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Techo y comida (2015)

Techo y comida
Trailer
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Sinopsis
Jerez de la Frontera, 2012. Rocío, una madre soltera y sin trabajo, no recibe ningún tipo de ayuda ni subsidio. Vive con a su hijo de ocho años en un piso cuyo alquiler no paga desde hace meses, de modo que el dueño la amenaza continuamente con echarla a la calle. Para hacer frente a los gastos de manutención y alquiler, realiza trabajos ocasionales mal pagados y vende en el top manta objetos encontrados. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
Techo y comida
Duración
90 min.
Estreno
4 de diciembre de 2015
Guion
Juan Miguel del Castillo
Música
Miguel Carabante, Daniel Quiñones
Fotografía
Manuel Montero, Rodrigo Rezende
Productora
Diversa Audiovisual
Género
Drama Drama social Crisis económica 2008 Pobreza
8
La cruda realidad.
La España de Bárcenas es también la España de Rocío y Adrián. Y una no puede entenderse sin la otra
Tradicionalmente los mecanismos de redistribución de la riqueza que genera un país han sido dos: la vía impositiva y el trabajo. En el País de la CEOE, ambos han sido dinamitados: las grandes empresas no solo tributan bajo unas cuotas fiscales de risa (y eso descontando además toda una arquitectura legal que les permite regatear hasta el último céntimo); sino que también, por medio de las últimas reformas laborales del PPSOE, han logrado unos niveles de precariedad en el trabajo inéditos desde la época de construcción de las pirámides.
En el país de Bárcenas, de Rocío y de Adrián, el hijo de Aznar presuntamente hace negocios con empresas vinculadas a fondos buitres que especulan con lo que en su momento fueron viviendas sociales. En ese mismo país, las "hidroeléctricas-puerta-giratoria" presuntamente campan a sus anchas y se ven beneficiadas por un impuesto al sol que consigue frenar toda la competencia que les podía hacer las renovables. En ese país de traca, fue burocráticamente más fácil regularizar dinero negro por medio de la amnistía fiscal "Montoro y asociados" de lo que ha sido nunca abrir una cafetería. Este es el país en el que hemos subvencionado con dinero de todos a los bancos que presuntamente ahora desahucian, a los de las tarjetas black, a los de las cláusulas suelo ilegales, las preferentes y los directivos con infames jubilaciones millonarias de escándalo.
¿El binomio comedor social-fútbol no se asemeja alarmantemente al pan y circo del más decadente Imperio Romano?
Los niveles de pobreza en una de las economías más fuertes del mundo se han disparado en los últimos años; eso sí; mientras, a los gobernantes "muy eshpañoles y mucho eshpañoles" que sufrimos en cada telediario se les llena la boca proclamando cuánto estamos creciendo (cuánto están creciendo sus colegas de patio y pupitre).
Techo y comida, nada más. Rocío y Adrián no piden otra cosa. Son derechos humanos básicos y fundamentales, sustraídos, que se les niegan ante la indiferencia/ignorancia de miles de idiotizados forofos futboleros que, consumiendo partidos día sí día también, no son capaces de percibir los dramas cotidianos con los que conviven puerta con puerta, ni cómo les roban cada gota de sudor de su horario laboral.
Bienvenidos a la España del siglo XXI, la España de Bárcenas (sé fuerte), el Pocero, el molt honorable Pujol, de Baltar (heredero de la diputación de Ourense del cual presuntamente existen unas vergonzantes grabaciones en las que ofrece explícita pero presuntamente trabajo a una mujer a cambio de sexo), los finiquitos en diferido, las ruedas de prensa en plasma, de la saga Fabra (Andríta "que se jodan", incluída), la ley mordaza, Ana "confetis" Mato, los ERE, los presuntos pelotazos sindicales en los cursos de formación, la Pantoja ("guapaaaa, guapaaaaa"), el pequeño Nicolás, Sálvame, Mujeres y hombres y viceversa, el fútbol, los toros, etc, etc, etc, etc, etc, etc .............................................
Pero también es la de miles de Rocíos y Adrianes.
Hala. Llega el 20-D. Sigamos igual que siempre.
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64 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El infierno está lleno de buenas intenciones
Decía el maestro Akira Kurosawa: “Los seres humanos son incapaces de ser honestos acerca de ellos mismos. No pueden hablar de sí mismos sin embellecer.” También dejó dicho Bertolt Brecht: “El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma.” Añadamos una frase del político y demagogo nazi Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad.” Y cerremos con un pensamiento políticamente incorrecto del filósofo español José Ortega y Gasset: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil.”

Estamos ante una película que intenta reflejar la atroz realidad que algunas personas vivieron durante los momentos más funestos de la presente crisis económica, social y política que aún no hemos dejado atrás. Y la angustia, padecimientos, estrecheces, desvelos, congojas, sinsabores y desmayos que ese terrible y temible estado de la falta de trabajo, de dinero, de presente y futuro, de sueños, de ilusión y de opciones está muy bien reflejado. El espectador sufre y compadece a la protagonista, empatiza con sus estrecheces, con su hambre, con su ansiedad, con su zozobra. ¿Quién no ha visto alguna vez a indigentes escudriñar y escarbar la basura en busca de alimentos o de ropa o de utensilios? ¿Quién no ha ayudado o recibido ayuda alguna vez? Esta labor casi documental es sobria, efectiva y produce escalofríos.

La cámara disecciona como un bisturí los penosos pormenores de una madre soltera al borde del abismo, de la pobreza, de fatalidad. Produce vértigo y espanto comprobar que se puede acabar en la menesterosidad con una sencillez y facilidad pasmosas. Hasta aquí los aciertos de la cinta. Y, sin embargo, ¿por qué estamos ante una película imperfecta, muy por debajo de sus buenas y loables intenciones? Pues porque bordea la monotonía, el tedio, el tópico y lo obvio. En vez de mostrar una realidad lacerante, se empeña en querer demostrar una ecuación ideológica que no por repetida es verdad. El director y guionista quiere señalar a los culpables y no deja al espectador que saque sus propias conclusiones. Se propone hacer un cine de sermón, de tesis, de soflama y acusación… y ahí hace aguas porque malversa los buenos ingredientes sin ofrecer nada a cambio.

Ni la magnética y eficaz presencia de Natalia de Molina hace olvidar los fallos de ejecución de la cinta. La losa de la ideología aplasta hasta sofocar. Y la falta de honestidad pasa factura. Agridulce balance.
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52 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil