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Roma, ciudad abierta (1945)

Roma, ciudad abierta
Trailer
8,2
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Sinopsis
Segunda Guerra Mundial. Estando Roma ocupada por los nazis, la temible Gestapo trata de arrestar al ingeniero Manfredi (Marcello Pagliero), un comunista que es el líder del Comité Nacional de Liberación. Pero en la redada Manfredi consigue escapar y pide ayuda a Francesco, un camarada tipógrafo que en unos días se casará con su novia Pina (Anna Magnani), una viuda con un niño. Además el cura de la parroquia, Don Pietro (Aldo Fabrizi), también apoya la causa e intenta ayudar a Manfredi y los partisanos de la resistencia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Roma città aperta
Duración
100 min.
Guion
Federico Fellini, Sergio Amidei, Roberto Rossellini (Historia: Sergio Amidei, Alberto Consiglio)
Música
Renzo Rossellini
Fotografía
Ubaldo Arata (B&W)
Productora
Excelsa Films
Género
Drama Bélico II Guerra Mundial Neorrealismo Basado en hechos reales
"Cómo reinventar el cine desde la nada. (...) Rosellini pulverizaba en 1945 todas las convenciones narrativas, en especial las leyes clásicas hollywoodienses, para convulsionar el modo de contar historias en una pantalla y otorgar carta de naturaleza al movimiento neorrealista. (...) paradigma del cine verdadero, comprometido y radical, arroja un torrente de luminosidad en cada secuencia"
[Diario El País]
7
Todos los caminos conducen a Roma... ciudad abierta.
Esta cita de Godard creo que resume perfectamente la importancia de la película, cuyos valores van más allá de los estrictamente cinematográficos, más allá del carácter lúdico del cine, de sus aspectos narrativos e incluso más allá de la denuncia que incorpora.

En primer lugar su relevancia histórica. Muchas de las obras maestras de esas fechas pudieron hacerse antes o después, pero ésta tocaba entonces y se hizo en el momento justo. Rossellini planteó una película profundamente moral, humanista y comprometida que exaltaba la dignidad (tema frecuente en él) por encima de todo.

Por otra parte la película es un punto de inflexión en la evolución del cine como arte, un camino que trataba de captar la vida y reproducirla desde la ficción. Rossellini logró con falta de medios un cine espontáneo y cercano a las situaciones que generó la barbarie nazi. Tiene elementos documentales pese a ser una cinta narrativa y es de gran precisión y nada artificiosa. Con una puesta en escena no tan perfeccionista como los grandes directores de Hollywood (y tantos otros como Visconti...) consigue una vivaz naturalidad que sentaría cátedra.

El italiano, en su filmografía, adelanta la cosas de la Nouvelle Vague y demás vanguardias (improvisación, plasmación en imágenes del mundo interior...) aunque a un espectador actual pueda parecer poca cosa por no estar tan exageradamente enfatizada como el cine de hoy día. Es, al contrario, un cine despojado y cercano a lo cotidiano que va como un tiro y no deriva por meandros que quizás dramáticamente hubiesen dotado a la película de más riqueza (desde el punto de vista del puro divertimento) pero que le hubiesen restado las virtudes que la convierten en un punto y aparte en la evolución cinematográfica. Cercanía, sensación de realidad, sinceridad.

Pese a todo no se puede considerar a Rossellini un cineasta simple, esa tendencia a la sinceridad sería una constante en su cine, y no sólo en cuanto a temas comprometidos, también en un cine centrado en la intimidad de los personajes y las relaciones de pareja. No se trata de hacer películas despojadas formalmente por carecer de medios. Se trataba de hacer un cine que entonces era distinto (aún hoy día muchos críticos alaban películas medianas sólo por ese tono veraz y realista) y que posteriormente sería copiado.
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97 de 107 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La ética en el cine
“Cualquier semejanza entre los personajes y los hechos acontecidos en esta película y la realidad es pura coincidencia”. ¿Os suena esta coletilla? Sí, ¿no? A mi también. Mucho. Probablemente la habremos leído o escuchado un mogollón de veces al principio de una peli. Decenas o centenares, tal vez. En “Roma, ciudad abierta”, sin embargo, esta consabida y rutinaria advertencia adquiere una dimensión mucho mayor. Una dimensión más grave. Más trascendental. Más significativa. Nos hallamos, no en vano, ante la primera manifestación artística del neorrealismo italiano. Uno de los movimientos fundamentales -sino el que más- de la historia del cine.

¿Hasta qué punto, entonces, es realidad o ficción lo que nos cuenta Rossellini? Por mi parte, lo tengo claro. Clarísimo. Lo que me cuenta Rossellini es verdad. Y es verdad porque, al margen de su formato semidocumental y de estar o no estar parcialmente inspirada en hechos reales, la historia de unos romanos que se niegan a quedarse de brazos cruzados ante la consentida ocupación alemana es creíble. Creíble, verosímil y, sobre todo, honesta. En mayúsculas. “La peli más honesta de la historia del cine” me comentaba hace poco Talibán. Un tipo que sabe un huevo de cine. ¡Y cuánta razón tenía!

La honestidad es, por consiguiente, un factor determinante. Determinante, a mi juicio, para no limitarte a ver una peli desde fuera y poder creértela, desde dentro, a pies juntillas. Determinante para que te llegue, para que te afecte y para que te emocione. Para que puedas empatizar con unos personajes y repudiar a otros. Desde la volcánica y racial Pina hasta el pérfido y amanerado Bergmann. Sin olvidarnos, claro está, del comprometido Don Pietro, el incorruptible Giorgio, la voluble Marina y tantos otros personajes que hacen de esta peli un monumental manifiesto contra el nazismo, el fascismo y cualquier ideología que intente atentar contra la libertad y los derechos humanos. Un manifiesto que asienta sus cimientos en la ética y que no necesita ningún tipo de armazón propagandístico o maniqueo para dejar bien clara su postura.

No debería extrañarnos, pues, que el contundente y desacomplejado mensaje de “Roma, ciudad abierta” tuviera que litigar durante muchos años en toda Europa con la intransigencia de aquellos que la vieron como una proclama subversiva y/o escandalosa. No tan sólo por la dureza de algunas imágenes (la muerte de Pina, la tortura de Giorgio) sino también por atreverse Rossellini a tocar temas considerados tabú (la drogadicción y la homosexualidad de Marina, por ejemplo) en una época en la que el cine clásico (americano) iba, obviamente, por otros derroteros.
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76 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil