal.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil