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El talento de Mr. Ripley (1999)

El talento de Mr. Ripley
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6,8
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Sinopsis
Adaptación de la novela homónima de Patricia Highsmith. Ambientada a finales de los cincuenta. Tom Ripley (Matt Damon), un joven empleado de una empresa de servicios de Manhattan, pide prestada una chaqueta de Princeton para tocar el piano en una fiesta al aire libre. Cuando el rico propietario de la casa charla con él, Ripley le hace creer que es amigo y compañero de universidad de su hijo Dickie (Jude Law); entonces, el padre le ofrece mil dólares si va a Italia y convence a Dickie para que vuelva a casa. Cuando conoce a Dickie, que es un playboy, se queda fascinado con el estilo de vida que llevan él y su novia Marge (Paltrow). (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Talented Mr. Ripley
Duración
139 min.
Guion
Anthony Minghella (Novela: Patricia Highsmith)
Música
Gabriel Yared
Fotografía
John Seale
Productora
Miramax International / Paramount Pictures
Género
Drama Intriga Thriller Años 50 Thriller psicológico Crimen Celos Policíaco Remake
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Patricia Highsmith
"Minghella realiza un trabajo muy bueno. Los actores están perfectos, y la retorcida intriga está diáfanamente narrada y existe atmósfera inquietante, pero se traiciona el personaje de Highsmith, me lo han cambiado"
[Diario El Mundo]
"Obra ambiciosa, prodigiosamente ambientada, pero con deficiencias en la composición de los personajes, sin crescendo. Un thriller de la potencia y complejidad de Highsmith requiere ir al grano con uñas y dientes. Demasiada seda"
[Diario El País]
9
El talento de Mr. Damon (...está por encima de todo prejuicio y queda más que patente)
Considero A pleno sol como un notable thriller francés de fácil visionado y más o menos logrado suspense. Pero, sin duda y puestos a escoger, me quedo con el maravilloso trabajo que realiza Minghella en El talento de Mr. Ripley, su delicada y a la vez contundente adaptación de la novela de Patricia Highsmith.
Esta elección se debe, entre otras cosas, a que el desarrollo en la primera versión me pareció bastante deficiente (e incluso aburrido en determinadas secuencias de las rodadas en el mar, por ejemplo) en comparación a la segunda. Y eso por no hablar del abismo que separa en calidad y resolución los respectivos desenlaces de las dos obras. Pero lo que no deja de sorprenderme es la cuestión de la tan criticada construcción del personaje central en el caso de Minghella pues, contrariamente a la opinión mayoritaria, opino que el protagonista plano, previsible y estereotipado que nos dejaba la adaptación francesa, se ha visto enormemente enriquecido de matices, trasfondo, humanidad y verosimilitud gracias al film que en esta ocasión nos ocupa.
En A pleno sol se nos ofrecía un Ripley (Alain Delon) amoral, tosco, trepa y muy seguro de sí mismo, capaz de hacer cualquier cosa con tal de ver satisfechos sus caprichos materiales, sin mostrar remordimiento alguno por ello. Se trataba de un personaje deliberadamente manipulador y codicioso, pero no tan convincente y bastante menos complejo e interesante que el talentoso Ripley que casi cuatro décadas después nos regalaría Matt Damon, en el más cuidado retrato cinematográfico de la mitomanía que jamás hayan contemplado mis ojos.
En El talento de Mr. Ripley, el protagonista es un chico sensible, frágil, refinado, aficionado a la música, extremadamente inteligente y no menos temerario. Un ser acomplejado por un origen humilde, que no ansía otra cosa que el reconocimiento social que lleva consigo la posesión de una cuenta bancaria dilatada. Con una mentira aparentemente inofensiva y la suerte de su lado, emprende unas vacaciones pagadas a Italia, donde se dejará cautivar por los placeres de la vida fácil, las juergas costeras, el recorrido de las más elitistas rutas marítimas, y ante todo, por la compañía de dos niños ricos a los que idolatrará y entre los que acabará sintiéndose integrado.

(Continúa en spoiler por problemas de espacio, sin destripar el argumento con datos significativos)
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81 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Eros y Tánatos
En El Talento de Mr. Ripley, Anthony Minghella desentrama los lazos de la psique humana poniendo a luchar sobre el cuadrilátero el ello, el yo y el superyó, haciendo que gane por goleada el primero, pues los deseos e instintos primigenios modelan y moldean al ser humano más allá de su decencia. También Freud dibuja parte del compás de esta obra, pues la pulsión de muerte (Tánatos) y la pulsión sexual (Eros) construyen la trama y la intriga de este rocambolesco y asfixiante thriller en el que los callejones sin salida se amontonan para las piezas de ajedrez de su director, sus personajes, que sufren las consecuencias de la bola de nieve de mentiras que Ripley va construyendo en su avance en la historia.

Porque Ripley no es un hombre al uso, pero a la vez preserva algunas de las ambiciones y defectos más antiguos del ser humano. Su inseguridad le revela como un hombre tímido y apocado, con afán de reconocimiento social y sexual. Dikie, su antagonista, es el mito que Ripley siempre quiso ser, alguien atractivo, encantador, que dirige la vela de su vida, y que no piensa en los demás para medirse a si mismo. La admiración da paso al siguiente sentimiento lógico, la envidia, y por vivir la vida que nunca pudo llevar, Ripley trata de suplantar todo lo que Dikie significa, desde su nombre hasta un traje usado. Ripley es un ser melancólico, casi patético. Dikie es alguien libre, expansivo, agotador. Son dos humanos dirigidos por ese ello del que Freud hablaba, y la colisión entre dos extremos da paso a la lógica lucha, primero fría, luego de bombas.

Minghella era un tipo inteligente, eso está claro. Supo renovar y revolucionar el cine épico – romántico clásico con El Paciente Inglés. Supo leer en La Odisea a Cold Mountain. Supo dar una visión inaudita al melodrama con Breaking and Entering. Y con El Talento de Mr. Ripley sigue los pasos de Hichcock, haciendo accesible la prosa de Patricia Higsmith sin perder inteligencia, trufando de bellas metáforas creadas por él la adaptación cinematográfica (como el significado de la música en cuanto a los personajes), mostrando la “dolce vita” italiana pero sin perder el clasicismo de sus escenarios, ni sus claroscuros (En Nápoles, Ischia, Roma, Venecia), aspectos también vinculados a sus personajes. Además dirige un reparto en estado de gracia, en el que el trío protagonista está antológico, Damon en su mejor papel, repulsivo y conmovedor, Paltrow totalmente emotiva y real, Blanchet con una elegancia y un empaque digno de una estrella de cine clásico, Hoffman salido y repulsivo, y Law haciendo un trabajo tan bueno que hace que todo público saque al Ripley que hay en uno, por la envidia, admiracíon, repulsión e ira que provoca.

(Sin Spoiler)
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44 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil