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Un perro andaluz (C) (1929)

Un perro andaluz (C)
Trailer
7,4
26.579
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Sinopsis
Filme surrealista, todo un clásico del cine de arte y ensayo, una obra única y de culto, fruto de la poderosa imaginación de dos jóvenes mentes -Buñuel tenía 29 años y Dalí 25- poseedoras de un talento tan singular como genial.

Según declaraciones del propio Luis Buñuel, "Un perro andaluz fue un film antivanguardista, nada te­nía que ver con la vanguardia cinematográfica de entonces. Ni en el fondo ni en la forma (...) también se iba a llamar "Es peligroso asomarse al interior" y "El marista en la ballesta". Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple: no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural (...) hubo 40 ó 50 denuncias en la comisaría de policía de personas que afirmaban que había que prohibir la película por obscena y cruel. Entonces comenzó una larga serie de insultos y amenazas que me ha perseguido hasta la vejez (...) Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. "Un chien andalou" nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí." (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Un chien andalou (S)
Duración
17 min.
Guion
Luis Buñuel, Salvador Dalí
Música
Richard Wagner
Fotografía
Albert Duverger (B&W)
Productora
Luis Buñuel
Género
Drama Surrealismo Cine experimental Cine mudo Película de culto Cortometraje
10
Inmersión onírica
Demasiado acostumbrados al arte racional y figurativo, un cortometraje como éste no puede dejar indiferente a nadie. Unos lo odiarán por irreverente y otros lo ensalzarán por extraordinario. Si se quiere disfrutar de ''Un perro andaluz'', hay una clave: no hay que intentar explicarse nada. Lo fundamental para el espectador no es buscar símbolos y atribuirles un significado, sino imaginar que uno está soñando. Los sueños no tienen lógica, ni espacio, ni tiempo (de ahí esos saltos temporales absurdos que anuncian los letreros). ¿Acaso los sueños son inmediatamente significativos? Una operación mental como ésta requiere mucho esfuerzo. Por eso, ''Un perro andaluz'' tiene que ser vista en más de una ocasión.

Una vez que se ve el cortometraje como una inmersión en el mundo de los sueños, se empiezan a apreciar sus virtudes. Merece una alabanza la narración dinámica, ágil, ayudada en gran parte por la música y los constantes cambios de espacio. La sucesión de hechos, completamente inverosímil, es divertida. Por otro lado, el tándem Dalí-Buñuel se adentra con total naturalidad en lo obsesivo, en los deseos más persistentes y ocultos, únicamente presentes en los sueños. El resultado es que el espectador acaba contemplando en medio del corto sus propias pasiones y rarezas.

En conclusión, ''Un perro andaluz'' merece verse todas las veces que se pueda.
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122 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¿SUEÑAN LAS HORMIGAS CON OJOS RELLENOS DE GELATINA?
1) El ojo para ver películas convencionales será inutilizado por Buñuel. Lo rasgará con una navaja barbera recién afilada.
Los hábitos visuales vigentes son frontal y provocadoramente asaltados. Tras el shock inicial, el espectador necesitará una mirada nueva para sumergirse en la corriente de imágenes irracionalmente asociadas.

Buñuel había soñado con el ojo, Dalí con el hormiguero de la mano, y a la semana tenían completo el guión, escrito con enérgica fantasía, desechando toda imagen susceptible de interpretación simbólica o cultural: el guión de una película como jamás hasta entonces se había filmado.


2) Escenas iniciales, como muestra:
Érase una vez un ojo… ¡Fuera el ojo!
Ocho años después, un ciclista adornado con manteletes como una granjera bretona, y portando una caja de rayas, se cae ante el edificio donde la mujer del ojo abre un libro por ‘La Encajera’, de Vermeer. La mujer baja a besar al accidentado y sube para colocar sobre la cama unas prendas de él, más la caja, como si un hombre invisible estuviera tumbado. Cambia la corbata por una de rayas. De pie, el ciclista mira fijo la palma de su mano, convertida en hormiguero, un agujero central por el que entran y salen los insectos, transformado en pelambre de axila al encadenarse fundidos; en erizo de mar, en cabellera vista desde arriba, luego en grupo callejero en torno a una elegante dama masculina que con su bastón mueve en el suelo una mano cercenada y suelta, hasta que la recoge un gendarme, la guarda en la caja de rayas y dispersa a la muchedumbre. Cuando la masculina dama se queda sola, un coche pasa por encima de ella.
Desde el piso, junto a la mujer del ojo, el ciclista (ahora sin atuendo ornamental), se comporta excitado, pareciendo más adulto; acomete con fiereza, manosea pechos que se convierten en nalgas mientras babea con ojos en blanco, al borde de la ‘petite mort’…

Las potentes imágenes, hilvanadas sin nexo descifrable, continúan según hierve el deseo, se acerca a la consumación o se aleja; según las oscilaciones de lo masculino y lo femenino polarizan y tensan a los personajes, o los confunden y apagan.
Articuladas con la gramática de los sueños, imágenes como la de los burros putrefactos sobre los pianos (cosecha Residencia), la boca sustituida por un pubis, o la pareja semienterrada en un pedregal playero, mantienen íntegro su poder sugestivo y enigmático.


3) El vanguardismo radical con que el film “Un perro andaluz” fue creado lo hizo sintonizar con la teoría surrealista del conocimiento, que preconizaba una revolución mental a gran escala, basada en la liberación del deseo. El grupo de Andrè Breton aupó al film de inmediato, y admitió a Buñuel y a Dalí en sus reuniones.

En el Primer Manifiesto del Surrealismo, Breton proclama: “Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas”.
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79 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil