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Las estrellas de cine no mueren en Liverpool (2017)

Las estrellas de cine no mueren en Liverpool
Trailer
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Sinopsis
En 1981, el actor británico Peter Turner (Jamie Bell) recibe una llamada inesperada: su ex amante, la oscarizada actriz Gloria Grahame (Annette Bening), ha sufrido un colapso en un hotel de Lancaster. Como ella se niega a ser atendida por los médicos, a él no le queda más remedio que ir a buscarla para llevársela a su humilde casa familiar, en Liverpool. Allí, mientras cuida de ella, revivirá todo lo que les unió durante años, y también lo que les separó. Peter se enamoró de Gloria la primera vez que la vio; era su nueva vecina, una diva de Hollywood, alegre, divertida y llena de energía. Él era un joven actor que comenzaba a cosechar tímidos éxitos en el Liverpool de finales de los 70. Pero ni la diferencia de edad entre ellos, ni la fama, impidieron el flechazo que dio lugar a una de las historias de amor más apasionadas y comentadas de la época... Basada en las memorias del actor Peter Turner. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Film Stars Don't Die in Liverpool
Duración
106 min.
Estreno
18 de mayo de 2018
Guion
Matt Greenhalgh (Memorias: Peter Turner)
Música
J. Ralph
Fotografía
Urszula Pontikos
Productora
EON Productions / IM Global / Lionsgate. Distribuida por Sony Pictures Classics
Género
Drama Romance Biográfico Años 70
8
Los ídolos también aman
Puede que el hecho de que Paul McGuigan, un director nada especial, fuera el responsable, o el que la película fuera despreciada en la última edición de los “Oscars”, el caso es que personalmente esperaba encontrarme con un film curioso, pero ha supuesto una sorpresa, porque me ha resultado bella, más profunda de lo que aparentaba, y aunque en algunos momentos parece que se pueda repetir o parece que podría perder su pulso, se levanta gracias a un buen puñado de escenas realmente notables y a un buen gusto al llevarla a cabo.

Basada en las memorias de Peter Turner, narra su historia amorosa entre él y la oscarizada actriz por “Cautivos del mal” Gloria Grahame, una historia nada convencional que se desarrolla entre 1979 y 1981. Según cuenta Robert Mitchum en “¡Olvídame, cariño!” (T & B Editores), él conoce bastante a la gran Gloria Grahame. Coincidieron en varios films y además su hermano Jim se acabó casando con la hermana mayor de Gloria, Joy. Desde el rodaje de “Encrucijada de odios” Mitchum habla de la tempestuosa relación que Gloria mantenía con su marido, el conflictivo actor Stanley Clements. Desde entonces la vida de Gloria está plagada de anécdotas turbias, pero el guión de Matt Greenhalgh nos las ahorra. Ya con lo que nos cuenta sobre la relación entre Grahame y Turner nos sobra y nos basta con la propuesta que plantea. Incluso los detalles escabrosos que acuciaban a Grahame al final de sus días no les sirve de excusa para ahondar en ellos, esquivando siempre el efectismo.

Algunas resoluciones de las escenas nos recuerdan lejanamente a la propuesta de Olivier Dahan en “La vida en rosa”, ya que “Las estrellas de cine no mueren en Liverpool” también se mueve en una atmósfera teatral, por lo que quede claro, que la recomendamos especialmente a profesionales o aficionados del medio. Para la creación de la atmósfera se ha contado, a pesar de su bajo presupuesto, con una buena ambientación, una ajustada banda sonora de J. Ralph, que cuenta con una decena de temas bien utilizados, sobre todo el que abre el film, “Song for Guy” tras unos escuetos pero bien pensados títulos de créditos, en el que sin rodeos nos sumerge en el mundo de los camerinos y la preparación para el ritual de la actuación. Por supuesto hay que destacar la magnífica fotografía de Urszula Pontikos siempre cuidando las difíciles tomas exteriores y, sobre todo, las escenas íntimas.

El plato fuerte es el espléndido reparto. Sus actores, todos, desde las breves intervenciones de la gran Vanessa Redgrave o Frances Barber, pasando por la infalible Julie Walters o Jamie Bell, el niño de “Billy Elliot (Quiero bailar)” que ha crecido en todos los sentidos, están francamente involucrados en unas interpretaciones honestas. Por cierto, después de caso veinte años vuelven a coincidir Bell y Walters, en un film no tan exitoso como “Billy Elliot (Quiero bailar)” pero con unos trabajos igualmente reseñables. Punto y aparte merece Annette Bening encarnando a Gloria Grahame. Aunque fuera nominada a los BAFTA, es imperdonable que la Academia de Hollywood no la haya nominado, prefiriendo otros trabajos mediocres. Annette Bening logra una de las mejores interpretaciones que hemos visto de ella, llena de vida, de sentimiento y dominio frente a la cámara. No hay ni un solo pero, está impecable. Nada más que por ver su espléndido “recital” merecería verse la película (como siempre, a ser posible en su versión original). Señalar, por ejemplo, la preciosa escena cuando sus protagonistas bailan el "Boogie Oogie Oogie" un ejemplo, entre los muchos que tiene, donde se disfruta la complicidad y el disfrute de sus actores.

En definitiva: película pequeña en presupuesto y promoción pero de visión recomendada para cinéfilos, románticos y admiradores de los notables trabajos interpretativos. Lo dicho, toda una reconfortante sorpresa.
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Las estrellas de cine mueren en Nueva York
¿Quién recuerda hoy a Gloria Grahame (1923-1981)? Para mí permanece en el olimpo de mis más estimados recuerdos cinéfilos su estremecedora muerte en ‘Los sobornados’ (1953) de Fritz Lang, cuando arropa su desfigurada cara con su abrigo de pieles para cubrir la afrenta de su inmerecido castigo y así abandonar este mundo envuelta en el brillo de un pasado que la alumbró y condenó por igual. Y no es la única imagen que guardo de ella, quizás una actriz secundaria no demasiado rutilante ni afamada, pero con un sinnúmero de excelentes interpretaciones en memorables películas del Hollywood de la época dorada. Y ahora guardaré como un tesoro la magnífica recreación que de ella realiza una deslumbrante Annette Bening en la cinta que nos ocupa.

Quizás podría haberse titulado esta película – o incluso esta misma reseña – ‘Cautivos del amor’, parafraseando así el nombre de la obra por la que consiguió su único y merecidísimo Oscar, pero centrándonos en lo que hay, podemos aventurar que se trata de un melodrama a la antigua usanza, donde prevalece la ‘Imitación a la vida’ sobre la realidad misma, por aprovechar otro célebre referente cinematográfico. La utilización de cantosos decorados falsarios – que son un entrañable homenaje al cine clásico de transparencias y cartón piedra – añade un punto de nostalgia y melancolía a esta arrebatada tragedia amorosa que bascula entre el anhelo y la amnesia. La sombra del pasado lo tiñe todo de desencanto, de evocación y de ternura, con un punto agridulce que nos hace perdonar sus mínimas imperfecciones y agradecer que se acometa, en un mundo cegado por la modernidad, un proyecto tan delicado como primoroso.

Adoptando el punto de vista del último amor de Gloria Grahame – el desconocido actor y escritor Peter Turner (1952-) – se nos narra, con frecuentes saltos en el tiempo, los últimos años de una defenestrada estrella de cine en el crepúsculo de su ocaso. Quizás nada nuevo, pero realizado con tanto cariño, respeto y sutileza que conmueve y convence por su extrema simplicidad y economía de recursos, utilizados siempre con creatividad y eficacia, señalando así que lo importante es tener una buena historia y unos buenos intérpretes para elaborar y recrear un relato lleno de respeto, piedad y compasión por unos personajes que ni son virtuosos ni son culpables, sino que son simplemente de carne y hueso y en los que nos podemos ver reflejados a poco que seamos indulgentes y no adolezcamos de un atisbo de sensibilidad.

Además, la química existente entre Jamie Bell y Annette Bening – ambos soberbios – nos agasaja con una de las historias de amor más nobles y emotivas de los últimos tiempos.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil