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Mifune (1999)

Mifune
Trailer
7,0
1.517
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Sinopsis
Kresten vive en Copenhague, integrado en los círculos yuppies de la ciudad, con un brillante futuro, hasta que en su noche de bodas suena el teléfono. Una llamada lejana le informa de la muerte de su padre. Kresten se ve obligado a explicar la situación, ya que todo el mundo creía, incluida su esposa que no tenía ningún pariente cercano. Kresten regresa a la arruinada granja de su padre donde vive su hermano mayor, un hombre de aspecto desaliñado, solitario y con sus facultades mentales algo mermadas, lo que le impide valerse por sí mismo. Avergonzado al ver cómo irremediablemente va saliendo a la luz su pasado pueblerino, trata de mantener alejada a su mujer inventando una mentira tras otra. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Dinamarca Dinamarca
Título original:
Mifunes sidste sang (Mifune's Last Song)
Duración
98 min.
Guion
Søren Kragh-Jacobsen, Anders Thomas Jensen
Música
Thor Backhausen, Karl Bille, Christian Sievert
Fotografía
Anthony Dod Mantle
Productora
Zentropa Entertainments / SVT Drama / Nimbus Film Productions / Danmarks Radio
Género
Drama Dogma
Obtuvo excelentes críticas.
[FilmAffinity]
"Tiene gracia, estilo y ternura"
[Diario El Mundo]
7
MIFUNE, EL PROTECTOR
La película queda rápidamente planteada en los primeros minutos: un encumbrado ejecutivo, Kresten, celebra boda con la hija del jefe. Con ello consolidaría su vida si no tuviera una identidad oculta, que esa noche se actualiza: es Mifune. En un flash, se ve como samurai de Kurosawa, moviéndose marcialmente y lanzando gritos guerreros.
Su padre ha muerto, le dicen enseguida. Ha de regresar a la olvidada granja familiar a enterrarlo. El viaje será mucho más que un desplazamiento por el espacio a la Dinamarca profunda: será un viaje a las personales raíces rurales, escondidas.
En la destartalada granja donde se crió, a Kresten le aguarda su hermano Rut, un inocente y desvalido retrasado, con quien de niños jugaba a ser Mifune, según ellos el séptimo samurai, el salvador que en el sótano vociferaba como un campesino japonés.
Para que la historia se ponga en marcha falta la mujer que oculta su ocupación de prostituta.
Será una historia agridulce y dura, protagonizada por seres acostumbrados a sobrevivir sin afecto y repleta de fuertes sucesos e intensas oscilaciones emocionales. Gracias al despojamiento formal del método Dogma, se representan con eficacia directa, sin que la película se despeñe por estridencias o tremendismos.
Los actores trabajan bien y están dirigidos con acierto. Sobresale Jesper Asholt, quien resuelve con genialidad un rol extraordinariamente difícil, el de Rut, del que depende buena parte del sentido.
Rut cree en los platillos volantes de los tebeos que lee, en su inminente llegada entre luces.
Cree en Mifune, como desde niños él y su hermano llaman al samurai salvador que protege la casa familiar luchando en el sótano contra sus enemigos.
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13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El gran culebrón danés
Parece que desde los 90, que fue cuando vivió un resurgimiento a nivel internacional, el cine autoral danés está sometido a la tiranía de una tendencia que, en mi caso particular, empieza a ser más estomagante que ver a Keira Knightley en enaguas. No importa cuál sea el punto de partida (la obsesión por el suicidio, encarar la tetraplejia o, cómo es este caso, resolver un pasado desagradable), al final más del 80% de esas peliculitas acaba mutándose inexorablemente en un drama/comedia romántico/a compuesto de vocerío histérico, tremendismos y lágrimas de cocodrilo. Todo queda reducido a saber si esos dos ejemplares de humanos daneses se aparearán y/o se emparejarán o no. It's all about love, vaya. Si hay suerte, no será más que un agradable producto de usar y tirar, y si no (Scherfiges, Bieres, etc...), un culebrón diarreico con carcasa dogma. ¿Es esa la imagen colectiva que desea proyectar esa camada de directorzuelos?

Fijaros si no en el caso de Mifune. Al final termina descuidando al bueno de Rut, a la granja, al cambio de estilo de vida y resuelve la situación de la pareja recién casada de la manera más forzada y artificial posible. Nada ha de estorbar e importar más que el ver si la ex prostituta y el ex ejecutivo acaban cogiéndose de la manita antes del Fin. Tanto es así que ni siquiera se cuida algo básico en una película de carácter íntimo y personal: la profundización en los personajes. A ese respecto lo único que se aporta es una vaguedad: todos los urbanitas quedan purificados al tomar contacto con el campo. Y ya está. Ni rastro de su carácter pasado. Bueno, a excepción del tramo final, dónde aparece un festival de giros impostados y situaciones forzadas conformadas de paletos perversos, amigas vengadoras y bruscos cambios de humores.
¿Por qué esos directorzuelos no hacen todos juntos un único y gran súper-culebrón definitivo y dejan ya de hacernos perder el tiempo en balde? Valiente panda de latosos.

Pero por suerte no todo es tan cargante, y al final hay cosas que salvan a Mifune, la película, de ser un subproducto deleznable. Su buen corazón (lejos del obligatorio fatalismo de Von Trier), los golpes de humor y la portentosa actuación de Jesper Asshole consiguen que al final no desees idear un plan para asesinar a Kragh-Jacobsen y te conformes con una reseña algo cabrona. Podría haber sido peor, podría haber sido Wilbur se quiere para siempre después de la boda.
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11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil