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El premio (1963)

El premio
Trailer
7,2
4.673
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Sinopsis
Durante la Guerra Fría, un escritor norteamericano, mujeriego y aficionado a la bebida, llega a Estocolmo para recibir el Premio Nobel de Literatura. Una vez allí, descubre, por casualidad, un complot bolchevique para secuestrar a un eminente científico también galardonado con el Nobel. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Prize
Duración
136 min.
Guion
Ernest Lehman (Novela: Irving Wallace)
Música
Jerry Goldsmith
Fotografía
William H. Daniels
Productora
Roxbury Productions
Género
Intriga Guerra Fría Literatura
8
Comedia, intriga y espionaje bajo un glamouroso look sixtie
I love “The Prize”, es lo primero que tengo que decir, por los bonitos recuerdos que me trae, cuando sábados y domingos por la tarde se podía disfrutar de cine clásico en tv. La deuda con “Con la Muerte en los talones” no es casual, de hecho supongo que estas fueron las instrucciones que se le dieron a Ernest Lehman, guionista de ambos films, cuando se le hizo el encargo. En teoría la película debía ser una adaptación cinematográfica del best seller de Irving Wallace, pero Mark Robson acabó rodando todo lo contrario, casi una comedia de situación en la que la forma es mucho más importante que el fondo, la estética sixtie, la luminosa fotografía en technicolor, los gags cómicos y el feeling de Paul Newman con las chicas (tres nada menos, Srta Andersen, Emily Stratman y la Sra Marceau) son el éxito de la historia, mientras que la trama de espionaje y de guerra fría (que es a lo que se limita la novela de Wallace) importan realmente poco. No he leído el libro, pero me temo que no debe quedar mucho…

Deliberadamente y con bastante descaro se retoman escenas de Con la Muerte en los Talones (no solo la del club nudista/subasta de arte, también el momento en el que Andrew Craig vuelve al lugar del crimen con la policía y parece que allí no ha pasado nada o cuando intentan asesinarlo atropellándolo con el coche, como ocurriera en los campos de maíz en el filme de Hitchcock, o por ejemplo la imagen de la sala de Conciertos donde se entregarán los premios, con una imagen muy parecida a la sede de la ONU en “Con la Muerte en los talones”, o la presencia de Leo G. Carroll en ambos filmes), pero no sólo eso sino que las referencias a Hitchcock son continuas, por ejemplo con esas transparencias tan cutres cuando viajan en coche, parecen sacadas de “Vértigo”. También me parece relevante el estilo “televisivo” que se adopta en algunos momentos, muy característico de los 60’s, por ejemplo en la presentación inicial de los personajes cuando los camareros van habitación por habitación llevando el regalo del hotel, se nos muestra de forma muy eficaz a cada uno de los personajes en muy poco tiempo.

Y nada más, que Paul Newman está esplendido como el escritor golfo, socarrón y borracho, que no puede dejar de meter las narices en un asunto turbio que le de un poco de vidilla, (aunque nadie puede creer que un tipo así haya escrito “El estado Perfecto”, novela por la que le dan el Nobel), al igual que el resto del reparto con mención especial a Edward G. Robinson, por supuesto, y a Sacha Pitoeff, “Daranyi”, el malo malísimo (que se parece a Martin Landau, de nuevo premeditadamente, me temo como bien se apunta).
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34 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Por qué Paul no se quita la toalla en la sauna nudista?
Es lo único que tengo que reprochar.

Newman, es un crápula, un vividor, un escritor de novelas policíacas baratas, un mujeriego y... ¿resulta que se corta cuando tiene que dejar caer la toalla entre todas esas suecas? No me cuadra...

La trama es finísima, sagaz: salpicada de intra-historias cada cual más intrincada.
Los puntos cómicos, inagotables.
Las conversaciones más de lo mismo y claro, Newman.
Está socarrón, más que nunca, casi parece un ganso pero sin perder su elegancia. Hace un montón de payasadas y sale airado de todas, porque él lo vale.
La interpretación homenaje al gran maestro del teatro Edward G. Robinson le pone a cualquiera los pelos de punta. No sólo los dos principales. Todos los actores están en estado de gracia. Empezando por el italiano (Fantoni) y su madre. Micheline Presle está en un papel también juguetón (yo la hubiera emparejado con Paul). Por supuesto el segundón de toda la vida: Leo G. Carroll. Consigue que sufras con él. Y Elke Sommer, guapísima como siempre aunque en fin, no es creíble que no se desate la melena ante semejantes insinuaciones de Newman. Eso es autocontrol...

Una joya. No me canso de verla y menos a él, en su plenitud. Probablemente el mejor papel y (más cómico) que jamás haya conseguido. Creo que el personaje está diseñado para él, no a la inversa. Está hecho un fanfarrón, pero eso sí, ganador de un Nóbel. Ahí está la gran trampa de la película. En tiempos de Guerra Fría convencerte de que los malos son los otros cuando el adalid del mundo libre es un atractivo Nóbel de literatura, borrachuzo pero simpático; cínico pero brillante; guasón pero de modales exquisitos; en fin, un tal Paul Newman, no es ningún reto. Con o sin trampas y más allá de mi inclinación evidente hacia el susodicho, la película pasa por ser una OBRA MAESTRA. Muy recomendable. 9,5.
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33 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil