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12 años de esclavitud (2013)

12 años de esclavitud
Trailer
7,3
59.443
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Sinopsis
Basada en un hecho real ocurrido en 1850, narra la historia de Solomon Northup, un culto músico negro que vivía con su familia en Nueva York. Tras tomar una copa con dos hombres, Solomon descubre que ha sido drogado y secuestrado para ser vendido como esclavo en una plantación de Louisiana. Solomon contempla cómo todos a su alrededor sucumben a la violencia y a la desesperación. Pero él decide no rendirse y esperar a que llegue el momento oportuno para recuperar la libertad y volver con su familia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
12 Years a Slave (Twelve Years a Slave)
Duración
133 min.
Estreno
13 de diciembre de 2013
Guion
John Ridley (Biografía: Solomon Northup)
Música
Hans Zimmer
Fotografía
Sean Bobbitt
Productora
Summit Entertainment / Plan B Entertainment / River Road Entertainment / New Regency Pictures / Film4. Distribuida por Fox Searchlight
Género
Drama Basado en hechos reales Biográfico Esclavitud Racismo Siglo XIX Histórico
6
Fallida y manipulada (emocionalmente) adaptación de la biografía de Solomon Northup
Después de ser amenazado de muerte e insultado por mensaje privado por el mismo usuario que ha finalizado su crítica con la palabra PAZ, me veo obligado a ejercer mi derecho de contrarréplica con el único medio disponible a mi alcance. No me preocupan en absoluto las lamentables acciones o manipulación sesgada de mi crítica originaria por parte de un claro sociópata que convierte en monjas de clausura a Edwin Epps y Amon Goeth. Sí me incomoda que se pueda malinterpretar mi opinión por culpa de seres inhumanos que utilizan a personajes de la literatura infantil para cometer sus atroces delitos y aquí aparece el objeto de este texto y crítica: defenderme de los latigazos de ese racista torturador.

Tengo que dejar claro que ni soy familia de Mel Gibson ni pertenezco a ninguna organización que luce capucha blanca y se dedica a quemar cruces por las noches, simplemente ofrezco mi libre opinión que evidentemente otros no compartirán (ni respetarán). No estoy en absoluto de acuerdo con la adaptación de John Ridley de la biografía de Solomon Northup e indudablemente disiento de la visión Steve McQueen. Se trata de un posicionamiento manipulado. Ojo, no histórico sino emocional. Entiendo que muchos de aquellos que hemos leído las memorias y pesares de Northup en su lengua original (su libro por fin se ha editado en nuestro país en español después de 160 años…) no sentiremos decepcionados no tanto por los desvíos argumentales de la masa literaria primigenia sino por la perspectiva que ofrecía un hombre libre versado víctima de uno de los cientos de secuestros que se produjeron en la época para satisfacer al mercado esclavista. Northup ofrecía desde su primera persona y un relato costumbrista la posibilidad de que otros contemplasen las condiciones de vida de los esclavos de Luisiana y su relación con sus amos. Las declaraciones previas de McQueen «No existía ninguna película realista sobre la esclavitud» confirman que su ‘realismo’ es claro ejemplo de ‘efectismo’. Y si nos ponemos efectistas prefiero los márgenes en los se mueven “Django desencadenado” o la reciente “American Horror Story: Coven”. No puedo entender, por lo tanto, que la misma crítica y público que vilipendió “Lo imposible” aplauda aquí los mismos recursos sensacionalistas y morbosos de una tragedia. Si Juan Antonio Bayona realizaba una crónica híper-estilizada y manipulada (ojo sociópatas, emocionalmente) para impactar y hacer llorar a toda costa al espectador, McQueen hace lo propio relegando el relato de supervivencia de un hombre libre esclavizado a una lluvia de látigos, gritos, sangre, sudor y lágrimas. ¿Y el cine, la psicología y la crónica costumbrista de Northup dónde quedan aquí?

No obstante, hay buen cine en “12 años de esclavitud” porque McQueen ha demostrado sus virtudes en “Hunger” y “Shame” y cuando la cinta declina de ser una revisión blaxploitation de “La pasión de Cristo” emerge una gran película. Una gran película que lamentablemente da la impresión de estar encerrada entre el academicismo para auparse y ganar todos los premios posibles (es favorita para ganar tantos en los Globos de Oro y Oscars) y los 100 latigazos de marras cada cinco minutos. Será sobrevalorada aunque abrirá las puertas a que muchos lean la biografía en la que se basa. Se mantiene, eso sí, esa perspectiva de Northup de comparar su vida como hombre libre a su martirio como esclavo pero el autor no necesitaba apenas mencionar la palabra ‘látigo’ para que su sonido ensordeciera la conciencia del espectador. Nunca me han convencido las dramatizaciones del Holocausto y prefiero documentales como “Shoah” o “Noche y niebla” precisamente porque considero que utilizar actores —por muy real que sea la historia— deja constancia de la manipulación emocional implícita en la misma. En “12 años de esclavitud” el carrusel de celebrities (Paul Giamatti, Benedict Cumberbatch, Michael K. Williams, Tom Walker de Homeland, Slim Charles de The Wire, Bryan Batt y, como colofón, Brad Pitt —productor y salvador—), me apartan más si cabe de las intenciones. Su posicionamiento, por lo tanto, me parece muy manipulado emocionalmente: gente muy buena que sufre, gente muy mala que tortura. “12 años de esclavitud” debería ser más psicológica que física, ser “El diario de Ana Frank” sobre el holocausto que vivieron los afroamericanos y el espectador aquí únicamente recordará el impacto del látigo por encima del drama y terror interior. Por encima de la historia que escribió Solomon Northup.

Y, ahora, pueden ya sacar su látigo de esclavistas sociópatas y dar al NO.
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490 de 676 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Voluntad de vivir
Es complicado realizar una crítica objetiva después de las más de dos horas de injusticia y comportamiento indignante que ofrece esta "12 años de esclavitud". Sin duda son estas películas las que nos recuerdan el sentido y significado de ser humano, porque dejan una huella indeleble acerca de como el hombre puede perder su total humanidad siendo esclavizado y esclavizando.

Ciertamente no es la primera película que trata el tema de la esclavitud en Estados Unidos, pero sí que es una de las pocas que lo retrata sin tapujos, sin adornos, sin suavizar nada, porque es muy dura tanto en sus planteamientos como en sus formas (esas torturas a base de golpes, palizas y latigazos son sencillamente brutales), y además es de las pocas que trata el tema desde el punto de vista de un afroamericano libre y culto, que es engañado, drogado y secuestrado para trabajar como esclavo (Chiwetel Ejiofor realiza sin duda el papel de su carrera y sería sorprendente que no se llevara el oscar este año). A través de los ojos de su personaje, Solomon Northup, asistimos a un cruel espectáculo pre-guerra civil en el que el tiempo parecía detenerse en las plantaciones de algodón, mientras seguía avanzando en el resto del mundo.

Pero si el papel de Chiwetel Ejiofor es muy bueno, el de Michael Fassbender es sencillamente intensísimo y también tiene que merecerse algún tipo de mención en forma de premio o nominación por ese esclavista psicótico-lascivo que tiene unas idas de olla impresionantes. Su interpretación, sobre todo en el momento del castigo a latigazos, produce tal odio e indignación que sabes que estás asistiendo a una gran interpretación. Aunque, para ser sinceros, es una de esas películas en las que todo el reparto está a niveles sobresalientes, ya sea en papeles más extensos (como el de Fassbender o el de su parteneire Sarah Paulson que hace de dama sociópata de apariencia y gesto amable), o en papeles más cortos (el vendedor de esclavos de Giamatti, el esclavista con conciencia que interpreta Cumberbatch, el capataz de Paul Dano, o las cuatro escenas del constructor canadiense que interpreta Brad Pitt).

Todos y cada uno de ellos juegan un papel (a menor o mayor escala) a la hora de establecer el tipo de conciencia americana que se estaba estableciendo antes de la guerra civil que estallaría unos años después, precisamente a propósito de la esclavitud.

Es indignante la doble moral que esgrimían esos caciques de plantación algodonera o maderera, pretendiendo adoctrinar con Dios de su lado, leyendo la Biblia, pero siendo capaces de tratar a otros hombres como simple mercancía (véase el personaje de Cumberbatch y su justificación sobre sus acciones aludiendo a su estatus social y reputación, pero que no duda en separar a una madre de sus hijos, comprándola como esclava)
Fassbender representaría la parte más radical de la américa sudista, esos caciques que se creían representantes divinos en la Tierra, depositados sobre su superficie para gobernar sobre las, según ellos, razas débiles. Es increíble como esgrimían la religión a su favor sin detenerse a pensar que lo que ellos hacían incurría en un pecado contra Dios y el hombre (aunque su justificación resulte en que al ser mercancía no son seres humanos).
Pero claro, no podía faltar la parte humanitaria (Brad Pitt) representando a una Canadá abierta de mente y de corazón, en la que todos los hombres son iguales y el color de la piel no significa nada.

Pero si algo destaca en esta película, y por eso he titulado así a mi crítica, es la voluntad de vivir del ser humano que se halla en situaciones de extrema degradación y sufrimiento. Esa era la fuerza que le hacía soportar todo lo insoportable a Solomon, la voluntad de vivir para ser libre de nuevo y volver a ver a su familia. El ver cómo pese a injusticias, torturas (el momento semi-ahorcamiento que aclaro en spoiler, es muy duro), degradaciones, humillaciones... él seguía aguantando, hace pensar en lo fuerte del espíritu humano que se niega a rendirse.

Por último, destacar la dirección de Steve McQueen, que no duda en colocar la cámara ras de suelo o de ojos, o sobre heridas marcadas a latigazos sobre una espalda femenina, para llegar a las conciencias de los espectadores, con una emotividad sincera y honesta, cargada de verosimilitud y sin pretenciosidad. La fotografía es magnífica (esas variaciones cromáticas de los pantanos de Louisiana es espectacular). El diseño de producción es perfecto, y la banda sonora de Hans Zimmer es melancólica, contenida y minimalista, aunque recuerda en exceso a sus obras para "La Delgada Línea Roja" y "Origen".

Le doy un 9 con la sospecha de que es la gran rival a batir en la temporada de premios. Es una película honesta y necesaria, valiente y arriesgada que nos recuerda, precisamente, qué es lo que distingue a un ser humano de quién no lo es.

Gracias si alguien me lee y me valora positivamente!
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