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Bob el jugador (1956)

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Sinopsis
Bob es un viejo gánster y un jugador empedernido que está casi a punto de arruinarse. Entonces, a pesar de las advertencias de sus amigos, decide atracar el casino de Dauville. Todo está planeado a la perfección, pero la policía está informada del atraco. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Bob le flambeur
Duración
101 min.
Guion
Jean-Pierre Melville (Historia: Jean-Pierre Melville, Auguste Le Beton)
Música
Eddie Barclay, Jo Boyer
Fotografía
Henri Decae (B&W)
Productora
Rialto Pictures
Género
Cine negro Crimen Policíaco Robos & Atracos
8
El jugador
Primer film de gángsters del realizador Jean Pierre Melville (1917-73) y cuarto de su filmografía. El guión es original de J. P. Melville, que lo escribe con la colaboración de Auguste Le Breton, coguionista de “Rififi” (Dassin, 1955). Se rueda en escenarios reales de Paris y en los Studios Jenner (Paris), propiedad del realizador, con un presupuesto modesto. Producido por Jean-Pierre Melville para L’Organisation Générale Cinématografique, Play Art y Production Cyme, se estrena el 24-VIII-1956 (Paris).

La acción dramática tiene lugar en Paris en 1955. Robert Montaigné (Duchesne), más conocido por su apodo “Bob, le flambeur”, tiene unos 45 años, vive en Montmartre (el salón de su casa domina una perspectiva presidida por la fachada principal de la Basílica del Sacré Coeur), peina cabellos blancos, viste con sobria elegancia y es tratado con reconocimiento y respeto por todos los que le conocen. Otros personajes principales son la chica menor de edad Anne (Corey), el proxeneta Marc (Buhr), Paolo (Cauchy) el amante de Anne e Yvonne (Paris), propietaria de un bar de noche. Bob, tras unos años de prisión por delitos contra la propiedad, lleva 20 años apartado de la delincuencia. Cuenta con la amistad del comisario Ledru (Decomble), al que salvó la vida en el pasado. Soltero y sin familia, es adicto a los juegos de azar. Es tranquilo, educado y afectuoso. Una larga mala racha en el juego le ha llevado a una situación económica precaria de la que quiere salir con el producto de un gran atraco al Casino de Deuville (Baja Normandía).

El film suma crimen y drama. Admirador del cine americano, sobre todo del cine negro clásico, Melville inicia en 1956 la realización de una serie de films de gángsters y crímenes que le dan a conocer a nivel internacional y le consagran como un realizador de prestigio.

La narración es sencilla, elegante y precisa. Se sirve en gran medida de la visualidad, acompañada de unos diálogos breves y concisos. Las intervenciones del narrador son escuetas. Compensa el ahorro de palabras con una aportación generosa de elipsis y sobrentendidos. Prácticamente toda la información que el espectador reúne sobre Bob, la obtiene de lo que oye que dicen las personas que le rodean y de ver cómo le tratan. También proceden de las numerosas indicaciones y sugerencias visuales que contiene el film. El relato se presenta depurado hasta la estilización y la esencialidad. Esta característica le confiere un aire trascendente, que eleva el nivel de su interés.

La imagen tiende a predominar sobre la palabra. Como ejemplo del hecho cabe citar la escena en la que el especialista en cerraduras de cajas fuertes (René Salgue) ensaya la tarea que tiene asignada en el plan de una acción conjunta. Mientras el amo trabaja, el pastor alemán que le acompaña refleja, a través de su gestualidad, el avance y el éxito del experimento.

(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
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36 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Historia de un olvidado
Escondido entre las sombras, Bob decide observar como pasa el tiempo. Como envejece frente al espejo, como las chicas guapas pasean solas por el parque y ya no es él, quien se acerca a conquistarlas. Bob observa que la vida se le escapa, que ya no queda un mañana, o al menos, su mañana está ausente de entusiasmo. Huele a otoño y a citas olvidadas. Huele a eso que huelen las cosas que se queden sin olor.

En la primera incursión de Melville en el cine policiaco, Bob exige atención. Melville cosecha su mundo del hampa, con sus códigos y un devenir incierto. Bob, aquel vagabundo de vida no me llena ni una taza de melancolía. Yo me lo he inventado.

Aquel observador capaz de involucrarse con El jugador, disfrutará de una película magnífica. Aquellos otros que se lo hayan tenido que inventar, les quedará un buen ejercicio y ganas de seguir imaginando.

Bob, sentado en la misma terracita de siempre. Oliendo a esa cosas que han dejado de oler, y bebiendo, a pequeños sorbos, su Ricard con agua y hielo.
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18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil