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The Act of Killing (2012)

The Act of Killing
Trailer
7,8
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Sinopsis
Tras el golpe de estado militar de 1965, el general Suharto ocupó el poder en Indonesia. A continuación llegó el genocidio: miles de comunistas, reales o presuntos, fueron asesinados por los escuadrones de la muerte indonesios. Unas décadas después, se les pide a dos de los más sanguinarios mercenarios de la época -ellos se hacían llamar "gángsters"-, Anwar Congo y Herman Koto, que participen en una película en la que recreen los horribles crímenes -torturas, violaciones y asesinatos en masa- que tranquilamente confiesan haber cometido en el pasado. Existe un Director's cut de 159 minutos que circuló por festivales de cine. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Dinamarca Dinamarca
Título original:
The Act of Killing
Duración
117 min.
Estreno
30 de agosto de 2013
Guion
Joshua Oppenheimer, Christine Cynn
Música
Karsten Fundal
Fotografía
Carlos Arango de Montis, Lars Skree
Productora
Coproducción Dinamarca-Noruega-Reino Unido; Final Cut for Real / Arts and Humanities Research Council (AHRC) / Radio (DR) / Spring Films. Productor: Werner Herzog
Género
Documental Crimen Documental sobre Historia Historia de Indonesia
8
La máscara del horror
1976, por poner un solo ejemplo. La isla de Guadalupe está a punto de ser literalmente borrada del mapa debido a la desbocada actividad del volcán La Soufrière. Los científicos, horripilados por la violencia y la rapidez de los eventos, mandan evacuar a toda persona que esté en el radio de actuación de tan devastador fenómeno de la naturaleza. Por supuesto, a Werner Herzog no se le ocurre nada mejor que engatusar a un par de colaboradores habituales, coger unas cuantas cámaras y ponerse a grabar todo lo que se cueza (por lo que pueda llegar a pasar...) en la futurible zona 0. Finalmente lo contaron en el celebrado documental 'La Soufrière' -claro- porque el Apocalipsis decidió, burlándose de todos los pronósticos, dejarlo para otro día... y no está de más recordar a los adictos a ''probarlo en casa'' que en ocasiones cuesta horrores distinguir al idiota de aquel que los tiene cuadraos.

Por su parte, entre 1999 y 2003, Errol Morris emplea su tiempo y sus atributos testiculares en informarse a fondo para poder sentarse en una silla y sacarle a su interlocutor las declaraciones / confesiones más controvertidas. Por ejemplo, es capaz de mantener una conversación fría, pausada y racional con Fred Leuchter y preguntar al que en su día llegó a ser el más reputado ingeniero especializado en máquinas de ejecución, acerca de los motivos que lo impulsaron a afirmar que los campos de exterminio nazis jamás llegaron a existir. Otro: poco a poco, cocinando el plato a la velocidad que a él más le agrada, llega al punto de mirar a los ojos al mismísimo Robert S. Macnamara y averiguar lo cerca que estuvo el mundo de fundirse en las cenizas del holocausto nuclear. Para los interesados: estuvo tan cerca como lo está el idiota del tipo que tiene la suerte -o desgracia- de tenerlos como un toro.

Unos años antes, concretamente en 1965, tiene lugar en Indonesia un sangriento golpe de estado. De la noche a la mañana, a esta gloriosa nación del sudeste asiático le aparecen, como por generación espontánea, terribles enemigos que maquinan a todas horas su aniquilación total. Son los comunistas, entes malignos forjados en las llamas del averno; reconocibles por los cuernos, la cola, el olor a azufre de su aliento y sus diabólicas fechorías, encaminadas todas ellas a destruir todo lo bueno y bello construido con el noble esfuerzo del igualmente noble ''gangster'', en cuyo origen etimológico encontramos, como todo el mundo sabe, las virtudes y bondades del ''hombre libre''. Por suerte para la madre Indonesia, fueron estos mismos valerosos gangsters quienes dieron un paso al frente y lucharon para defender a su querido y desvalido pueblo. Al fin y al cabo, tarde o temprano alguien tenía que tomar cartas en el asunto con respecto a la inminente invasión soviética... ¿qué se le iba a hacer si esto implicaba mancharse las manos? Casi mejor. Dicho y hecho. Muerte al rojo... y a sus familiares, y a sus amigos... y a todo aquel sobre el que pesara la más mínima sospecha o la más infundada de las acusaciones. Y aquí no ha pasado nada. No, mejor dicho, aquí ha pasado todo esto. Y mucho más. Y a mucha honra.

En algunos lugares, la historia la escriben los vencedores, en otros, como España, la historia la escriben los imbéciles (en caso de duda, consulte con su filólogo de íbero favorito, por ejemplo)... en otros la escriben los monstruos. Apadrinado por dos bestias pardas del documental como lo son los citados Werner Herzog y Errol Morris (tan lejos pero a la vez tan cerca el uno del otro), llega por fin el primer trabajo de Joshua Oppenheimer que ha logrado ir más allá de las fronteras de su país. Como para quedarse encerrada... 'The Act of Killing' es mucho más que el sobrecogedor retrato de un genocidio. Es, para empezar, (y yendo a la par de la también imprescindible 'Narco Cultura', la cual, tarde o temprano obviamente también nos llegará... o debería, en ésta nuestra amada nación, que a día de hoy pasa por ocupar el puesto número dos en el ranking mundial de fosas comunes) la constatación de que en este mundo en el que todo parece descubierto y -llamémoslo así- civilizado, sigue habiendo un hueco privilegiado para infiernos que en principio no cabrían ni en la más enferma de las mentes.
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120 de 136 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El hábito malsano del exterminio del prójimo
Pone los pelos de punta contemplar como asesinos irredentos hablan como si tal cosa de sus crímenes y atrocidades de hace medio siglo como si con ello hubieran realizado un favor inevitable a su país (Indonesia) y a la humanidad. Esa total insensibilidad hacia sus víctimas, esa perturbadora y perturbada noción de que matando al prójimo (que piensa diferente, que es diferente o que tiene la nacionalidad o etnia ‘equivocada’) se está limpiando y mejorando el paisaje social. No resulta fácil contemplar tanta impasible demencia – delante de sus familiares, de sus correligionarios o de su pueblo – y tanta falta de remordimiento o de culpa.

Pese a que este documental no muestra ninguna atrocidad ‘real’, sino que se limita a hablar sobre ellas o a recrear de forma fantasiosa o fantástica aquellas notorias vicisitudes, no es para almas sensibles ni para estómagos delicados visionar durante dos horas el infierno encarnado en tus semejantes, tan lunáticos, tan monstruosos, tan obstinada y pertinazmente locos.

Entre esta galería de los horrores hay personajes deleznables que supuran mezquindad y demencia a la legua, aunque también hay alguno que parece sentir y tener cierto corazón y un mínimo de sensibilidad y que a punto está de reconciliarnos con la humanidad, pero uno teme que solo sea un espejismo y que a la primera de cambio renueve su vesania y encuentre una excusa banal para matarte o destrozarte la vida.

Lo dicho: un documental desasosegante, enfermo y extravagante que fascina y repele a partes iguales, que se ve con espantado agrado gracias a la sabia elección de los personajes y a que deja que entre algo de ficción y desvarío (el montaje de un inverosímil musical, con travesti inesperada incluida) que aligera y alivia el dañino tono lúgubre y repugnante que supura su metraje. Un ejercicio brillante en mostrar la locura humana y sus múltiples manifestaciones: necesario, brillante, aterrador e imprescindible pero poco gratificante.
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48 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil