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El niño y la bestia (2015)

El niño y la bestia
Trailer
7,1
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Sinopsis
Kyuta es un niño solitario que vive en Tokio, y Kumatetsu es una criatura sobrenatural aislada en un mundo fantástico. Un día, el niño cruza la frontera al otro mundo y entabla amistad con Kumatetsu, que se convierte en su amigo y guía espiritual. Este encuentro les llevará a vivir multitud de aventuras. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Bakemono no Ko
Duración
119 min.
Estreno
22 de abril de 2016
Guion
Mamoru Hosoda
Música
Takagi Masakatsu
Fotografía
Animation
Productora
Studio Chizu / Nippon TV
Género
Animación Fantástico Amistad Monstruos Familia
7
La sensibilidad de Hosoda
Cualquiera que esté más o menos interesado en el cine de animación (me gustaría decir, sencillamente, "en el cine", pero aún existe un prejuicio absurdo hacia este medio) sabrá quién es Mamoru Hosoda, o al menos habrá visto alguna de sus películas más conocidas, como "La chica que saltaba a través del tiempo" o "Los niños lobo". Para los que no, sabed que os perdéis la obra de realizador más importante salido de Japón en la última década, y uno de los pocos autores nipones que garantizan cierta calidad en cada una de sus producciones, junto a Masaaki Yuasa y Makoto Shinkai. En "El niño y la bestia" lleva más allá los temas que suele abordar habitualmente su obra, siendo el principal la familia y cómo se relaciona, al tiempo que explora el mundo que nos rodea y desvela sus contrastes.

Lo que hace mágico a su cine es que es capaz de coger argumentos que en manos de otros autores se convertirían en un festival del exceso, pero que él controla desde el intimismo. Así, en "La chica que saltaba..." teníamos viajes en el tiempo pero el foco se ponía en una adolescente y como se relacionaba con un chico que le gustaba; "Summer Wars" orbitaba en torno a un mundo virtual mastodóntico pero lo que más interesaba a Hosoda era el costumbrismo, la relación establecida entre niños y familiares en una casa de campo; y "Los niños lobo", hacía exactamente lo mismo pero limitando el tema de la licantropía a la más mínima esencia. Aquí ocurre lo mismo, pues aunque tenemos dos mundos -el de humanos y monstruos- lo importante es como el protagonista se relaciona con una criatura fantástica de tú a tú, generando un vínculo que remite una vez más a la familia -padre e hijo- más que a la amistad.

Este enfoque intimista es el que hace que el film desprenda esa magia tan especial, y el que hará que perdure en el tiempo. Porque Hosoda hace cine de ahora y de siempre, y aunque es cierto que a veces se le va un poco de las manos la forma en que concluyen sus trabajos, tirando por la pirotecnia o siendo un poco blandengue, aquí esto se salva más o menos bien porque el nivel técnico es sencillamente alucinante. Así que en resumen, es un film tierno, que te dibuja una sonrisa al terminar de verlo y que vuelve a confirmar a Hosoda como el heredero directo de Ghibli, ahora que el estudio está decidido a no volver a hacer un largometraje. Una pequeña joya que sin ser redonda, tiene suficientes méritos como para hacerse un hueco entre lo mejor que ha dado el anime en los últimos años.
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43 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Orfandad, aprendizaje y crecimiento
Estamos ante una historia de superación, de desarrollo personal pese a las adversidades, que bascula entre la fantasía y el realismo, entre la alucinación y el agobio. Quizás su rasgo principal sea que resulta encantadora y rezuma optimismo y buenas intenciones didácticas, pero todo ello consigue domesticar y trivializar una propuesta que con menos concesiones podría haber tomado unos derroteros menos convencionales y haber alcanzado unas cuotas artísticas superiores. Se produce un desajuste entre el embrujo de los personajes y una excesiva previsibilidad del relato, que no sorprende en ningún momento. Además hay un exceso de sacarina que bordea el empalago y trivializa la vigorosa narración de superación.

Hay diversas formas de abordar esta cinta. Como película infantil es perfecta, entretiene a la vez que ofrece un cautivador retablo sobre algunas virtudes en las que se debiera instruir a todo aprendiz de ciudadano: el compromiso, la lealtad, el amor, la honradez, la enseñanza como epicentro de nuestra cultura, el perdón y la templanza como un rasgo de las personas sabias. Para un adulto resulta grato vislumbrar ecos del pasado donde los confines entre realidad y ficción estaban muy diluidos o tenían fronteras permeables y mutantes. La sencillez y previsibilidad del relato nos recuerdan a las historias inventadas o leídas a nuestros pequeños en la somnolencia nocturna previa al sueño. Esta ensoñación mágica está presente en esta cinta, con ecos de un Dickens nipón y sagas nórdicas travestidas.

Lo más destacable es el atinado y reconfortante arco de aprendizaje que recorre la cinta, donde hay un enriquecedor flujo bidireccional entre atípico maestro y discípulo indócil. Siempre a la gresca pero siempre nobles, sin dobleces ni engaños, creando un fértil vínculo que les hace mejorar a los dos. También hay detalles acertados en cuanto a la narración: la cara y la cruz del mal que anida en todos nosotros y que en lo único en que nos diferenciamos es en la forma de enfrentarnos a nuestras peores pulsiones. El éxito estriba en saberse desbordado o enloquecido, expresarlo pero sin dejarse llevar por la acción revanchista. O, así mismo, la fertilidad de la franqueza: decir la verdad es fuente de sabiduría y consuelo. El engaño, la falacia o la ocultación son el origen de cualquier desatino ruin.

Amena, simpática, atrayente, azucarada y arrulladora… En fin, se trata de una cinta recomendable aunque algo convencional y un poco simple. Pero ojalá la calidad media de los estrenos fuera como éste. Un disfrutable divertimento.
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30 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil