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La espada oculta (2004)

Sinopsis
Japón, siglo XIX. El declive de la casta guerrera de los Samurai y de los Shogun ha hecho mella en el pequeño feudo de Unasaka, situado en la costa del noroeste del país. El samurai Yaichiro Hazama se marcha a la lejana ciudad de Edo para hacerse cargo de un puesto muy importante de la organización del clan, mientras sus amigos samuráis, Munezo y Samon, vuelven al lugar en el que Munezo nació y creció. A pesar de su modesto sueldo consiguen vivir una vida placentera en la casa de la madre de Munezo junto con la hermana pequeña de éste y la hija de un vecino que es granjero, llamada Kie, que trabaja en la casa como empleada doméstica y espera poder conseguir marido. Durante los tres años siguientes fallece la madre de Munezo, Samon se casa con la hermana de Munezo, y Kie se casa con el hijo de una familia acomodada de mercaderes, los Iseya. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Kakushi-ken: oni no tsume (The Hidden Blade)
Duración
132 min.
Estreno
24 de marzo de 2006
Guion
Yôji Yamada, Yoshitaka Asama
Música
Isao Tomita
Fotografía
Mutsuo Naganuma
Productora
Shochiku
Género
Drama Japón feudal Siglo XIX Samuráis
"La película contempla con serenidad minimalista e intensidad poética los postreros gestos de un mundo que se extingue. (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)."
[Fotogramas]
9
EL HOMBRE DE HONOR U HONESTIDAD POR ENCIMA DE TODO
En verdad que tanto esta película como la que le precede del mismo director, "El ocaso del samurai" (2002), se parecen como hermanos gémelos. No obstante tienen sus rasgos de indentidad singular, a pesar del enorme parecido. En esta ocasión, el samurai de rango bajo, exhibe un altísimo sentido del honor, de la decencia, de la honradez, de la fidelidad al buen juicio, etc. Es decir, es un hombre todo nobleza y compostura, a pesar de vivir una vida muy modesta. Y sobre todo tiene un secreto, que sólo a él le enseñó su maestro en las artes de la lucha, un secreto de espada que determina toda la película y la diferencia de la anterior precisamente en este punto, porque como él mismo exclama en un momento determinado: "Hay cosas que un samurai (un hombre) no debe aguantar".

Aquí, la historia de amor, entre el samurai y la mujer que ha servido durante algunos años en su casa, es preciosa de principio a fin. Quizás por la delicadeza y maravillosa sensibilidad filmada a lo largo de toda la película entre los dos amantes (además de por lo preciosa que es la protagonista), me inclino a preferir un poquito más "La espada oculta" a "El ocaso del samurai".

Así pues, de nuevo una magistral, espléndida, obra de Yôji Yamada, director-sucesor en merecimientos, estilo y profundidad con la que presenta sus historias, de los míticos y magníficos samurais antes filmados por Akira Kurosawa o por los más representativos y más excelsos de todos, los del director Masaki Kobayashi en su película "Samurai Rebellion" (Japón 1967). Si de la figura por excelencia del samurai se trata, recomiendo que gusten de ver este film que acabo de citar y el presente "La espada oculta", ambos alcanzan la más alta cota de excelencia en el tema, ya por sus valores tradicionales válidos para todo tiempo y lugar (no todo lo que conlleva una tradición significa carcoma o rancio) ya por el enamoramiento tan respetuoso, comedido y casi platónico que presentan los tímidos amantes. No se pierdan estas maravillas del cine arte.

Fej Delvahe
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38 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La balada de Yôji Yamada
Yamada es como el Peckinpah de los samuráis. Tanto uno como otro, centran parte de su filmografía en el declive de una forma de vivir: el oeste americano o el Japón feudal de los samuráis. Al igual que siempre ha hecho Peckinpah, Yamada usa el humor para acentuar esos cambios de costumbres de una época que estaba llegando a su final. Cuando se hable del cine crepuscular, habrá que tener muy en cuenta la trilogía que Yamada le dedicó al ocaso de los samuráis. Tenemos en este caso, una nueva red comunicante entre el western y el cine de samuráis que Kurosawa abrió con su homenaje a Ford en “Los siete samuráis”.

Yamada me evoca a Kurosawa. En su forma de rodar, en como deja quieta la cámara y no la mueve si no es necesario (magistral y claro ejemplo la escena en la que alrededor de una mesa hablan Nagase, la que hace de su hermana, Hidetaka Yoshioka y al fondo se encuentra la bella Takako Matsu pendiente de esta conversación en la que ella es la protagonista), en como narra pasito a pasito, provocando eso que se llama contención narrativa, y que Yamada exprime de manera brillante.

El director deja una última media hora sublime, que finaliza con uno de los planos más hermosos que yo recuerde: la cámara cobra vida, y ahora sí, deambula alrededor de Nagase y Matsu antes de su último fundido en negro.
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil