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El cielo protector (1989)

Sinopsis
Adaptación de la novela homónima de Paul Bowles. En 1947, una pareja de neoyorquinos, los Moresby, viaja al norte de África en busca de experiencias que le den un nuevo sentido a su relación. Tras diez años de matrimonio, a esta sofisticada pareja la convivencia le resulta difícil. Port, un músico que lleva un año sin trabajar, busca en el desierto una fuente de inspiración y nueva savia para un matrimonio que se muere. Kit también espera un milagro que le devuelva a su marido. Tunner, su compañero de viaje, es un joven rico y mundano, fascinado por los Moresby, especialmente por Kit. Port está decidido a dejar atrás el mundo moderno y a adentrarse en el Sáhara para encontrarse a sí mismo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The Sheltering Sky
Duración
133 min.
Guion
Mark Peploe, Bernardo Bertolucci (Novela: Paul Bowles)
Música
Ryuichi Sakamoto, Richard Horowitz
Fotografía
Vittorio Storaro
Productora
Coproducción Reino Unido-Italia; Warner Bros. Pictures / Sahara Company / TAO Film / Recorded Picture Company (RPC) / Aldrich Group
Género
Drama África Años 40
6
¿Qué hay detrás del cielo?
En la novela de Bowles la sensación de pérdida existe; esos convulsos personajes rastrean alguna pista que les conduzca hasta sí mismos, para que así les sea revelado el secreto de su condición humana aunque sea en el mismísimo culo del mundo. Estos personajes huyen para seguir tan perdidos allí donde van como allá de donde vienen. Entre desventuras que son más una representación alegórica del hombre moderno en mitad del siglo XX, un mundo loco que había perdido definitivamente los papeles, Bowles consigue que el lector se rinda ante la hipnosis de ese cielo enorme (no sé si protector), del viento del desierto y ante la dicotomía turista-viajero que es una cuestión que en la novela podemos pensar que se refiere al propio intervalo que cada uno de nosotros, a modo de angosta travesía, experimentamos durante 70 u 80 años. 90 con (mala) suerte.

De todo esto no acabé de tener noticia en la peli de Bertolucci. Y seguramente sea por mi culpa, lo más probable. Pero no sé muy bien a qué juega el italiano. Ni siquiera sé cómo decidió llevar al cine una novela como ésta… Lo único que tengo claro es que aquello que debía ser el periplo existencial de tres personajes; aquello que consistía, pensaba yo, en una huída hacia delante, en hundirse en un exótico abismo para entender otro abismo; se convierte, una vez en celuloide, en unos tipos correteando por el norte de África, con rostros hieráticos y bien pagados de sí mismos, en una Winger de voluntariosa tez chamuscada y viscosa y en una magnífica y polvorienta fotografía…

Yo es que, lo admito, me colé. Debí ver la peli antes que leer la novela. A la novela no le tose, creo, nadie; la peli tiene sus virtudes pero no llega, porque no puede, a lo que ofrece la obra de paraísos remotos, sensuales y telúricos de Bowles.

Estos son mis motivos para ese 6 que sabe a poco para una cinta con pretensiones de obra definitiva. Son escasos, pero no tengo otros. Quizás en el fondo esta conclusión sea la más clara pista de que estoy equivocado. De que esta peli merece otra oportunidad. Y es que son novelas como la de Bowles las que te enseñan que la vida, por mucho que creas lo contrario, no es materia propicia para dogmatismos ni rigores. Que no tenemos los mimbres necesarios (somos caducos, volubles e imperfectos) como para negar o afirmar nada con rotundidad. Simplemente dudar y luego ya veremos.

Así que me aplicaré el cuento con la peli de Bertolucci y no diré que no me gustó. Lo dejo en que no la entendí.

Y que el cielo la juzgue.
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52 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Viajeros sin regreso
En El Cielo Protector, de nuevo Bertolucci lanza esa mirada analítica a una cultura y sus costumbres a modo de Malick y su obra, construyendo de nuevo un mastodóntico artefacto de antropología cultural y social como lo fueron las otras dos componentes de su trilogía (hasta el momento) sobre el mundo: El Último Emperador y El Pequeño Buda.
Pero esta es sin lugar a dudas la más romántica y humana de las tres, y tal vez de su prolífica carrera. Partiendo de una espléndida novela de Paul Bowles, que le permite usar con un juego de realidades y narradores omniscientes de manera realmente excepcional, el director italiano crea una apasionada historia de amor así como una odisea iniciática a lo largo de los más recónditos parajes del Sahara. Desde el primer fotograma se aprecia la labor de Bertolucci como un auténtico artesano, tanto desde el punto de vista estético como fílmico, al orquestar unos movimientos de cámara realmente únicos. Por otra parte, sería delito pasar por esta película sin alabar su fotografía, que introduce a ese personaje llamado desierto en la acción de forma que la atmósfera que crea realmente da sentido a su título, El cielo Protector, puesto por una maravillosa metáfora del personaje de John Malkovich. Cada imagen que vemos en la pantalla podría constituir por si misma una obra maestra.
Pero dejando a un lado las inevitables e indudables virtudes técnicas, El cielo Protector alcanza la complejidad a la que llega por la propia complejidad de los personajes escritos por pluma de Bowles, que dan una dimensión a la historia esencial. Los más trabajados, la pareja protagonista, en la película encarnados por un magnífico John Malkovich, muy lejos de su histrionismo habitual, que crea un ser equívoco y de múltiples caras, cuyo devenir se palpa en su pasional interpretación, elevándola a una de las mejores de su carrera. Pero la brújula de la película es sin lugar a dudas el personaje de Kit, que aquí aparece representado con una maestría única por esa espléndida actriz que fue y es Debra Winger, por desgracia perdida como tantas otras de su generación, pero que crea un interminable abanico de posibilidades para su maravilloso personaje, que empiezan por sus inolvidables ojos. Las dagas que lanza con cada frase, su complejo carácter y su mutación de viajera corriente a un nuevo ser es algo que no se ve todos los días. Su viaje se convierte en algo más que en una pérdida, en una alternativa, llegando momentos en los que ella y su vida perdería todo sentido si ya no se encontrase entre dunas.
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27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil