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El oro y el barro (Serie de TV) (1992)

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Sinopsis
Serie de TV (1992). 100 episodios. Tres hermanas españolas llegan a la Argentina buscando desesperadamente a su madre (Santalla), donde a raíz de un accidente ha quedado amnésica, y hace muchos años han perdido el contacto. En la Argentina, Pilar (Buen) se enamora de un pintor, Castelli (Solá), y se casa con él. Lo que nadie sabe es que Castelli es un psicópata que posee una personalidad enfermiza y lleva una doble vida con un amigo. Cuando Pilar le presenta a sus dos hermanas menores, el pintor se obsesiona con Mariana e intenta arruinar la vida de su novio (Grandinetti). (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Argentina Argentina
Título original:
El oro y el barro (TV Series)
Duración
60 min.
Guion
Jorge Bellizzi, Marcia Cerretani, Enrique Sdrech
Música
Horacio Malvicino
Productora
Coproducción Argentina-España
Género
Serie de TV Drama Romance Telenovela
10
Única, profunda, melancólica, maravillosa.
Tengo una selección de los 100 capítulos que componen esta extraña y atípica novela, compilada en unos, creo yo, siete u ocho VHS; dicha selección reúne las partes donde hace su estelar y brillante aparición Miguel Ángel Solá, prescindiendo de las partes más vulgares, donde los lugares comunes se suceden con frecuencia. Las actuaciones son desparejas: muy teatrales, exageradas y afectadas en los actores más veteranos, y mucho más creíbles, actuales, verídicas, aunque fabulosas, en los actores más jóvenes (exceptuando a la prescindible Lola Baldrich).

Hay un encanto inigualable, no encontrado en ninguna otra serie o película, un encanto que emana de la tristeza, de lo irreparable, del absurdo, del vacío de la vida, terrible, aplastante. Las escenas donde Sergio Castelini (Miguel Ángel Solá) deambula por la noche, borracho, solo, en su taller de pintura, repleto de cuadros, aromado del fuerte olor al óleo, y las telas a medio terminar, apoyadas en las paredes, con las luces apagadas, pero bajo la difusa, tenue luz lunar que se filtra por la claraboya, luz azulada, de acuario, junto a la incomparable música de Malvicino, música mucho más que melancólica, suave pero aguda, que hiende el alma, son, estas escenas, únicas e irrepetibles.

El guión es filoso, irónico, inteligente, y pone en boca de Solá, muchas ingeniosas crueldades, dichas con un desparpajo, con una naturalidad, que lo hace un personaje inolvidable y hasta querible, a pesar de su maldad.

El carácter melancólico, violento, apasionado, malhumorado, turbulento del pintor (Solá) pone un contraste genial con sus parciales (y escasos) actos de ternura y buen humor.
Ha sido esta novela, además, casi pionera, al tocar el tema de la bisexualidad en una serie de tv. Además, el existencialismo, el hastío, el amor, la amistad, el éxito, el dinero, todo es relativizado, analizado con diferentes profundidades según los personajes.

Son muchísimos los elementos que constituyen y enriquecen a esta maravillosa serie, repleta de escenas memorables, donde el conjunto, más que nunca, conforma un todo compacto, homogéneo, casi perfecto. Las actuaciones de Solá, de Valdivieso, de Grandinetti fundamentalmente, la musicalización, inmejorable, adecuada y mágica de Horacio Malvicino, el guión, mordaz, profundo, aunque no exento de humorismo, perverso, ingenioso, producen un producto de calidad, que creo yo, no se volverá a repetir jamás.

Innumerables noches me ha acompañado esta serie. Y lo seguirá haciendo. Sergio Castelini, el pintor famoso de carácter inestable, rebelde, sádico, y sus palabras finales, permanecerán para siempre en mi memoria. Y la música, especialmente una, de una composición delicada, casi oriental, me deja siempre, una sensación de futilidad irreparable, un cierto vacío y angustia, cálida y de la que uno se va como enamorando, como si hubiera algo de confortable en el vacío, en la nada.

Agradezco la existencia de esta serie, que me viene acompañando desde hace ya unos veinte años, y que crece conmigo y que como una imagen tornasolada, cambia y varía- sin perder su genialidad- con los años, como cambiamos y variamos y nos modificamos, inexorablemente, nosotros mismos...
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil