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Otesánek (El pequeño Otik) (2000)

Otesánek (El pequeño Otik)
Trailer
7,3
796
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Sinopsis
Cuando un matrimonio se entera de que no puede tener hijos, se sienten muy frustrados. Para paliar el dolor de su esposa, el marido recorta una raíz del jardín, dándole forma de niño. La mujer, en su desesperación, acepta la la raíz como si fuera realmente un bebé. Y, de repente, la raíz cobra vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ República Checa República Checa
Título original:
Otesánek (Little Otik)
Duración
132 min.
Guion
Jan Svankmajer (Cuento: Karel Jaromír Erben)
Música
Carl Maria von Weber
Fotografía
Juraj Galvánek
Productora
Coproducción República Checa-Reino Unido-Japón; Athanor / Barrandov Biografia / FilmFour / Illumination Films / The Czech Republic State Fund for Support and Development of Cinematography
Género
Fantástico Comedia Drama Surrealismo Comedia negra Stop Motion
7
CURIOSIDAD SURREAL
Otesanek, cuento popular de la Europa del Este (Pequeño Otik), es llevado al cine por el sugerente director checo Jan Svankmajer quien muestra un talento similar al de David Lynch (hay mucho en esta obra que me recordó a Cabeza Borradora) o al disuelto tandem Caro-Jeunet como constructor de imágenes y escenas barrocas. En este sentido, los fotogramas que constituyen Otesanek se encuentran preñados de morbo e inquietud configurando una obra que no dejará a nadie indiferente. Quizá la odies o quizá la ames, pero desde luego no se puede negar la fuerza cautivadora de esta película. Gore, stop-motion y bizarría se conjugan en una extraña combinación visual de la que depende en gran medida el resultado final, resultado desde luego marcado por la extrañeza de lo narrado, con esa estética barroca y surrealista que acrecenta el desasosiego y la fascinación que la pantalla, llena de esta película, desprende. Los ángulos, los objetivos, los planos y las tomas son manejados con deliverada exactitud desde posiciones escéntricas para crear una distorsión visual acorde a la que sufre la realidad en las películas de Svankmajer. Se podría afirmar que toda la obra de este checo es un espejo a través del que pasar al otro lado de la realidad, a una mágica dimensión que no deja de resultar, por momentos, aterradora.
Difícil de encontrar, si cae en tus manos no dudes en visionarla para comprender las nuevas dimensiones a las que un cuento puede llegar en las manos adecuadas.
Recomendable.
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17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La vida es deseo barnizado
La película más sencilla y clara de Svankmajer es la que se lleva el título más rebuscado como concesión a toda una vida. Porque tras esta antigua leyenda que va cogiendo forma como una realidad tenebrosa, se encuentran todos los elementos conocidos de este director.

La curiosa mentalidad de una niña nos acerca a una pareja estéril, con un deseo, tener un hijo al que amar. El deseo se convierte en una raíz con formas de infante que el hombre decide barnizar. La raíz se transforma en deseo y el deseo en realidad, así, se da paso a la vida. Un objeto con vida. El curioso razonamiento de la niña descubre al Otesánek, la raíz barnizada que sólo tiene un deseo, comer. El ciclo de la vida siempre continúa.

Por una parte tenemos los objetos que van cobrando vida para despertar el interés de todo aquel que se mueva a su alrededor. La materia razona y toma el control. Mientras esto ocurre nos presentan a los humanos, que fortalecidos por una vida creada de un modo natural siempre actúan por instinto, por deseo, sin un verdadero control. Cuando los objetos y los hombres se alían, reaparece la duda: ¿quién domina a quién? Hay un anciano cuyas gafas activan la vida propia que tienen sus pantalones ante una jovencita que desea tocar. Hay un hombre que mira absorto una televisión en la que la publicidad se convierte en objetos que se mueven sólo para que su deseo por obtenerlos aumente y quede hipnotizado. El crecimiento de una coles, o una madre que acepta cualquier incidente con tal de tener un hijo.

Todos juntos dan vida de nuevo a algo básico para Svankmajer, el cuento, esa interpretación propia y personal de una historia popular, que junto a los objetos humanizados y los hombres instintivos siempre transforman al mundo en algo extraño y a la vez divertido que intriga a nuestros instintos y que demuestra que cualquier elemento inanimado puede ser el centro de atención y expresarse sin necesidad de utilizar una sola palabra. Qué mejor modo de indagar en nuestra imaginación y en la ajena y aprovechar esas pequeñas cosas que forman parte de la vida sin inmutarse nunca.

Aún así, eché de menos a las gallinas alrededor del pequeño Otik.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil