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Dies irae (1943)

Dies irae
Trailer
8,2
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Sinopsis
Dinamarca, 1623. En plena caza de brujas, Absalom, un viejo sacerdote, promete a una mujer condenada a muerte que salvará a su hija Anne de la hoguera si la joven accede a casarse con él. Según la ley, las descendientes de las brujas también deben arder en una pira. Meret, la anciana madre de Absalom, desaprueba desde el principio el matrimonio. Cuando Martin, el hijo de Absalom, regresa a casa para conocer a su madrastra, se enamorará de ella y ambos compartirán una relación prohibida que tendrá inesperadas consecuencias. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Dinamarca Dinamarca
Título original:
Vredens dag
Duración
105 min.
Guion
Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen, Mogens Skot-Hansen (Obra: Hans Wiers Jenssen)
Música
Paul Schierbeck
Fotografía
Carl Andersson (B&W)
Productora
Palladium Productions
Género
Drama Siglo XVII Religión Brujería Vida rural
9
El día de la ira
Una de las 5 películas sonoras de Dreyer. Se basa en la obra teatral "Anne Pedersdotter" (1906), de Han Wiers-Jensen, inspirada en hechos ocurridos en una aldea danesa a finales del XVI. Se estrenó en Copenhague el 13-XI-1943, durante la ocupación alemana.

La acción tiene lugar en una localidad danesa a partir de 1623. Narra la historia de los terrores que se desencadenan en una comunidad a raíz de la muerte en la hoguera de una supuesta bruja, Marta de Herlofs. El terror afecta a todas las mujeres, mayores y jóvenes, que por capricho, envidia o deseos de venganza, pueden ser acusadas inpunemente de brujería y condenadas a la hoguera. Afecta a los inquisidores, sobre los que recaen las maldiciones y los conjuros mortales de las presuntas brujas. Afecta a los poderosos, que se sienten amenazados por los presuntos poderes de las brujas, con facultades diabólicas de matar con el deseo, enamorar con la voluntad, seducir con la mirada y propagar el mal al servicio de Satán. Afecta a los débiles, que se defienden mediante la delación, la traición y la mentira. El terror genera espirales imparables de venganza, represión y muerte. El mundo perverso de la muerte tiene su contrapunto en Anne, la protagonista, joven, hermosa, apasionada, alegre, amante de la vida, soñadora. Ríe, juguetea y ama en un mundo impregnado de tristeza, miedo y sangre. Algunos autores la consideran el símbolo de Dinamarca en los años oscuros de la ocupación nazi. Otros personajes tienen también valor de símbolos: Absolón encarna la hipocresía aliada con el propio interés; su madre, la severa Meret Preben, envidia y detesta los arrebatos de la juventud; Martín es un hombre débil y cobade; el inquisidor Laurentius encarna la intransigencia deshumanizada, Marta es la víctima inocente. El título (el día de la ira) rectifica el acta de defunción de Marta, que habla del día feliz de su muerte en la hoguera.

La música reproduce una partitura que combina melodías idílicas en torno a Anne y Martin, con otras inspiradas en la cadencia gregoriana del canto del "Dies irae". El Vaticano II prohibió el "Dies irae" en la liturgia católica. La fotografía ofrece composiciones de gran belleza plástica, inspiradas en la pintura de Vermeer y Frans Hals. La escena del tomento de Marta, semidesnuda, en presencia de los inquisidores, reproduce la iconografía y la estética de "La lección de anatomía", de Rembrandt. El guión narra una historia cautivadora y emocionante. La interpetación de Lisbet Movit, en el papel de Anne, es extraordinario. Destaca la escena en la que tras la ventana contempla a la izquierda el tormento de Marta y a la derecha los movimientos de Martin. La dirección construye un relato parsimonioso, denso y sobrecogedor.

Una de las 3 mayores películas de Dreyer. Denuncia la espiral que se teje entre represión y venganza. Apuesta por la libertad y la paz. Lo hace bajo la dominación nazi, asumiendo riesgos incaculables. Magnífica.
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121 de 137 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
UN ABISMO SUTIL
Asombra pensar que lo filmado hace 65 años posea una vida tan intensa.
Los parpadeos de los personajes, su salida a la luz desde la sombra de una puerta, el fruncimiento de un ceño, la mera respiración, viven en la pantalla con elocuencia apabullante.
Usando las palabras y los movimientos justos, se trata un asunto escurridizo: si son reales o no los poderes maléficos, si la malevolencia es una fuerza real, si se puede matar con la voluntad y el pensamiento... Desde que Anne, la joven esposa del reverendo, cree que puede haber heredado de su madre ese poder, su aspecto físico se transforma, en portentoso trabajo de la actriz, Lisbeth Movin.
Libre de maniqueísmos, la película abarca matices finos: el pastor protestante no es un santo, tampoco un torturador sin escrúpulos; la joven esposa no es exactamente una asesina, aunque tampoco una cándida víctima, embriagada por una pasión arrebatadora...
Hay momentos de crueldad angustiosa (el suplicio de la anciana acusada de brujería) pero no se ve un solo golpe, un movimiento brusco, una gota de sangre... Hasta lo terrible es presentado de forma sutil.
La realidad es atrapada por la cámara sin recurrir a clichés esquematizadores: de ahí la desbordante carga vital de cada plano.
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90 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil