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La Chinoise (1967)

La Chinoise
Trailer
7,1
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Sinopsis
Godard y el maoismo. Estrenada un año antes del mayo del 68, "La Chinoise" relata las inquietudes por cambiar el mundo de un grupo de estudiantes franceses empapados del pensamiento de Mao Tse Tung. París, durante el verano de 1967, cuando pocos intentaban aplicar los principios que rompieron con la burguesía de la URSS y de los partidos comunistas occidentales en el nombre de Mao Tse Tung. Empapados del pensamiento de Mao y de literatura comunista, un grupo de estudiantes franceses se empieza a preguntar por su posición en el mundo y las posibilidades de cambiarlo, aunque eso signifique considerar el terrorismo como una posible vía. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
La Chinoise
Duración
96 min.
Guion
Jean-Luc Godard
Música
Varios (Música clásica)
Fotografía
Raoul Coutard
Productora
Anouchka Films / Les Productions de la Guéville / Athos Films / Parc Film / Simar Films
Género
Drama Comedia Política Sátira Cine experimental Nouvelle vague
"Experimento fílmico que, más allá de sus virtudes o sus defectos, puede verse hoy como un implacable, demoledor y visionario documento sobre el vómito de denuncia que se estaba gestando en la comunidad estudiantil parisiense."
[Diario El País]
"En la crónica de la carrera godardiana, 'La chinoise' confirma su abandono de los moldes narrativos tradicionales. (...) Negación del espectáculo burgués del cine (...) todo un clásico del menos clásico de los cineastas. (...) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)."
[Diario ABC]
10
Renacimiento cinematográfico
Olvidaos de cualquier inclinación política que puedan tener, pues una película puede ser apreciada positivamente aunque no comparta con vosotros ideología. Olvidaos de quien es Godard, pues las obras maestras trascienden a sus autores. Olvidaos de la época en la que se hizo la película por lo que acabo de decir. Olvidaos también de la Nouvelle Vague, porque es un movimiento que habla de la libertad y por lo tanto cualquier dogma es inexistente (salvo el del buen gusto). Olvidaos incluso de que estais asistiendo a una película.

La chinoise demuestra lo que el cine, como arte, puede llegar a conseguir. No hace falta seguir los diálogos, ni comprender las imágenes, solo asistir a una experiencia sugestiva en la que los sonidos golpean a las imágenes. Imágenes limpias y sencillas, como si el film fuera realizado en el Renacimiento. Es una película para ver una y otra vez, para comprenderla cada vez más, para atender, si se quiere a sus diálogos y alcanzar el summun del orgasmo cinematográfico que nos propone el que posiblemente es el mejor director vivo, Jean-Luc Godard. Todo cabe en su película, a pesar de que el ámbito de acción se reduce a un pequeño apartamento parisino: el fracaso de las ideologías, la necedad del amor, la incomunicación del ser humano, la insolidaridad...

Godard dijo hace poco: "Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea, es matar un hombre". Fue en su última obra maestra, Notre Musique. Pocas veces se ha definido el mundo y el ser humano de una forma tan genial y sencilla. Quizás esta idea comenzó en La chinoise, una de las películas más geniales del que quizás ha sido el último director capaz de cambiar la historia del cine. ¿Cómo? Haciendo, como dice él, "políticamente cine", a golpe de obras maestras, de cine sincero, complejo, poético, intenso, dramático, combativo, intransigente...
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60 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
RETRATO DE GRUPÚSCULO EN APARTAMENTO MONDRIAN
Primera película del periodo militante de Godard, la sobrecarga ideológica limita su interés cinematográfico.
En ruptura con la estética de Hollywood, el autor aplica su doble óptica de documentalista y etnólogo.

Poco antes de la revuelta del 68, los componentes de una célula prochina, instalados en un piso parisino, lanzan ante la cámara dogmáticas soflamas revolucionarias.

Con distanciamiento brechtiano, la cámara que los filma aparece en algún plano, y las claquetas que dan paso a las tomas: por si el espectador olvida que está viendo una película sobre la realidad, y no la realidad…

Tal película se compone de una monocorde y acumulativa sucesión de proclamas maximalistas, hoy caducadas.
Poco interés, salvo para historiadores, puede encontrarse en ello; tampoco en la vida interna de la célula, pues los personajes, sin asomo de costumbrismo, quedan reducidos a meros portavoces ideológicos.

Lo interesante está en la libre y creativa gramática visual de Godard: montaje que integra ágilmente retratos de personajes históricos aludidos e imágenes fijas de aire pop (tomadas muchas de tebeos, a lo Lichtenstein); escenificación dominada por los tres colores primarios, a la manera de Mondrian: rojo, azul y amarillo.
En las paredes del apartamento, y también en grandes pizarras, se escriben consignas del Libro Rojo, como en los carteles que la película intercala frecuentemente entre escenas.

La composición de la célula es heterogénea: una de los cinco, limpiadora, se prostituye cuando en el piso falta el dinero, y lustra los zapatos de sus camaradas durante las conferencias; otra es una estudiante universitaria, familia de banqueros, que enuncia el ideario maoísta como quien recita un temario de oposiciones. Con igual talante afirma la necesidad de un terrorismo precursor, como el practicado por los nihilistas rusos en vísperas del 17.

Queda en el aire si la intención de Godard, al presentar a estos jóvenes prochinos a una luz un tanto ridícula, es satírica, o cuanto menos crítica: en una de las escasas escenas fuera del apartamento, una larga conversación en un tren en marcha, con un profesor universitario militante de la independencia argelina, éste señala a la maoísta empollona qué breve porvenir les aguarda, desconectados como están de cualquier base social. Y uno de los elementos de la célula, expulsado por “revisionismo”, señala ese mismo defecto mesianista: pretender encabezar el movimiento revolucionario de una masa popular de la que están desconectados y que no conoce su existencia.

Esa inflación ideológica, esa inmadurez, impregnan fatalmente la película y convierten muchos de sus pasajes en duro ejercicio de paciencia, a pesar del atractivo gramatical ya apuntado.
En este film de laboratorio se nota que la comunicación con el espectador no era la principal preocupación de Godard.
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39 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil