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Oro sangriento (Sabata) (1969)

5,9
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Sinopsis
Sabata, un pistolero de pocas palabras, llega a una pequeña ciudad de Texas para frustrar el robo de un banco, y descubre que se trata de un complot de los dirigentes de la ciudad que quieren vender la ciudad a las vías férreas. Sabata chantajea al líder, Stengel, que luego envía varios matones para intentar matarlo. Uno de esos asesinos es Banjo, así conocido por portar la caja de este instrumento, donde guarda su rifle. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Ehi amico... c'è Sabata, hai chiuso! (Sabata)
Duración
111 min.
Guion
Renato Izzo, Gianfranco Parolini
Música
Marcello Giombini
Fotografía
Sandro Mancori
Productora
Produzioni Europee Associati (PEA) / United Artist
Género
Western Spaghetti Western
7
"¡Eh, amigo! ¿Quién eres tú?"
Buen spaghetti-western con el gran Lee Van Cleef (La muerte tenía un precio, El halcón y la presa) a la cabeza del reparto encarnando a Sabata, un hombre misterioso y con mucho de los personajes pincelados antaño por Leone, que llega a Daugherty City, una pequeña localidad texana sumida en una estrategia comercial preparada por tres de los hombres más poderosos de la ciudad, comandados por el impoluto Stengel, quien pone en su punto de mira el banco local, que ordena asaltar por sus hombres. Una cifra estimada en cien mil dólares en oro del ejército norteamericano se encuentra alojada en la caja fuerte que se sustraen los hombres de Stengel (Franco Ressel), interrumpidos por la puntería y la audacia de Sabata, que dinamita el robo.

Así, Sabata se establece en la ciudad a la espera de una recompensa del ejército y con el cálculo de recibir una cantidad mayor de las manos de Stengel, a quien extorsiona. Siempre queriendo hacer las cosas de una forma que no supere los límites legales, Sabata se servirá de la ayuda de dos de los típicos hombres que por norma general reciben el desprecio en un pueblo de estas características: el borracho, orondo y bonachón Carrincha (Ignazio Spalla), y el apodado “Macaco” (Aldo Canti), un indio con unas increíbles facultades acróbatas, fiel a Carrincha y siempre instalado por alguno de los tejados de la ciudad, sin mediar jamás una sola palabra. Como un buitre esperando su momento, se encuentra el pachón de Banjo (William Berger), acompañado en todo momento por el instrumento que le da nombre y con la seguridad de tener un lazo en común con Sabata.

La película, dirigida por Gianfranco Parolini (Seis balas... una venganza... una oración), cabalga entre la polvareda de la acción y los toques surrealistas o exagerados en ciertas escenas, llenando la pantalla de toda una serie muy agradecida de originales estratagemas y otra serie de trucos que se pueden presenciar tanto en la cuidada forma de robar un banco, como en la manera de esconderse o “mimetizarse” de alguno de los personajes o lo sorprendente de en qué lugar se guarda una pistola apuntando directamente al objetivo. Simpática por la relación que guardan los protagonistas entre sí y animada por su desarrollo en general, resulta grata de ver tanto por su conjunto como por la caracterización y buena interpretación de los personajes de Sabata y Carrincha, siendo una cinta muy recomendable para los amantes del spaghetti-western y del género principal en general.

La fotografía, de Sandro Mancori, se detiene en primeros planos, gusta de moverse con rapidez, busca perspectivas que van de abajo a arriba, muestra los detalles más originales de cerca y se reconoce su tacto al situarse en una de las escenas tras las polvorientas botas de los protagonistas. Mención aparte para la buena banda sonora compuesta por Marcello Giombini, animada, traviesa y marcadamente “spaghettera”, que ayuda a una mejor digestión del film.
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19 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
"El hambre de su poder es nuestra sed de venganza". Chicharrica
Nos encontramos con un interesante producto del eurowestern, que sin llegar a ser una buena película, logra entretener al personal de un modo efectivo. En ella se nos cuenta la historia de Sabata, interpretado por el mítico actor Lee Van Cleef, que hará chantaje a los peces gordos que dominan un territorio para sacar la máxima tajada, mientras que el vividor Banjo que no es otro que el también conocido por Almería, William Berger, esperará su oportunidad de meterse en faena.

A decir verdad en el género de explotación siempre se han hecho infinidades de secuelas y imitaciones no oficiales, y está claro que los personajes que han triunfado han tenido las suyas. Tenemos al Hombre sin Nombre, a Django, a Sabata, a Sartana, a Ringo, entre otros.

Esta es la primera aparición oficial del personaje de Sabata, un pistolero extraño y misterioso que más que un héroe realista de western sucio, donde el protagonista sufre como un cabrón, es épico y sigue la filosofía de los westerns moralistas yanquis. Es en este aspecto en el que Sabata acaba perdiendo, ya que no tiene tanta carisma como los roles de Clint Eastwood o de Franco Nero. Aún así se ve con agrado.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
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