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Pozos de ambición (2007)

Pozos de ambición
Trailer
7,2
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Sinopsis
Texas, principios del siglo XX. Una historia sobre la familia, la avaricia y la religión. Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) se traslada a una miserable ciudad con el propósito de hacer fortuna, pero, a medida que se va enriqueciendo, sus principios y valores desaparecen y acaba dominado por la ambición. Tras encontrar un rico yacimiento de petróleo en 1902, se convierte en un acaudalado magnate. Cuando, años después, intenta apoderarse de un nuevo yacimiento, tiene que enfrentarse al predicador Eli Sunday (Paul Dano). Adaptación de la novela de Upton Sinclair "Petróleo", escrita en 1927. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
There Will Be Blood
Duración
158 min.
Estreno
15 de febrero de 2008
Guion
Paul Thomas Anderson (Novela: Upton Sinclair)
Música
Jonny Greenwood
Fotografía
Robert Elswit
Productora
Miramax Films / Paramount Vantage
Género
Drama Histórico Años 20 Vida rural (Norteamérica)
9
Nunca fuimos ángeles
Mucho se habla de la decadencia del sueño americano, como si hasta ahora USA hubiera sido poco menos que un parque temático de la felicidad, la prosperidad y la libertad. Pero como todo el mundo sabe un edificio sólido se construye siempre desde unos buenos cimientos, y lo que nos indica la película es que quizás los cimientos de esa América de ensueño ya estaban podridos desde el principio.

Paul Thomas Anderson se desmarca de su habitual estilo cinematográfico para revisitar a los clásicos y ofrecernos una visión árida y críptica de los inicios de la prosperidad americana. Para ello usa a Daniel Day-Lewis como instrumento en tanto que su vida, su personalidad, su historia, no de jan de ser una mera metáfora de lo que está sucediendo en el país. Así vemos como la evolución temporal no es gratuita ni mucho menos. En los incios el protagonista representa la vitalidad y el esfuerzo por la superación, para poco a poco corromperse por la ambición, el odio y la decrepitud físicas y moral, que coincide casualmente con un desenlace situado en el crack de la bolsa del 29.

Pero no sólo se centra Anderson en su crítica al capitalismo, sino que señala sin miramientos a otro culpable: el fanatismo religioso, capaz de convertir algo como la fe en un espectáculo circénse cuyo único proposito es mantener idotizadas y calladas a las masas. En el film la religión no deja de ser el tonto útil del capitalismo, la otra cara de la moneda que representa Day-Lewis y que cuando deja de ser necesaria es arrojada como si fuera un trapo sucio.

Pozos de ambició, no es desde luego perfecta, a pesar de su sobriedad tiene algún momento de efectismo innecesario quizás causado por el histrionismo de su protagonista, pero a parte de ello nos hallamos ante el retorno del cine con mayúsculas, un cine que busca ante todo contar una historia y que no necesita de adornos ni trampas argumentales para impactar.
Sí, nos hallamos ante un film difícil, no apto para todos los paladares, pero que contiene momentos de grandeza que a un servidor hacía tiempo que no le mantenían tan clavado en una butaca de cine. Imprescindible.

Lo mejor: Su busqueda de la pureza cinematográfica.
Lo peor: Algún momento de sobreactuación.
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230 de 280 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Son tus perjúmenes, Daniel.
Me habría gustado titular la crítica "zapatero a tus zapatos", pero no puedo, porque D. D-Lewis es un actor como una catedral. Sabe llorar sin caer en el dramatismo facilón, sonreír y caer simpático, fuma con estilo, cuando bebe parece sediento y cuando come, hambriento. Puede expresar la ira y la inocencia en un mismo plano, es creíble cuando mata, es creíble de borracho, de resaca o dormido, cojea con estilo y se come la pantalla incluso si le sacan de espaldas. Hasta el bigote le sienta bien.

La película es un retrato. El retrato de un hombre que asume ser un canalla sin redención. Un monstruo sin compasión alguna. Un ser compuesto exclusivamente de carne, hueso y ambición. Un pordiosero millonario. Un rico miserable. Un hombre que desprecia la religión, reniega de sus profetas, aborrece la ternura y carece del sentido de la responsabilidad.

La historia es muy cinematográfica, de esas que tanto suliveyan a los jurados. Y Paul Thomas Anderson la cuenta al estilo clásico, en tramos con escenas bien diferenciadas, dosificando los momentos emotivos y con una fotografía espectacular. Y no cae en la tentación de recrearse en planos majestuosos ni frases para la posteridad.

Así que el espectador agradece, en los tiempos que corren, poder disfrutar de un film sin movimientos bruscos de cámara, destellos luminosos, golpes orquestales, planos secuencia interminables y desorden temporal. Tan sólo recuerdo un par de flash back y ninguno de ellos es de tipo "onírico-blanquecino".

Tal vez abuse, eso sí, de sus dos mejores recursos:
una banda sonora maravillosa que exprime en exceso, llegando en algún momento a ser las imágenes las que acompañan a la música y no al revés y
su actor principal, que aunque lo borda de tal manera que no llega a cansar, su omnipresencia en el filme no deja profundizar en otros personajes a los que se podía haber sacado más jugo.

En resumen: una gran producción, una buena película, una música excelente y una magistral interpretación.

Tiene pinta de que los Oscars van a ser para esta cinta un paseo, antes y después de la alfombra roja. Aunque nunca se sabe.
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257 de 394 usuarios han encontrado esta crítica útil