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Los Nibelungos: la venganza de Krimilda (Los Nibelungos Parte II) (1924)

Los Nibelungos: la venganza de Krimilda (Los Nibelungos Parte II)
Trailer
7,8
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Sinopsis
Segunda parte de Los Nibelungos. Adaptación de una serie de leyendas germanas sobre los nibelungos, seres que habitan entre la niebla. Viuda tras la muerte de Sigfrido, Krimilda se casa con el bárbaro rey de los hunos con el propósito de ejecutar su plan de venganza. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Alemania Alemania
Título original:
Die Nibelungen: Kriemhilds Rache (Die Nibelungen - Teil II)
Duración
130 min.
Guion
Thea von Harbou
Música
(Música adicional: Gottfried Huppertz) (Película muda)
Fotografía
Carl Hoffmann, Günther Rittau (B&W)
Productora
UFA / Decla-Bioscop AG
Género
Fantástico Aventuras Drama Secuela Espada y brujería Expresionismo alemán Cine mudo
9
Continuación inmediata
Esta es sin lugar a dudas una de las mejores películas que nos dejó el cine mudo, a pesar de su larga duración combinada, más de 5 horas entre la primera parte: Sigfrido, y la segunda: la venganza de Krimilda.
En Sigfrido vemos escenas exquisitas como la de la pluma deshaciéndose en la espada de Sigfrido, la lucha contra un dragón komodiano, y el sueño de Krimilda que aún trato de imaginar como es que pudieron hacerlo en aquella época.
En la segunda parte o venganza de Krimilda me pareció ver actuaciones un poco más perfeccionadas sobre todo la de los personajes de Krimilda y Atila, los fotogramas llevan una secuencia inteligente y la frase más llamativa de la narración fue: “La lealtad que no destruye el acero, tampoco la funde el fuego”.
La música es excelente, el vestuario oportuno y los efectos especiales son simplemente perfectos para la época.
Dr.Juventus
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27 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
“¡No permitais que se maten los que se aman!”
Después de sentenciar a Hagen Tronje a esperar su irremisible venganza, Krimilda anuncia la muerte de la reina Brunhild -sutilmente sugerida por el director Fritz Lang mostrándola a ella saliendo de campo y enlazando, a continuación, el balanceo de una campana-, y tras acompañar largo rato el mausoleo de su amado Sigfrido, comienza aquí la segunda parte de “LOS NIBELUNGOS” (LA VENGANZA DE KRIMILDA).

Enterado de su viudez, el rey Etzel (Atila), pide entonces la mano de Krimilda, y tras hacer prometer a su enviado Rüdiger que el soberano la defenderá contra cualquiera que la haya ofendido, Krimilda acepta, con propósitos premeditados, marchar a aquel reino donde la espera un ambiente sucio y empobrecido en el que pareciera que ninguna mujer –y menos hombre- ha puesto mano alguna durante largo tiempo. Empero, se encontrará con un rey que, lo que tiene de feo y de desaliñado, lo compensa con su sumisión y caballerosidad, además de su disposición a complacer a aquella mujer que, para él, es toda una reina.

No pareciera poder esperar mucho, cuando lo que se aviene es el plan de venganza de Krimilda contra el nibelungo que asesinó a su esposo y contra todo el que se sume en su defensa, así sean sus propios hermanos. Sin embargo, en este meollo de apariencia trivial, y trillado en el cine de la manera más arquetípica a lo largo de todo un siglo (para ratificar todo lo que se hace sin haber aprendido nada), ese hombre colmado de visión social y humana, llamado Fritz Lang, consigue abstraerse de la superficie para lograr una magistral y poderosa guerra interior donde cada personaje se debate en el sostenimiento de unos valores y principios que lleva enraizados en cada célula de su cuerpo. Así, la lealtad, ni la destruye el acero ni la funde el fuego; el amor ni lo agota el odio, ni lo renace el agradecimiento; y la sed de venganza ni la apagan los lazos de sangre, ni se conduele con nadie.

En este compromiso que bulle desde lo más hondo, huelgan sentimientos de menor peso para cada uno, se resquebraja el alma, y cada personaje antepone el carácter a cualquier otra cosa. Y Lang logra como resultado un filme majestuoso donde la guerra de adentro se impone rotunda, dramática y soberbiamente, hasta hacer de este filme una perenne obra maestra.

Queda resaltar la vigorosa presencia de Margarete Sdjön como Krimilda, la fuerte semblanza que logra Hans Adalbert Sdjlettow del nibelungo Hagen Tronje, y la siempre efectiva caracterización de Rudolf Klein-Rogge (el Dr Mabuse) ahora como el singular rey Etzel.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil