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Alicia ya no vive aquí (1974)

Alicia ya no vive aquí
Trailer
6,6
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Sinopsis
Alice Hyatt, casada con un repartidor y madre de un rebelde hijo de once años, lleva una vida mediocre en Socorro (Nuevo México). Un día, conversando con su confidente y vecina, recibe la noticia de que su marido ha fallecido en un accidente de tráfico. A partir de ese instante se plantea cambiar totalmente de vida y, tras vender sus escasas pertenencias, ella y su hijo se dirigen a Monterrey (California), su ciudad natal y el único lugar donde Alice cree que podrá hacer realidad el sueño de su vida: cantar. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Alice Doesn't Live Here Anymore
Duración
113 min.
Guion
Robert Getchell
Música
Richard LaSalle
Fotografía
Kent Wakeford
Productora
Warner Bros.
Género
Drama Comedia Romance Road Movie
8
Y Belén Esteban tampoco...
Nada que ver. Esta es una peli de "madre coraje" anónima, cuya historia, más o menos intensa y dramática, no le interesa a nadie. Yo también soy una madre coraje. Y nunca he dicho aquello de "por mi hijo matoooooooo", más que nada, porque lo tendría que decir a voces a las siete y media de la mañana haciendo el desayuno, sin más auditorio que mis pobres vecinos; o mientras corremos, casi siempre tarde, camino del colegio; o por la tarde cuando tenemos que hacer equilibrios con el tiempo, la ducha, la cena, las tareas de cada uno, los nervios acumulados del día, el cansancio de todas las noches y los preparativos del día siguiente. Nada del otro mundo. Lo normal. La vida. Pero es dura, la verdad. Y, en solitario, doblemente dura. Porque estás sola, pero no. Si estás sola, te revuelcas en el lodo de la autocompasión; te fustigas con el látigo de la incomprensión, ingratitud o desamor ajenos y te quedas tan a gusto y relajada. Pero si tienes al niño enfrente, mirándote, esperando que le confirmes que todo va bien y que la vida es más bella que dura, y que no estás en un campo de concentración sino en un concurso de tanques, lo haces: por supuesto que lo haces. Porque la vida de la madre coraje es la mitad del tiempo una vida de actuación y de teatro. Exactamente la mitad de la vida que falta la rellenas con imaginación, talento, improvisación y muchísima paciencia. El padre que no tiene, las cosas que no podemos comprar, los lugares a los que no podemos ir, las experiencias que nunca tendremos, los partidos de fútbol a los que nunca le llevará nadie, los hermanos que nunca nacerán, las miradas curiosas de los demás, las frases crueles de otros niños... Son muchas cosas. Muchas piedras resbaladizas para cruzar la vida, que tienes que sortear, atravesar, saltar y olvidar sin que se te haga un nudo en el corazón, ni a tu hijo ni a ti, porque hay que seguir adelante, sin furia, sin rencor, sin autocompasión y con alegría.

Pero es muy duro, porque en esa vida de actuación y de echar p´alante, todos los días y a todas horas, nunca oyes aplausos, ni siquiera murmullos de admiración, ni una nominación al Óscar, que estaría muy bien, la verdad. Lo único algunas muestras de adhesión o de solidaridad con las que tienes que apañarte y guardar como el oro molido que son... Pero yo no vengo aquí a hablar de mi "libro", así que paso a la película...
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33 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Grandiosa
¿Dónde está el sueño americano en la América profunda? ¿Y su parte del pastel? Alice no veía el momento de encontrarse con él. No lo vio en toda su vida. Ni cuando soñaba con ser una gran cantante en la cálida Monterrey. Sueño frustrado. Ni cuando se casó con su marido y quedó subordinada a él en la árida Socorro. Tampoco cuando quedo viuda y tuvo que subastar la casa para poner rumbo a ningún lugar con su hijo. No lo encontró tampoco mientras le bajaba la bragueta a Harvey Keitel en cualquier descampado de Phoenix. Ni en ese ruinoso motel en el que su hijo pasaba interminables horas en soledad suplicándole a su madre una vida mejor. En Tucson la vida tampoco le regaló nada. Bueno, quizás algo sí con el cowboy de Kris Kristofferson y un empleo como camarera. Una segunda oportunidad dirían algunos. Puede que ahí estuviera su parte del pastel. O puede que sólo fuera algo pasajero, una ilusión que se esfumaría con el tiempo (póster de Kennedy decorando la casa de Kristofferson, mal indicativo… me suena a sueño perdido). Un tumbo más en su salteada vida. Pobre Alice.
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil