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Alfred Hitchcock presenta: The Night the World Ended (1957)

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Sinopsis
Un periodista gasta una broma a un vagabundo enseñándole un artículo falso que decía que el mundo acabaría esa misma noche.
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Night the World Ended
Duración
30 min.
Guion
Obra: Bernard C. Schoenfeld. Historia: Fredric Brown
Fotografía
Joseph LaShelle (B&W)
Productora
Shamley Productions. Distribuida por CBS [USA] / Universal Pictures Home Entertainment [USA]
Género
Drama Thriller Crimen
6
Antes de que todo acabe
Alfred Hitchcock presenta: The Night the world ended (La noche del fin del mundo), temporada 2, episodio 31, dirigido por Justus Addis en 1957. Hitchcock, después de saludar va directo a lo que le ocupa, explicando cómo funciona el aparato de alta tecnología que tiene justo a su lado, con el que tras una pequeña demostración, le queda muy claro a la audiencia las consecuencias de su uso, que no es otro que el de asegurarse su fidelidad con alguna que otra broma añadida; algo parecido sucede en el episodio de hoy.

El señor Halloran (Harold J. Stone) es un periodista al que le gustan las bromas, contarlas y reírse de los efectos producidos en sus víctimas. Recordando algunas de ellas, se le presenta la ocasión para gastarle otra de sus bufonadas a un borrachín que frecuenta el mismo local. Just Addis, recrea la situación con acierto, donde la guasa del reportero convierte a Johnny (Russell Collins) en su siguiente víctima. El despropósito de Halloran le hace actuar impunemente con las intolerables acciones sobre un marginado social como es Johnny, haciéndole pasar por un mal trago pero, lo que le perturba gravemente la existencia a la víctima, es la noticia que le dan a conocer por la prensa, lo que le impulsa a hacer realidad sus últimos deseos antes de que todo acabe.

Un dinamismo generalizado en diferentes localizaciones se apodera de nuestro protagonista dejándose llevar por la necesidad de ver cumplidos sus últimos deseos complicándose la vida sin importarle las consecuencias: solo quiere complacer y complacerse sin tener que dar cuenta a nadie dada la situación. Poco tiempo ha de pasar para que nuestro desheredado borrachín, habiendo superado los límites de la contención, choque frontalmente con la verdadera realidad, reclamando a Halloran alguna explicación que le pueda salvar de su propio final.

En su epilogo, Hitchcock da la razón al protagonista afectado por la maldad del otro quien, a pesar de todo, tuvo que pagar su acción, lo que no elimina el deseo de que nada como lo visto hoy pueda afectar a las gentes de buena fe, como afecta a las audiencias que de algún modo se puedan ver influenciadas por el aparato que con tanto atino Hitch presentó anteriormente.
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