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La boda de Muriel (1994)

La boda de Muriel
Trailer
6,5
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Sinopsis
Muriel es una chica con sobrepeso que vive en un mundo de fantasía, canciones de ABBA y catálogos nupciales. Sueña con un príncipe azul que algún día la liberará de su odiosa familia y de sus burlonas amigas. Cansada de esperar su llegada, decide irse a la ciudad y buscarlo. Uno de los mayores éxitos del cine australiano de los noventa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Australia Australia
Título original:
Muriel's Wedding
Duración
105 min.
Guion
P.J. Hogan
Música
Peter Best
Fotografía
Martin McGrath
Productora
Coproducción Australia-Francia-Estados Unidos; Film Victoria / Ciby 2000 / Miramax
Género
Comedia Amistad Bodas
"Muy divertida, la película revelación del año"
[Cinemanía]
"Divertida comedia dirigida con muchísima habilidad y con el magnífico trabajo de su actriz principal. No se la pierda"
[Diario El País]
8
"See that girl, watch that scene, dig in the dancing queen"
“Muriel’s wedding” forma parte de ese grupito de comedietas modestas y traviesas que con cuatro chavos y mucho talento nos cuentan, entre chorrada y chorrada, cuatro cositas de la vida. Pim, pam..., así, sin más..., como quien no quiere la cosa. Porque en una sociedad repleta de rateros, sinvergüenzas, embusteros, farsantes, crápulas, aduladores, chaqueteros, depravados y tunantes de índole diversa, muy pocos tenemos la fortuna de poder echar unas risas o compartir un cafelito con esa Muriel, perdón Mariel, de nuestro entorno más cercano.

Y aunque la música de ABBA que lleva enquistada la peli repatee a más de uno por sus desmedidas dosis de almíbar, la verdad es que refuerza la teoría de que, pese a su carrocería hortera y casposa, las melodías del grupo escandinavo reflejan a la perfección ese puntito fresco, ingenuo y romántico de aquellos inolvidables 70. Y eso es lo que, a veces... sólo a veces, echamos de menos los más viejos del lugar.

Como bien dice Sugarfoot: Una joyita... y añado yo,... a reivindicar.
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46 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Para todos los que alguna vez se han sentido Don Nadie
Muriel (Toni Collette) ha crecido sintiéndose una nulidad. Su padre está obsesionado con el éxito y la fama, su madre es un cero a la izquierda, sus hermanos y ella misma se hacen mayores sin tener muchas perspectivas de futuro y, aún menos, de triunfar en el sentido en que su ambicioso y codicioso padre entiende ese término.
Para añadir más cosas a la lista, Muriel tiene muchos kilos de más, es tímida y se siente tan sola y tan inútil que mendiga la amistad de unas antiguas compañeras de escuela que son unas tontas engreídas con la cabeza hueca y que cifran su propia valía en el atractivo físico, en la popularidad y en la rivalidad para atraer a los hombres.
Muriel se siente patética, y de hecho al principio llegamos a verla así. Una chica guapa y acomplejada porque su gordura la excluye, que está en paro, que se pasa los días escuchando la música de Abba en su habitación y que se conforma con tener unas amigas que la desprecian.
Un día decide reaccionar y dar el primer paso para marcar una conveniente distancia entre ella y su agobiante casa familiar y, mediante una maniobra no demasiado lícita, se marcha de vacaciones a una isla, siguiendo los pasos a sus estúpidas amigas. Allí se reencuentra con otra antigua compañera de instituto, Ronda (Rachel Griffiths), con la que congenia. A partir de ese viaje, Muriel decide buscarse la vida y volar del hogar paterno, así que se marcha con Ronda a Sydney para empezar de nuevo.
Interesante disección de los dudosos valores impuestos y metidos por los ojos a las masas: el éxito, la competitividad, la superficialidad, la creencia de que la belleza física conlleva la felicidad, de que el matrimonio es la máxima aspiración para las mujeres... No ha habido un solo día en que Muriel no haya escuchado a su padre decir lo inútil que ella es, que no ha llegado a nada... Su máxima aspiración, por supuesto, es ser popular y casarse, y verse bonita. No se valora lo bastante para advertir que se deja arrastrar por unos sueños vacíos y que para ser una mujer de valía no es necesario casarse, ni ser bonita físicamente, ni ser "popular" (si ser popular conlleva tener unas amigas tontas y ególatras y gente alrededor que sólo te valora por tu apariencia).
En Sydney comenzará su nueva vida con Ronda, y juntas van a pasar buenos y malos momentos.
Muriel va a emprender su propia maduración. Se va a equivocar, va a vivir nuevas experiencias, y se va a dar cuenta de que ciertas aspiraciones no tienen por qué suponer alcanzar la felicidad.
Nunca el dicho de "y vivieron felices y comieron perdices" ha estado más fuera de lugar.
Comedia dramática y reflexiva de P. J. Hogan que bajo su fachada algo simplona esconde todo un muestrario, en ocasiones doloroso y punzante, de los fracasos personales y de la búsqueda de la libertad personal.
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32 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil