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321 días en Michigan (2014)

321 días en Michigan
Trailer
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Sinopsis
Antonio se enfrenta a una temporada en la cárcel por delito financiero. Joven y brillante ejecutivo, elaborará un plan para evitar esa mancha en su currículum, convencer a todo el mundo de que va a estudiar un Máster en la Universidad de Michigan. Todo está controlado, excepto los 321 días que tiene que pasar en la cárcel. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
321 días en Michigan
Duración
100 min.
Estreno
31 de octubre de 2014
Guion
Isa Sánchez, Enrique García
Música
Fernando Velázquez
Fotografía
Alberto D. Centeno
Productora
Lanube Películas / Encanta Films
Género
Drama Drama carcelario
2
El malagueño sin proyección nacional que llegó a Michigan
Había ganas de ver '321 días en Michigan' en el Festival de cine Español de Málaga por varios motivos. El primero de ellos es que el equipo (casi en su totalidad) es de la ciudad; el segundo, (dicen, aunque no es cierto), que es la primera película malagueña que compite en sección oficial; y el tercero, para ver y comprobar que podía hacer Enrique García, cortometrajista local que se enfrenta a su primer largometraje y que curiosamente nunca ha tenido proyección nacional con ninguno de sus trabajos anteriores.


'321 días en Michigan' es, ante todo, una película cuyos defectos son pretendidamente sus virtudes. En primer lugar la historia, y es que el guión lastra un sinsentido de escenas y secuencias que apenas tienen conexión lógica con las anteriores. Las tramas y las subtramas se cierran sin apenas dar tiempo a entender lo que pasa en ellas y tampoco permiten empatizar con la relación que se establece entre sus personajes protagonistas. Parece que los guionistas no han entendido la primera ley de la escritura de guiones “entrar tarde y salir pronto”, y es por ello que la trama se resiente y se dejan cabos sueltos en todo el metraje.

La puesta en escena es justa pero adolece de defectos dramáticos. No se entiende muy bien por qué en algunas secuencias la cámara se mueve tanto y en otras se queda quieta, inmóvil, esperando con impaciencia e inseguridad para filmar a cualquier personaje que puebla el momento. Un buen estudio de los planos en la fase de pre-producción hubiese servido para enfatizar los momentos dramáticos y tensos que el guión pretende tener pero que no se establece en conexión con una puesta en escena dual y que se queda entre dos aguas.
La labor de los actores tampoco está definida. Se nota que la dirección de actores ha brillado por su ausencia y que el director ha estado (o ha pretendido estar) más en la parte técnica que en la parte actoral del filme. A veces los personajes hablan en andaluz, otras, en perfecto castellano… realizan parlamentos con efectos teatrales que distancian mucho al espectador, y es que, en el cine, los actores que están teatrales se escapan fuera de la pantalla para certificar que son totalmente inverosímiles. Una buena vocalización de algunos actores que pueblan la cinta tampoco hubiese estado nada mal, y es que, aunque la cinta sea en andaluz, desde estas páginas nos preguntamos si el filme podrá ser entendido fuera de Despeñaperros para arriba.


Si en algún momento los actores, con Chico García al frente, están deficientes es por la labor de Enrique García, capitán de un barco que naufraga de manera brutal en los primeros minutos de proyección.
Si podemos destacar algo de la cinta es la excelente labor del músico Fernando Velázquez, que hace lo que puede para tapar (y arreglar) los defectos de la cinta en una sucesión de temas instrumentales de gran fondo poético que, aislados de la imagen, son totalmente maestros.

No podemos decir lo mismo de la selección musical cantada, realizada por Javier Ojeda, líder del grupo malagueño 'Danza invisible', que ha elegido unas canciones que enfatizan ridículamente muchos momentos dramáticos de manera fácil y local.


Cuando la película termina tenemos la sensación de que el trabajo está hecho a medias, de manera rápida y mal ejecutada. Quizás la propia ambición de la historia merecía un conocimiento profundo, no ya del ambiente carcelario, sino de la psicología humana, y es que no hay nada peor que realizar un film donde todos los personajes responden a fórmulas típicas y tópicas. Eso funciona en una película de género cuando un maestro está detrás de ello. Cuando se quiere hacer lo mismo sin la suficiente experiencia humana y profesional se cae en el error y en el ridículo.

Al salir de la proyección los críticos nacionales no daban crédito a lo que acababan de ver y si la película ha recibido aplausos ha sido ya en la rueda de prensa, cuando Méndez Leite ha pedido uno porque el equipo de la película es de la misma ciudad que el festival. Un premio de consolación amargo para una película fallida, pretenciosa y artificial.

Y según los pronósticos, la película de Enrique García no se irá de vacío, más por cuestiones de protocolo que por cuestiones de talento en la misma película, y él debería entender que, aunque sea premiado con algún premio menor o de consolación, debe plantearse y mucho la labor de dirección cinematográfica pues parece que, en este caso, ha rodado la película con piloto automático, y eso lo pueden perdonar en Málaga, pero fuera, no.

Diario Cine
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43 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Película con buenas intenciones que se queda en casi nada
321 días en Míchigan es una cinta irregular, para ser la ópera prima de alguien que debuta con más de cuarenta años ya podía haber pensado mejor en la estructura del guión y la descripción de los personajes. Enrique García se empeña en mostrarnos una cárcel real, como la que él dice que conoce de impartir clases a reclusos. Por esto mismo nos presenta una cárcel descafeinada, que casi podría retratar no un centro de reclusos sino un instituto o un patio de colegio. Gran error es la elección del protagonista, que se deja comer en casi todos los planos por sus compañeros de trabajo, cuando él debiera ser el hilo conductor de la vida carcelaria. La película parte de una premisa interesante, Antonio deberá mantener la mentira en su tiempo de encierro pero ese punto de partida se diluye y olvida, desaprovechando una buena oportunidad de atrapar al espectador. Se echa en falta cualquier sentimiento de lógica claustrofobia al estar encerrado, es más, los internos toman el sol y juegan en el patio de muy buen rollo, el único momento en que el hay algo similar, sufrido por el personaje de Lamís, cae en saco roto.
Lo mejor: La interpretación de Salva Reina, oxígeno de la película, así como Virginia De Morata, verdadera protagonista.
Lo peor: La realización, muy justita, y el actor protagonista.
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30 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil