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Seabiscuit, más allá de la leyenda (2003)

Seabiscuit, más allá de la leyenda
Trailer
6,3
13.122
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Sinopsis
El crac del 29 fue seguido de la Gran Depresión: millones de personas perdieron su trabajo, sus ahorros y su hogar. Una nación basada en un principio según el cual el éxito está al alcance de todo el que trabaje por obtenerlo, estaba hundida en una pobreza insuperable. El sentimiento dominante era el miedo, el fatalismo y la desesperación. Tanta desolación propició la eclosión de nuevas y poderosas fuerzas sociales que se pusieron de manifiesto en febrero de 1937. Nacía la era del estrellato. La maquinaria de la fama estaba a punto de ponerse en marcha. En ese momento surgió Seabiscuit, el caballo ceniciento que rompió records en el handicap de Santa Anita. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Seabiscuit
Duración
140 min.
Guion
Gary Ross (Novela: Laura Hillenbrand)
Música
Randy Newman
Fotografía
John Schwartzman
Productora
Universal Pictures / DreamWorks SKG / Spyglass Entertainment
Género
Drama Gran Depresión Años 30 Animales Caballos Deporte Hípica
Aclamado drama basado en el best seller homónimo de Laura Hillenbrand. Dirigida por Gary Ross (director de la también aplaudida "Pleasantville", 1998), "Seabiscuit" narra la historia de tres hombres: un jockey, un entrenador y un hombre de negocios. La suerte del caballo de carreras “Seabiscuit” marcará su destino, en una lucha por la supervivencia durante la Gran Depresión americana. Obtuvo muy buenas críticas en Estados Unidos.
[FilmAffinity]
"Muy bonita (las imágenes de miseria son material de archivo), reiterativa y prolongada, con excelentes interpretaciones y una narración un tanto difusa, es una película de un optimismo extremo y poco contagioso: todo resulta tan agradable que parece inverosímil"
[Diario El Mundo]
8
La superación
Se trata de esas películas que están al borde, a punto de caer en la cursilería, en la sensiblería más típica norteamericana. Pero se sobrepone, relanza su discurso hacia otros mundos y otras oportunidades.

La PRIMERA PARTE es excepcional, casi a modo de documental trata las consecuencias del crack del 29 en la sociedad norteamericana. A partir de ahí expone y desarrolla una serie de personajes, perdedores, que superan constantemente las trabas que la vida va dejando.

Esa carga moral va unida a valores como la superación, la lucha personal, el esfuerzo que no deja de, junto con la lagrimita fácil, llegarnos a lo más profundo. Un final a la altura, sorprendente por no caer en la autocomplacencia deja un buen sabor de boca a una película que enseña pero no inyecta, que te marca pero sin pretenderlo excesivamente.
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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La Esperanza de una Nación
Segunda película hasta la fecha del realizador Gary Ross, tras la fascinante Pleasantville, en la que mucho de lo que en aquella se intuía aquí se confirma: la elegancia de una sobria puesta en escena, el amor por los personajes, y sobre todo, la ambición de filmar imprimiendo emoción a cada plano, como si de una película del antiguo Hollywood se tratase, dando valor y pureza a una historia que sabe evitar acertadamente los abismos del sentimentalismo.

Seabiscuit nos cuenta un episodio que ilustra la fuerza que el concepto de El Sueño Americano tiene en ese país. Aquellos que no soporten que una nación tan contradictoria como Estados Unidos de lecciones de vida, de esperanza y de bondad, será mejor que se aparten de Seabiscuit, porque eso es exactamente lo que da esta película: una metáfora sobre la recuperación de una nación deprimida, capaz de dar segundas oportunidades a seres (personas, animales), cuyo destino ya parecía escrito.

Porque eso es esencialmente Seabiscuit. No es sólo una película histórica sobre los logros de un caballo. Ni es una biografía sobre las personas que el equino tuvo a su alrededor. De lo que trata la cinta es de la esperanza de seres que en principio no aspirarían a tenerla: un hombre afortunado en el infortunio general del país tras el crack del 29, pero arruinado emocionalmente ya que ha perdido un hijo; un hombre solo, sin nadie a su lado, prácticamente un apátrida; un joven huérfano, perdido y herido; y por supuesto un caballo que, a primera vista, no vale nada, pero que ejerce de imán para todos ellos. Este caballo será aquél que una los caminos de esos seres perdidos en el mundo y perdidos en sí mismos, y les dé una razón para luchar, una razón para seguir adelante.

En Seabiscuit asistimos a los avatares de estos cuatro personajes retratados con pasión, cariño y respeto por parte de su director. Además de una detallista y bellísima recreación histórica, Ross sabe como hacer que el relato resulte apasionante incluso para aquellos que no sigan las carreras de caballos. Pero la mayor virtud de Seabiscuit es sus personajes, su meridiana definición, su credibilidad y la esperanza y fuerza de voluntad que transmiten. Ellos son capaces de levantarse sobre las miserias de una nación y sobre las taras y las desilusiones de sus propias vidas. Inspirador.
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15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil