arrow

Quieto, muere, resucita (1990)

7,6
429
Votar
Plugin no soportado
Añadir a listas
Sinopsis
Siberia, 1947. Dos niños que viven en una remota población minera de Siberia sobreviven a la pobreza y a las dificultades gracias a su incondicional amistad y a su gran sentido del humor. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Título original:
Zamri, umri, voskresni!
Duración
105 min.
Guion
Vitali Kanevsky
Música
Sergei Banevich
Fotografía
Vladimir Brylyakov (B&W)
Productora
Lenfilm Studio / SPiEF / Studio Troitskij Most
Género
Drama Pobreza Infancia Amistad Vida rural Años 40
"Extrae lirismo de la crueldada más completa. Film autobiográfico. Una pequeña joya"
[Fotogramas]
10
Casi no hay adjetivos que describan esta maravillosa, acojonante, innegable e imprescindible obra maestra
Me resulta realmente difícil hablar de esta película, a la que considero, sin lugar a dudas, una de las obras clave del cine moderno.
La película habla básicamente de la amistad y el profundo amor del niño protagonista hacia la única amiga que tiene en el mundo (a falta de familia...): una chiquilla de 11 años con la que se pasa los días ganándose la vida en el mercado.
Bajo esta premisa se nos presenta una película que avanza lentamente, en la que hay que ir metiéndose poco a poco, deleitándose con la maravillosa sencillez y lirismo de unos personajes que rezuman verdad, ternura y poesía (dentro de su veracidad y sencillez) por los cuatro costados.
Pero sin embargo, lo que la hace mágica y especial, sin duda, es el hecho de que es una obra totalmente autobiográfica. Una película que el propio director siempre quiso hacer, pero que no hizo hasta que estuvo pisológicamente preparado. Porque la historia de estos dos niños, de estos dos mocosos que se han hecho mayores sin pasar por la etapa de la infancia, es la propia historia de un director que infligió su mirada a esta obra maestra del séptimo arte, como si de un quejido eterno se tratase. Un quejido que nunca cesará de escucharse para aquellos que hayan visto esta maravilla sin paliativos.
Película de imprescindible visionado, sobre todo para energúmenos como nosotros que hemos nacido en la sociedad actual.
[Leer más +]
26 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los niños del frío
"Quieto, muere, resucita", cuyo extraño título hace referencia a un juego y/o canción infantil rusa, es una película muy dura sobre la infancia y, al mismo tiempo, un testimonio sobrecogedor de lo que supuso el estalinismo. Una película tan abiertamente crítica con el régimen de Stalin solo pudo rodarse en la Unión Soviética en los años de Gorbachov y la perestroika, que supusieron un auténtico renacimiento para la cultura rusa. Kanevsky rodaría después, ya en la Rusia de Yeltsin, una secuela de esta película, titulada "Una vida independiente" (1992), en la que presenta de nuevo al niño protagonista del filme anterior, ya adolescente, tratando de encontrar su lugar en el mundo. No la he visto, pero a juzgar por "Quieto, muere, resucita", no me cabe duda de que será una película que valga la pena.

Siberia, poco años después de la Segunda Guerra Mundial. Los protagonistas, Valerka y Galya, dos preadolescentes, viven en Suchan, una ciudad minera del llamado Lejano Oriente ruso, en la costa del Pacífico. Suchan (hoy Partizansk) es también una de las islas del Archipiélago Gulag, cuyo mapa trazó Aleksandr Solzhenitsyn. En realidad, el pueblo en el que viven los chicos es una gigantesca prisión: no hay separación física entre el campo de prisioneros y el lugar de residencia de las gentes del lugar. Y la forma de vida de unos y de otros no difiere en lo esencial. Por eso, las vidas de los chicos se cruzan con las de prisioneros de guerra japoneses y deportados políticos. Las terribles condiciones de vida en esta ciudad siberiana hacen referencia a toda Rusia en la época de Stalin, que era también una gigantesca prisión de la que resultaba imposible escapar.

¿Qué efecto tiene sobre un niño vivir en condiciones tan adversas? La película responde a esta pregunta, sirviéndose para ello de la experiencia personal de su director y guionista, Vitali Kanevsky. Kanevsky recrea episodios de su infancia en Siberia sin pretender ser objetivo: más aún, privilegiando la perspectiva de su protagonista y alter ego, Valerka, y de su compañera Galya. La película es intensamente subjetiva. Por eso los adultos que aparecen en la película son, casi sin excepción, duros y despiadados, y se sacuden a los niños en cuanto pueden, como un molesto problema. Peor es todavía la actitud de los representantes del omnímodo poder estalinista, desde el intransigente director de la escuela hasta los policías y los guardianes del presidio. La fotografía, en blanco y negro, marcadamente expresionista, contribuye a subrayar la dureza de la vida de los protagonistas.

Se han señalado las semejanzas de este filme con "Los 400 golpes" de Truffaut: tales semejanzas existen, sin duda, pero aquí la experiencia del desarraigo infantil se produce en un ambiente infinitamente más duro y hostil. Un mundo terrible en el que las travesuras arrojan a los niños a la exclusión social, a la marginación, al delito.

Excelente película, que vale la pena ver.
[Leer más +]
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil